9. PERÚ: LAGO TITICACA

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9º. día  -  12/9/15 


Nos levantamos a las 8h, desayunamos tranquilamente y cogimos un cholotaxi (el tuk-tuk de Puno) que nos cobró tres soles para ir a Puerto Lacustre, donde parten los barcos a las islas del lago Titicaca. 


La ciudad era un caos circulatorio y costaba avanzar. A esas horas había una gran afluencia de público, tal vez consecuencia de  un mercadillo instalado en una de las calles que teníamos que atravesar.








Cuando llegamos a Puerto Lacustre nos dirigimos al final del muelle, donde hay una tiendecita, que pertenece a la Municipalidad Provincial, para contratar directamente el tour de 2:30 h, por las islas de los Uros (15 soles por persona). 



También hay la opción de ir a la isla de Amantaní en el mismo día pero nosotros decidimos no ir porque habíamos leído, en algunos blogs, que una vez llegado a la isla, hay un largo ascenso por escaleras y, teniendo en cuenta que  Rafael no tenía la rodilla en perfecto estado, unido al mayor esfuerzo que se tiene que realizar por la altura (Isla Amantaní (4.150m ), decidimos en su lugar,  ir a las chullpas de Sillustrani por la tarde.

Hay quien hace turismo vivencial en una isla, con el tour Puno-Uros-Taquile-Amantaní, quedándose a dormir una noche en casa de una familia nativa pero, habiendo leído comentarios de todo tipo,  teníamos claro que nosotros no lo haríamos.

Partimos con un pequeño grupo en una lancha cubierta a motor de dos pisos. Al piso superior se accedía por una escalera pero sólo podíamos subir al  alejarnos del puerto.



La ciudad de Puno iba quedando atrás. Hacía un día precioso y las aguas del lago eran de un bonito color azúl, no obstante, los pobladores de las islas estaban preocupados por la contaminación, consecuencia de los malos afluentes de Puno y por la disminución del nivel de las aguas en estos meses, a falta de lluvias. También estaban muy preocupados ante la proximidad del Fenómeno El Niño, cuyas consecuencias son inciertas.



El lago Titicaca está situado a 3.812 m de altura y es el lago navegable más alto del mundo. Sus aguas ligeramente saladas pertenecen a dos países Perú (el 56 %) y Bolivia (el 44 %). Tiene una extensión 8.372 km² y una profundidad máxima de 281 m. 



El lago es cuna de dos civilizaciones: la del Tiahuanaco, máxima expresión del desarrollo Aymara y la de los Incas. 

Según la Leyenda del lago Titicaca, que fue a dada a conocer por el cronista Inca Garcilaso de la Vega (1.539), en las regiones cercanas al lago, los hombre vivían como animales salvajes, sin leyes, sin religión, desconocían la agricultura, no poseían técnicas textiles e iban desnudos, vivían en las cavernas y se alimentaban de la caza y recolección de alimentos.

El dios Inti (dios del sol), se compadeció de ellos y envió a sus hijos para civilizar a la humanidad.  Manco Capac y Mama Ocllo surgieron de las espumas del lago Titicaca pero antes debían fundar una ciudad que sería el centro del mundo. Para ello,  les proporcionó una vara de oro que se hundiría con facilidad en el lugar idóneo. Eso sucedió al llegar a Cusco y es así como supieron que ese lugar debería convertirse en la capital de los Incas y ombligo del mundo.

Todas las leyendas, son historias transmitidas de una generación a otra y muchas veces con atisbos de verdad. En este sentido, la interpretación de esta bonita leyenda tiene un fuerte sustento real y la varilla que se hunde en la tierra está simbolizada como la planta en el suelo a fin de florecer. Apoya esta teoría el descubrimiento,  en las profundidades del lago, de una ciudadela de 2.500 años de antiguedad, que un grupo de arqueólogos italianos descubrió y que están analizando.


Tardamos 20 min, aproximadamente, en llegar a las islas flotantes de los uros, que están a tan sólo 4 km de Puno.

Según la tradición, los Urus huyeron del asedio Inca refugiándose en el lago y para este propósito construyeron islas artificiales, utilizando como materia prima la totora, una planta de hojas delgadas y largas que crece en el lago y que también utilizan en la fabricación de botes de pesca, artesanía  e incluso como comestible.
Planta de totora


En la actualidad se atribuyen 87 islas artificiales, cada una habitada por un clan familiar. Cuando desembarcamos en una de ellas, vinieron a recibirnos unas pocas personas que parece ser que la habitaban.



Un miembro de la familia nos explicó sus costumbres, sus tradiciones y cómo construyen sus islas. Ponen capas de totora, unas encima de la otras,  sobre una base de macolla de hojas y raíces que, al ir descomponiéndose, van liberando gases que aumentan la flotabilidad de la isla.  Suelen durar alrededor de 30 años. 

A modo de ancla utilizan estacas de eucalipto, que amarran las islas al fondo del lago, para que no se las lleven las corrientes. 

