3. PERÚ: PARACAS

21:31


3er. día  -  6/9/15  

Paracas

Madrugamos, pedimos un taxi que por 30 soles nos lleva hasta la compañía de autobuses Cruz del Sur  y a las 7.30h emprendemos el trayecto Lima/Paracas. 

A través de la Panamericana Sur, que llega hasta Chile, recorremos un paisaje casi siempre costero, muy desértico, con pequeños cúmulos de poblaciones humildes y sin urbanizar, que va cambiando cuando nos acercamos a nuestro destino en el que empezamos apreciar pequeños núcleos blancos de casitas a la orilla del mar.

En Paracas nos recoge con su auto Ricardo Hernández (un guía que contacto por un blog de viajes) para visitar la Reserva de Paracas. Descansamos unas horas en el hotel y alrededor de las 12h  iniciamos el tour. El recorrido es de 40 km, y nos cobra 50 soles por persona. Además tenemos que pagar un derecho de ingreso a la reserva de 15 soles por persona.

Ricardo es un guía experimentado, con 17 años de profesión. Mientras conduce y nos vamos introduciendo en el desierto, por una carretera que parece de asfalto pero que en realidad es de sal y no necesita mantenimiento, nos va hablando de geología, paleontología, ornitología, arqueología e historia. 




La Reserva Nacional de Paracas, ubicada en el departamento de Ica,  es una zona marítima excepcionalmente rica,  con una gran abundancia de plancton que nutre a peces, crustáceos y moluscos. En 1975 fue declarada zona protegida con el fin de conservar una porción del mar y del desierto del Perú, dando protección a las diversas especies de flora y fauna silvestres que allí viven, así como también es zona de paso y descanso de multitud de aves migratorias que viajan desde EEUU hasta el extremo Sur del continente americano.



La palabra "paracas" significa en quechua "lluvia de arena" y alude a los efectos causados por los vientos huracanados que suelen azotar periódicamente la región y donde llueve 3 mm al año.



Pasamos por el Cerro Colorado donde, entre los años 700 a.C. y 200 d.C., se desarrolló la cultura paracas, antecesora de la cultura nazca. Aquí en 1925 el médico y  el arqueólogo peruano Julio C. Tello descubrió una necrópolis con tumbas en forma de pozo y  momias bien conservadas (gracias al clima desértico), que estaban envueltas en espléndidos mantos, algunos de más de 4m de anchura, por lo que sólo pudieron ser confeccionados en telares enormes, manipulados por varias personas a la vez. Son los célebres "mantos paracas" - nos dice Ricardo- muy codiciados por los coleccionistas que pagan fortunas por una pequeña porción de ellos, algunos están conservados en el Museo Regional que visitaremos en Ica que visitaremos al día siguiente.

Muchos de los cadáveres muestran prácticas de trepanaciones craneanas que realizaban con una finalidad curativa.  Para distinguir unos clanes de otros procedían a deformar los cráneos durante la infancia, ya que en esta etapa de la vida son mas maleables, aplicando fuerza y dándoles diferentes formas, algunos alargados, otros achatados. Esto podía producir problemas en la edad adulta, de ahí la causa de la alta frecuencia en trepanaciónes para paliar las molestias.




Nuestra primera parada la hacemos en la espectacular  Playa Roja, una playa de origen volcánico que resalta con su arena roja, entre los acantilados del desierto naranja y el azulverdoso de las aguas del Pacífico. Está ubicada entre la Punta Santa María y la caleta de Lagunillas, donde se han instalado algunos pequeños restaurantes (caleta significa  escondida).





Lagunillas
 Seguimos por la playa de la Mina, una hermosa caleta ubicada en un acantilado a la que se accede por escalera. Nos explica Ricardo que la punta gris de esta playa tiene más de 300 millones de años,  estaba sumergida y un terremoto la elevó por encima del mar. Pegado, el desierto amarillo de 40 millones de años. Antiguamente se extraía carbón de este lugar y de ahí su nombre.






A pocos metros de La Mina se encuentra la playa del Raspón, que debe su nombre a los arañones que sufrían los valientes que decidían descender hasta sus orillas. Allí vemos como anidan una gran cantidad de aves y  superficies cubiertas de guano, excrementos de las aves y valioso abono para la agricultura.




De nuevo en  ruta nos acercamos hasta La Playa Supay, que en quechua significa "diablo"  y fue llamada así debido a su fuerte oleaje. Está situada en el extremo opuesto de la Playa de la Mina.





Junto a la playa Supay se encuentra el Mirador de la Catedral, una formación rocosa que recordaba a las cúpulas de las catedrales pero que, a consecuencia del terremoto producido en agosto del 2007, malogradamente se derrumbó.



Al lado se encuentra la extensa Playa Yumaque, que en quechua significa "lugar donde se saca con la mano" pues es posible extraer pequeños moluscos conocidos como "palabrita" (donax spp), son similares a lo que nosotros nominamos tallarinas.


Finalizando el trayecto, Ricardo nos dice: "Vamos a leer el desierto" y paramos en una zona cubierta de fósiles "gasterópodos",  algunos de los que estaban desprendidos de la tierra nos los llevamos de recuerdo.

Luego nos muestra unos yacimientos de cuarzo y finalmente, en pequeños montículos de tierra laminada, Ricardo nos descubre, en la parte inferior de las mismas , acumulaciones de sal depositada en las dunas del desierto desde hace miles de años. La probamos, es finísima y deja un buen sabor. 


De regreso al puerto de Paracas, nos acercamos a comprar los billetes para el tour de las Islas Ballestas del día siguiente, en una oficina situada encima del hotel (35 soles x persona).

Compramos fruta y paseamos por el Paseo Marítimo, donde se localizan la mayoría de los restaurantes y tiendas turísticas. Los pelícanos pasean con tranquilidad, esperando la llegada de las barcas de pesca.







Poco más había para hacer allí así que, en un apacible paseo, siguiendo la línea de la bahía y disfrutando del ambiente marino, llegamos hasta el Hotel Paracas, un magnífico recinto de cinco estrellas, con alojamientos y jardines elegantes, excelentes servicios y ambiente selecto, ideal para pasar unos días allí. Nosotros nos conformamos con unos cafelitos.





Ricardo nos había recomendado el restaurante Bahía, situado en el Paseo Marítimo pero cuando llegamos estaba cerrado (cierran al terminar el pescado). En las calles que desembocan al paseo hay restaurantes menos turísticos pero por falta de confianza elegimos  uno de primera línea (el Juan Pablo). 

A las 6 de la tarde,  cenábamos con la caída del sol.

 Pedimos: Tequeno de pulpo, filete de lenguado a lo macho (un poco picante) y cebiche (pescado crudo marinado). Cervezas Cusqueñas (muy buenas) y unos pisco sour. Total 128 soles (42 €). Seguimos con precios turistas.
 Nos alojamos en el Hotel Brisas de la Bahía, un hotel básico, tranquilo y bien situado.



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Compañías de autobus:
www.cruzdelsur.com.pe
www.oltursa.pe


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