14. PERÚ: CHINCHEROS, MORAY Y MARAS

17:50

14º. día  -  17/9/15  


Era el último día que pasábamos en Cusco y teníamos que aprovecharlo. Nos apuntamos a un circuito con visitas guiadas a Maras y Moray, unas  poblaciones cercanas con varios atractivos  y que estaban incluidos dentro del Boleto Turístico. (Tour: 32 s. por persona)

Nos recogieron del hotel a las 9:00 am y en Chinchero, a 30 km de Cusco, paramos para visitar un taller de artesanía textil, que resultó  muy ameno e interesante, en el que nos enseñaron el proceso de lavado, teñido y tejido de la lana de alpaca y oveja.





El método que utilizan es el mismo que utilizaban los incas. Lavan la lana con un jabón que extraen al rascar una raíz, sigue el proceso de hilado y a continuación, realizan el teñido de los hilos  con semillas, frutos y otras sustancias naturales. Fue curioso ver como de la cochinilla que hay en los cactus, sacan el color rojo y mezclado con otras sustancias elaboran más de 25 tonalidades de este color.


Los colores los fijan con sal de Maras y piedras volcánicas.

Finalmente pasan al tejido de los textiles: mantas, bufandas, gorros, ....




La demostración fue muy ilustrativa y nos gustó mucho. En la salida tenían unos tenderetes donde vendían sus productos y como estaban bien de precio compramos alguno.

Chinchero es un pueblo rural muy tranquilo que nos hubiera gustado visitar con tiempo. Las mujeres llevan vestidos tradicionales, polleras (faldas plisadas) negras y sombreros (rojos y negros)  de origen español, combinados con mantos o rebozos de origen inca. Los domingos montan un mercado agrícola, ganadero y artesanal muy interesante, fue una pena que no coincidiéramos ningún día.




Al salir de Chinchero, atravesamos pequeños núcleos habitados con casas de adobe y grandes patios, que recordaban a los antiguos pueblos de Castilla. 


Pasamos por Maras, cerca estaban  las salineras que luego visitaríamos, pero antes nos  desviamos por una pista hasta las terrazas agrícolas incas de Morey.




Habían muchos campos de cultivo. A esta altitud, por encima de los 3.600 metros,  los incas cultivaron tubérculos y domesticaron llamas y alpacas. En Perú hay más de 200 variedades de papas pero hace miles de años la papa era silvestre en Perú y los incas  la cosechaban  en los valles de los Andes. Luego los españoles, la introdujeron en Europa.



 Moray, se encuentra a 7 km de Maras. Allí fuimos a visitar un conjunto arqueológico construido por los incas que, a primera vista, parecía un anfiteatro por su estructura circular y concéntrica. En realidad se trata de antiguas terrazas agrícolas, de 1,80 m de altura,  practicadas en tres grandes hondonadas naturales. 

La especulación más corriente es que se trataba de laboratorios agrícolas. Se ha comprobado que las temperaturas son distintas en cada terraza y las más bajas alcanzan los 36º C, según esto, en cada una se probaba cuáles eran los productos que se podían plantar en cada región del imperio y  cultivar especies que, de forma natural, no crecen en la zona de Cusco.


Se sabe que los incas produjeron en las terrazas de Moray un 60% de especies de verdura, tres mil variedades de papa, maíz, y muchas otras especies. Además fue un centro importante para la domesticación, aclimatación e hibridación de especies salvajes, que se adaptaron para el consumo humano. 



Las terrazas, llenas de buena tierra, tienen entre 4 y 10 m de anchura. El anillo inferior tiene un diámetro de 45 m y un depósito en el centro para guardar las cosechas. 


De terraza a terraza se accede por unos peldaños de piedra.


Dimos toda la vuelta por el recinto y comprobamos como variaba la temperatura desde el mirador hasta llegar a la superficie de las terrazas. 


De nuevo en ruta, regresamos a Maras y, tras 8 km de pista, por un paisaje espectacular, en el que se apreciaba la cordillera del Vilcanota y las cumbres nevadas de El Chikón (5530m) y la "La Verónica" (5682 m), llegamos a la salinera o fábrica de sal.



Las Salineras de Maras es un conjunto de más de 3.000 pozas construidas en una montaña casi vertical sobre el valle, comunicadas por pequeños canales por los que se arrastra el agua salada que emana de un manantial natural, ubicado en la parte superior de los pozos. Al evaporarse el agua, sextraen tres tipos de sal: de primera, segunda y tercera categoría, según la pureza que tengan.


Al entrar a  las salinas, hay un mirador desde el que pudimos apreciar la belleza de todo el conjunto, una bella estampa blanca que resalta con todo su entorno. Bajamos a la base y caminamos por un sendero de sal. Al lado, corría el canalillo de agua salada que bajaba del manantial y no dudamos en probarla sumergiendo un dedo. 




Los pozos son pequeños, con un área promedio de unos 5 m².



La salinera es  heredada por las mismas familia locales, desde el siglo XVI. Extraen la sal como ya lo hacían los incas, la golpean y luego la comercializan por todo la región.



Después de esta visita regresamos a Cusco, de nuevo por los mismo paisajes.



Por la tarde, ya en  Cusco,  paseábamos tranquilamente por la ciudad cuando el tiempo empezó a cambiar y amenazó tormenta. Decidimos refugiarnos en el  Museo del Palacio Arzobispal,  cuya visita entraba dentro del Boleto Circuito Religioso. En ese momento, éramos los únicos visitantes y una mujer nos ofreció  sus servicios como guía oficial . Valió la pena porque sus explicaciones nos ampliaron mucho nuestros conocimientos de la historia de la ciudad, y si lo hubiéramos visitado solos, nos hubiéramos enterado de poco.


Claustro del Museo Arzobispal
Al salir del Museo Arzobispal la lluvia empezaba a aflojar y como el Hotel Monasterio está casi al lado del museo, entramos a tomar un cafelito. Se trata de un hotel de lujo, que pertenece a la prestigiosa cadena Orient Express, ubicado en un antiguo monasterio del siglo XVI que tiene tres espléndidos claustros , el principal con un cedro en el centro de 300 años. 


Luego continuamos nuestro paseo por las calles del centro de Cusco, disfrutando de sus edificios y balcones coloniales. 




Finalmente, para despedirnos de Cusco y celebrar el éxito de nuestra visita, fuimos a cenar al célebre restaurante Chicha, del cocinero y empresario Gascón Acurio Jaramillo,  uno de los  más importantes promotores de la gastronomía peruana.  Habíamos reservado sitio con anteriorioridad.


El menú de "comida local con una fusión contemporánea" fue excelente. El precio algo elevado pero en España hubiéramos pagado mucho más (247 soles = 80 euros). Entre los platos que pedimos, un lechón crocante (56 s.) que estaba delicioso e insuperable. Valió la pena.



Patio central del restaurante Chicha



Nos fuimos caminando hasta el hotel y tempranito a dormir. Al día siguiente nuestro viaje continuaba con una nueva aventura.

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