A la izquierda de la foto, sobre el suelo, una muestra de macolla (marrón oscura), que recortan del lago y utilizan como base de las totoras.



Tradicionalmente los uros se han dedicado a la pesca y a la caza de aves acuáticas pero actualmente el turismo y la venta de artesanía les aporta sus mejores ingresos. No obstante, su economía no parece muy boyante y se dice que Puno es la fábrica de pobreza de Perú.

La isla no se veía muy habitada, lo que hace suponer que se trata de una muestra para el turismo. Intentan convencerte de que viven allí para que adquieras algo de su artesanía, que dicen que ellos fabrican pero que es la misma que encuentras por todo el país y algo más cara.



Nos ofrecieron un paseo en una gran totora, que decían era el "mercedes" de la isla,  pero nadie aceptó, tal vez porque se veía un montaje demasiado turístico.



Se comenta que muchos viven en casas de Puno y cada día se turnan para mostrar las islas a los turistas y, aunque siguen habiendo islas flotantes habitadas, cada vez son menos por las condiciones que tienen que soportar. 


Visitamos una segunda isla, con un pequeño restaurante y mejor acondicionada. Parece ser que el ex-presidente Fujimori (ahora encarcelado por corrupción) fue el primer dirigente que hizo algo para sacarlos de la miseria.  Instaló placas solares, por lo que ahora tienen luz, televisón,... y construyó un pequeño hospital y un colegio al que los niños se trasladan  en pequeñas embarcaciones pero también ordenó la esterilización forzosa de 200.000 mujeres indígenas, una razón más por lo que está en la cárcel.




A pesar de que habíamos leído comentarios negativos en relación al tour a estas listas y de su poca autenticidad,  que parecen todos ciertos, conocerlas nos gustó. De  hecho,  fuimos ya  con la mentalidad de  que íbamos a visitar un museo al aire libre  y,  por lo tanto, ver como se construyen, como se vive y experimentar el paso por la superficie blanda de totora, nos compensó, aunque echamos de menos que hubiera un poco más de ambiente.

De vuelta a Puno, las tiendecitas que desembocaban al muelle estaban abiertas. Compramos unos gorros, que nos dejaron a muy buen precio por ser las primeras ventas del día que realizaban, y nos entretuvimos un rato hablando con los lugareños.


Los habitantes naturales de Puno son aimaras y su lengua es el aimara pero rambién se habla el quechua. Las mujeres tradicionales llevan sombrero de honguito sobre dos trenzas de cabellera negra. Las faldas o  polleras son amplias y vistosas, por influencia de las que llevaban las mujeres de los conquistadores.





Con un taxi, que nos cobró 3 soles, al igual que el cholotaxi, nos desplazamos al centro de la ciudad y dimos unas vueltas por sus calles. 





Puno ha sido denominada la "capital folclórica del Perú" por la riqueza de sus expresiones artísticas y culturales, especialmente a través de la danza y la música; se tienen registradas más de 300 danzas autóctonas y religiosas y se celebran más de 3.000 fiestas al año, la mayoría en torno a un santo patrón. 

Por las calles vimos pasar una procesión con una banda de música.


Y como el mercado estaba abierto aprovechamos para visitarlo y comprar algo de fruta .




La zona cárnica fue la que más nos llamó la atención, con las grandes piezas expuestas en los mostradores.




Impresionante la mercancía expuesta, a la que ya no estamos acostumbrados.


En los mercados hay  capillitas donde los fieles hacen sus plegarias y encienden una vela. 





Volvimos al hotel donde habíamos quedado para ir a visitar las Chullpas de Sillustani, una neocrópolis pre-inca e inca,  situada a 32 km de Puno. En principio pensábamos ir con un taxi pero la oferta que nos hizo el hotel (45 soles  por persona) nos pareció correcta y además iríamos con guía.

Pasamos por el pueblo de Juliaca, por campos de cultivo y de la laguna Umayola llegamos a Sillustani.


Laguna Umayola

Sillustani es una península alargada que se adentra en el lago Umayu y, en la parte superior de su meseta, se encuentra una necrópolis. Sus tumbas o chullpas son torres funerarias, algunas de las cuales llegan a medir hasta 12 m de alto. Las más sencillas pertenecen a la cultura colla pero, tras la conquista en 1440 de los collas por los incas, éstos siguieron utilizando la necrópolis, por lo que hay restos collas e incas mezclados. Eran tumbas para albergar los cadáveres momificados de reyes y nobles, pero algunas también albergaban los cuerpos de sus esposas y sirvientes. 



Accedimos por un camino escalonado de 150 m. El guía iba haciendo pequeñas paradas que nos permitían recuperarnos puesto que con la altura, al haber menos oxígeno, nos cansábamos más.  Aprovechaba para explicarnos la historia del lugar.

Según los incas el mundo estaba dividido en tres niveles: El Hayna pacha o mundo de las alturas, del cielo, los dioses, representado por el Cóndor. El Key pacha o mundo presente, la tierra, el hoy, la vida, representado por el Puma y el Uru pacha o mundo pasado, el submundo, pero no el infierno, puesto que los incas no creían en él, representado por la Serpiente. Los tres eran animales sagrados.

