12. PERÚ: PISAC - OLLANTAYTAMBO -AGUAS CALIENTES

10:55



12º. día  -  15/9/15  

Desayunamos y abandonamos Cusco por dos días. Nuestro objetivo era llegar al pueblo de Ollantaytambo, allí coger el tren para dormir en Aguas Calientes y por la mañana a primera hora  subir al Machu Picchu, la guinda de todo el viaje.

Como volveríamos al mismo hotel de Cusco, dejamos las maletas en unas cabinas que tienen para los clientes y cogimos una mochila con lo justo para pasar una noche. 

Para llegar a Ollantaytambo, existen varias posibilidades. Nosotros, al tener la agenda ajustada, nos decidimos  por un tour que hacía el trayecto de  Pisac, seguía por Ollantaytambo (donde nosotros nos quedaríamos) y  regresaba a Cusco. Iríamos acompañados de un guía, que nos explicaría todo y , en total valía 50 soles por persona incluyendo la comida. 

Así pues, abandonamos Cusco y, después de atravesar un pequeño puerto de montaña, nos introducimos en el Valle Sagrado de los Incas acompañados del río Urubamba, que paralelo al valle, era para los incas la entrada a la selva (Amazonas).



Pisac en quechua significa perdiz. Pachacutec fue el primer inca que se adentró en el valle y por la belleza del paisaje, el clima benigno y el fértil suelo, lo convirtió en asiento de la nobleza inca y en él empezó a construir las mejores fortalezas de su imperio: Pisac, Ollantaytambo y Machu Picchu. 

Llegando a Pisac, a 32 km de Cusco, enseguida nos llamó la atención el gran tallado de terrazas o bancales incas, en las laderas de las montaña andinas.


Paramos en Pisac (2.950m altitud), un pueblo fundado en el siglo XVII a las orillas del río Vilcanota (Urumbaba). Era día de mercado, que originalmente se hacía para el trueque de tejidos, granos y ganado, y actualmente son paradas de artesanía que se instalan en las calles y que no se diferencian mucho de lo que se puede encontrar en otros lugares. También visitamos un taller de orfebrería donde nos explicaron el proceso de fabricación de piezas de plata y como distinguirla de la alpaca. 




De allí nos desplazamos por carretera al conjunto arquitectónico de Pisac, situado sobre la cima de una montaña, a 3.400 m altitud, en el margen derecho del río Urubamba.


 Por el  camino hasta llegar a la entrada se habían instalado unos vendedores ambulantes con recuerdos y artesanía. 



La entrada al complejo arqueológico estaba incluida en el Boleto Turístico del Cusco. Primero pasamos por unas sencillas estructuras de edificios y luego seguimos por una senda estrecha .




Desde las estructuras superiores, había una excelente panorámica del  Valle Sagrado y de las impresionantes terrazas, un gran ejemplo de ingeniería.








Y así como los canteros erigieron estas obras maestras de arquitectura, los campesinos se hicieron expertos en agricultura a gran altitud; cultivaron alrededor de 70 especies autóctonas. 



En las zonas más superiores, crearon enormes complejos de silos para hacer acopio de  las reservas,   y así  alimentar a todo el Imperio de tres a siete años.

Silos
Y en la parte superior, habían algunos grupos de edificios protegidos por murallas con cinco puertas de acceso, de las cuales la única que conserva el dintel, es la llamada Puerta de las serpientes. 



En este lugar, los arqueólogos descubrieron más de 2.000 tumbas con momias profanadas, en busca de tesoros, por lo que se considera el cementerio más grande del Perú. El guía nos indicó que los numerosos agujeros, en las laderas de la montaña, correspondían a  tumbas. 




De nuevo en el trayecto, paramos a comer en un restaurante de Urubamba. Mientras comíamos dos músicos, con instrumentos de aire. ambientaban la sala.



Finalmente, llegamos a Ollantaytambo, situado a 90 km de Cusco y 2.800 m de altitud. Allí,  el rio Vilcanota cambia de nombre a Urubamba. Es el punto de entrada a la zona amazónica  y de donde salen los trenes para Aguas Calientes (el pueblo de Machu Picchu).

Ollantaytambo ("Sitio para vigilar el valle" en aimara) fue conquistado por Pachacútec.  Bajo el gobierno de los incas, se construyó un estratégico centro militar, agrícola y religioso para administrar y controlar el Valle Sagrado y un pueblo situado en la base para albergar a la nobleza que controlaba los trabajos que se realizaban. 


Este lugar es famoso por ser donde Manco Inca Yupanqui  derrotó una expedición española, bloqueando su avance desde un conjunto de andenes e inundando el llano. En un nuevo ataque, pocas semanas más tarde,  los españoles consiguieron ganar la fortaleza y Manco Inca huyó a un lugar desconocido pero destruyó caminos para ocultar otras grandes fortalezas, como Machu Picchu.

La entrada al sitio arqueológico está incluida en el Boleto Turístico del Cusco. 

Desde la parte llana sube una escalera, entre amplias terrazas o andenes agrícolas, hasta la fortaleza. Los escalones son de piedra muy bien trabajada pero tan altos que el ascenso resultaba agotador; además hacía calor y la falta de oxígeno por la altitud del lugar (3.792 m) aumentaba la fatiga. 


Entre los altos escalones y las gigantescas terrazas, daba la impresión de estar en un mundo de gigantes. 




Primero llegamos al Palacio de Ollantay, un templo de dos pisos, que no se llegó a terminar, del que quedan seis grandes bloques de granito rosado que miden 4m de altura, 2 m de anchura y que tienen un peso de hasta 50 toneladas. 