Durante la subida nos mostró una piedra marcada con un petroglifo espiral que representaba una serpiente. 


Cuando ya estuvimos arriba nos sentamos y siguió explicando. Luego tomarmos un sendero que rodeaba la península pasando por todo el conjunto. Había diferentes sectores, en el  denominado Hatun Ayahuasi, estaban las chullpas más grandes.  También nos mostró una zona donde habían bloques grandes de piedra y que se suponía había sido la cantera.

Entre todas las chullpas, la denominada Chambilla (abajo, la de la derecha) es la mejor conservada y la única que está completa. Es de piedra labrada de la época Inca y tiene 8,6 m de altura. 





En otro sector se halla la chullpa del Lagarto, la más grande de todas. Su nombre tiene relación con el  bajo relieve que  conserva en un lateral. Con 12 m de altura, se cree que pertenece a la época inca. Tenía cinco pisos para albergar cadáveres. Junto a la tumba se descubrió en 1971 un tesoro de piezas de oro, turquesas y joyas doradas de tiempos de los incas. 

En la antigüedad a los lagartos se les consideraba un símbolo de la vida, ya que son animales que pueden regenerar sus colas.  A continuación, detalle del lagarto.


La chullpa del lagarto tiene forma cónica y está derruida por la mitad por culpa de un rayo.
Chullpa del lagarto
No todas las chullpas que encontramos en este lugar son iguales, ni por tamaño, ni por forma en que han sido trabajadas. Esto indica los diferentes períodos en que fueron construidas desde los collas a la presencia incaica.

Las chullpas que están hechas con pequeñas piedras unidas con argamasa de barro y paja, se atribuyen al período pre-inca. 



Las chullpas mejores trabajadas, con piedras pulidas, perfectamente cortadas y unidas sin argamasa,  tienen el sello de la técnica Inca. Un trabajo admirable, teniendo en cuenta la altura y el de peso de cada una de las piedras.


Alrededor de la ubicación de las chullpas se encuentra el lago Umayu, en aimara "agua salada" porque, según la leyenda, nació de las lagrimas de una princesa que lloraba por su amor perdido. 




De regreso a Puno, nos ofrecieron visitar una casa rural ubicada en el camino donde pudimos ver como se desarrolla la  vida cotidiana del hombre andino, su modo de vida, sus animales, sus costumbres.


En la arcada de la vivienda vimos, por primera vez, los famosos "toritos de Pucara", unas piezas de cerámica, que se colocan como protectores de la vivienda. Pero la historia real y su significado la contaré más adelante, cuando visitemos  Pucará.




La vivienda estaba habitada por un joven matrimonio que nos hizo una demostración de como elaboraban  algunos de sus productos agrarios y ganaderos. 



Nos invitaron a probar varios de los productos elaborados, un queso de llama buenísimo, frutas deshidratadas y tortitas fritas de papas tan excelentes que no quedaron ni las migas. 



También nos mostraron la  elaboración de sus textiles, a partir del pelo de los camélidos y los tintes naturales que utilizan para dar color a los hilos. 


Nos permitieron ver las dependencias de su casa, construida toda ella de piedra. Una vivienda sencilla, con lo más básico y necesario, ambientada con el color de sus tejidos.


Finalmente sacaron unas piezas de la artesanía que vendían. Nosotros compramos unos toritos de Pucará muy bonitos, una señora peruana les compró un queso y los demás les dejaron una pequeña propina.

Cuando regresamos a Puno, empezaba a anochecer. 


Nos dejaron en el hotel y salimos a dar un paseo. Como la catedral estaba abierta entramos a visitarla.  Es curioso la  forma como adornan  las cruces en las entradas de la iglesias.


Como empezaba a hacer frío decidimos ir a cenar. Entramos en un restaurante que tenía la especialidad del cuy, un plato típico muy apreciado en la cocina peruana, que durante mucho tiempo fue el alimento de los indios. El cuy es un conejillo de indias, un animal muy bonito, que nos daba mucha pena comer, pero nos gusta probar  la cocina local de los lugares que visitamos. 

La crianza de este animal al principio era exclusivamente familiar pero, con el éxodo del campo a la ciudad, se ha extendido a las zonas urbanas donde se ha comercializado con éxito en los últimos años.


Lo presentan entero en el plato y la verdad que da un poco de repelús verlo así. Pedimos un cuy chactado (cuy frito a presión con una piedra caliente) y un cuy asado,  así probamos las dos especialidades. Muchos huesecitos y un sabor más fuerte de lo normal. (Total 78 soles, bebidas, postres incluídos y mates de coca incluídos).
De aquí nos fuimos al hotel  y,  aunque dicen que el cuy tiene una digestión fuerte, no nos despertamos hasta el día siguiente, en el que emprendimos ruta con destino a Cusco pero antes, por el camino visitaríamos otros lugares interesantes.


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