Desde aquí, en la pared de enfrente del valle, se ven las canteras de Cachicata, desde donde se trajeron las piedras, a una distancia de 6km, teniendo que superar el paso del río Vilcanota y los 200 m de altura, que es donde están colocadas las losas del Templo del Sol. Sorprendente, teniendo en cuenta que no contaban con los avances y los medios de hoy en día. 

Templo del So
A unos 200 m por encima de la fortaleza hay otro grupo de edificios llamado Incahuatana, que eran puestos de vigilancia y silos.



Descendimos de la fortaleza, a través del camino del inca, un sendero muy elevado desde donde se divisaba la parte baja de Ollantaytambo divida en dos por el río Patacancha: en un lado quedaba el pueblo y en el otro, al pie de la fortaleza, un sector ceremonial. Suspendidos en la montaña se apreciaban depósitos agrícolas o silos.  


Magníficas vistas del Valle Sagrado de los Incas desde la fortaleza.



El tour continuó su ruta pero nosotros nos quedamos en el pueblo, desde donde salen los trenes hacia Aguascalientes. Habíamos reservado el billete con anterioridad para las 19 h, así que teníamos tiempo suficiente para poder visitarlo tranquilamente. 

El pueblo de Ollantaytambo, situado en la base de la fortaleza, aún conserva la estructura que le dieron los incas, quienes lo construyeron poco antes de la llegada de los españoles, y es la única localidad inca que sigue ocupada por familias locales, por lo que se le denomina "Pueblo Inca Vivo". Sus habitantes viven de acuerdo a usos y costumbres heredados de sus antepasados.


El pueblo constituye en sí un verdadero legado histórico. Algunas casas están construidas sobre hermosos muros incaicos y  sus callejuelas son rectas y empedradas, estrechas y pintorescas. 





En la foto a continuación,  se puede apreciar un desagüe de piedra que sale de una casa.



Hay quince manzanas de casas de piedra y adobe, dispuestas en cuatro calles alargadas, atravesadas por siete callejuelas. Cada manzana ("cancha") está compuesta de varias viviendas con entrada común a un patio central.


Por las calles del pueblo  el agua, que baja de los Andes, circula por unas canalizaciones.





Nos encontramos con un pueblo muy tranquilo,  la mayoría de los turistas, después de ver la fortaleza, parten hacia el Valle Sagrado y el  Machu Picchu .

Creo que esa tarde éramos los únicos extranjeros que paseábamos por las callejuelas. La gente muy amable nos saludaba y se  iniciaba fácilmente una conversación. Algunos nos invitaron a sus casas y nos ofrecieron chicha, la bebida más tradicional que obtienen a través del maíz fermentado.



Un pintoresco pueblo en un privilegiado paraje andino.



 En algunas casas colgaban un palo con un paño rojo para indicar que tenían la bebida de chicha.




Un pequeño muy pícaro vino a saludarnos y nos pedía una moneda. Una señora nos comentó que algunas familias enviaban a los  niños a pedir limosna en lugar de mandarlos al colegio y nos aconsejó que no le dieramos dinero porque se mal acostumbran. Le  dimos un caramelo y se fue contento.



Sentada a la puerta de su casa, esta señora lavaba un saco con zanahorias que acaba de traer del huerto. Las golpeaba en las aguas del canal para quitarles las tierra. Mantuvimos una pequeña charla y nos invitó a pasar a su casa.
Las casas que visitamos eran muy humildes, y en general, con sólo una estancia amplia. 





En otra casa nos invitaron a chicha y nos enseñaron  como crían a  los cuys (conejillos de indias) dentro de la estancia familiar. Una niña fue corriendo a buscar hierba para que los viéramos salir de debajo de los camastros.



La familia estaba toda reunida bebiendo chicha. No había luz  y apenas se veía nada. Las fotos las hicimos con flash y vimos como los muros interiores de la vivienda eran de piedra sin revestir.



Sacando  la chicha de la tinaja donde la conservan.


Nos invitaron a tomar chicha repetidas veces y nos sabía mal hacerles un desprecio pero apenas tomamos un sorbito para que no se molestaran y no nos gustó. Tenía  sabor ácido, típico de un fermentado.

Antes del primer trago, los hombres volcaron un poco de líquido al suelo para ofrecérselo a la Pachamama (la Madre Tierra), una deidad incaica protectora y proveedora; cobija a los seres humanos, posibilita la vida y favorece la fecundidad y la fertilidad.


Cuando ya empezó a caer la tarde, nos fuimos andando a la estación de tren. Debíamos estar media hora antes del embarque. Los billetes, los habíamos sacado en Barcelona por internet con la suficiente antelación para poder elegir la hora sin dificultad. Hay dos empresas que operan: PerúRail y el IncaRail. El precio depende del horario y la temporada, a nosotros nos costó 59 dólares por persona, con PeruRail. Sólo cogimos la ida porque la vuelta la haríamos directa a Cusco.





El trayecto en tren duró una hora y cincuenta minutos hasta llegar a Aguas Calientes.


De la estación fuimos andando hasta el hotel  (H. Varayoc Bed & Breakfast), que estaba justo al lado de donde salen los autobuses para el Machu Pichchu y, como la taquilla estaba abierta, aprovechamos para comprar los billetes (17 dólares x persona, trayecto ida y vuelta)

Cenamos ligeramente y nos fuimos a dormir, con el deseo de que las horas pasaran rápido. El despertador sonaría a las 5 de la madrugada.

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