6. PERÚ: AREQUIPA

22:55

6º. día  -  9/9/15

AREQUIPA

Después de un largo trayecto, en el que dormimos toda la noche, llegamos a Arequipa a las 7 a.m. Nos trasladamos con taxi al hotel, situado en una antigua casa colonial del centro y, a pesar de la hora,  nos dan la habitación.

Arequipa está situada en la falda de un volcán activo, el Misti (5.821m) y cerca de otros dos, el Chachani (6.075) y el Pichu Pichu (5.669m) y tiene en su historia más de catorce destrucciones debidas a la furia de éstos Apus protectores.


Se la denomina "la ciudad blanca" por la piedra sillar, que extraída de las canteras del propio Misti, se viene empleando en su construcción desde su fundación (es el caso del hotel donde nos alojamos).



Vistas desde la terraza del hotel

Desde su fundación española en 1540 y, a lo largo de tres siglos, la ciudad estuvo habitada por familias mayoritariamente de origen español, que se mezclaron poco con los indígenas. Arequipa, alcanzó su importancia durante el virreinato al estar dentro de la ruta de las minas del Potosí y, a pesar de los numerosos terremotos que ha padecido, alberga un rico patrimonio histórico y monumental que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2000, por la Unesco.

Después de un ducha y un desayuno tranquilo, iniciamos la marcha. Primero de todo, nos desplazamos "unas cuadras" para pagar, a la agencia Giardino, la reserva de un tour por el Valle del Colca, que realizaríamos al día siguiente, y que  reservamos por internet.

A poco metros del hotel nos encontramos con Eloy Vera Neira, un pintoresco policía, ya jubilado, condecorado cuatro veces como el mejor policía de todo Perú y que se coloca en la entrada del convento de Santa Catalina para controlar el tráfico. Le conocíamos por internet, es muy simpático y  pasamos un buen rato.  Le grabamos y nos deja un simpático mensaje para toda España.


Alrededor de las 10 a.m. entramos en el convento de Santa Catalina,  que tiene una fascinante historia.  Es, en realidad, una pequeña ciudad dentro  de Arequipa,  donde actualmente conviven unas 30 monjas de clausura en una zona apartada del recinto.

El convento fue construido en 1580 por una rica viuda llamada María de Guzmán para acoger a las monjas dominicas. En 1582, un terremoto lo dejó en tal mal estado que las familias de las monjas empezaron a construir los "apartamentos" de las mismas y así se fue creando, con el paso del tiempo, una ciudad interior. El convento tiene nada menos que 20.000 m2. Tras los muros llegaron a enclaustrarse hasta un total de 500 monjas, que vivían allí con todo lujo,  con un séquito de esclavas y sirvientes, tras pagar una dote de 1.000 pesos de oro, por lo que sólo entraban las hijas de  familias nobles y acaudaladas. 

Solían ingresar muy jóvenes. El primer año como novicias cumplían los votos y el control absoluto de la regla del convento de clausura, pero posteriormente, las monjas podían disponer de todo el ajuar y bienes que quisieran, incluídas hasta seis criadas.

Y es que, las costumbres de la época, decían que el primer hijo varón sería el heredero, el segundo militar y el tercero sacerdote y, en cuanto a las chicas, la primera sería la casadera y todas las demás debían ser monjas. Cuantas más hijas se ofrecían a Dios, más cerca tenían la salvación los padres.

Finalmente el papa Pío IX se enteró de este comportamiento tan poco apropiado en unas monjas, y decidió poner orden en el año 1871 emprendiendo una amplia reforma.

Una guía se ofrece a acompañarnos en la visita y nos relata su historia y algunas curiosidades mientras nos introduce en un bellísimo laberinto de patios y callejuelas, con pequeñas casas-celdas, algunas de ellas dotadas de cocinas, baños, salas de estar y capillas. Finalmente repetimos la visita los dos solos, sin prisas, haciendo fotos y acabando de saborear todos los rincones que están pintados con llamativos colores: azúl añil, rojo, ocre y blanco.

Al inicio está la celda con las ventanas por las que las monjas se comunicaban con el exterior.


A continuación accedemos por el Patio del Silencio.




Avanzamos a través de pasillos y llegamos al Claustro Mayor  con 32 lienzos de la vida de María y de Jesús colgados en las paredes.



Siguiendo por una calle estrecha llegamos al Claustro de los Naranjos (1.738), con tres cruces en el centro, en el que las monjas, sólo para ellas, representaban la Pasión en Viernes Santo.




La iglesia tiene adosados cinco confesionarios en el muro.


Muchas calles tienen nombre de ciudades españolas. La calle Córdoba que tiene arcos contrafuertes y está decorada con geranios, nos recuerda a  muchos pueblos andaluces.


La calle Sevilla y , al fondo, la antigua iglesia que después fue cocina.


Las monjas construyeron sus celdas como pequeños apartamentos,  con patio, habitación, cocina y hasta terrazas desde donde se divisa el Misti nevado sobre la ciudad. 




Las camas se situaban debajo de los arcos, considerados zona para los terremotos.







Las calles pintadas de sugestivos colores, la clara luz arequipeña y la fusión de elementos españoles e indígenas,  forman un estilo arquitectónico  original que se diferencia de otras construcciones coloniales.





Rn la Plaza Zocodover, los domingos muy temprano, las religiosas se reunían para intercambiar algunos hilos, telas u objetos que ellas mismas elaboraban.



En uno de los claustros hay un arbusto con la cantuta, la flor nacional del Perú. Los incas la consagraban al dios Sol (Inti) de allí que ambién se le conoce como "La Flor Sagrada de los Incas". En una de ellas había un colibrí.


Después de la calle Burgos está la lavandería (1770) un curioso montaje al aire libre, de tinajas alimentadas por el agua de una acequia central. 


Entre todas las religiosas que habitaron en el convento, la más famosa fue Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, una piadosa mujer que dicen que llevó una vida de austeridad y se le atribuyeron varios milagrosos, por lo que fue beatificada por Juan Pablo II. 

En la foto a continuación el silicio con el que castigaba a su cuerpo, a modo de penitencia.

Silicio para la espalda, en el momento de acostarse, de Sor María de los Ángeles.
El monasterio alberga historias y leyendas sobre violencias, intrigas, políticas, sacrificios, etc. Fue convento de clausura hasta 1970, en que una empresa privada se encargó de su restauración y explotación turística y los ciudadanos pudieron entrar por primera vez a los recintos que tan misteriosamente habían estado resguardados tras sus murallas. Se encontró con toda una colección de cuadros religiosos de la escuela indígena. Aproximadamente 400 piezas fueron restauradas y es, actualmente, una de las colecciones de pinturas religiosas más importantes de América Latina.

Dejamos el monasterio, nos acercamos a la Plaza de Armas y al pasar por  las arcadas nos ofrecen un tour en autocar turístico  hasta el mirador de Yanahuara.



El mirador de Yanahuara está ubicado a una distancia aproximada de 2km del centro de la ciudad. Fue construido en el siglo XIX y en sus arcos de sillar (piedra procedente de los volcanes de los alrededores),  tiene grabaciones de ilustres personajes de Arequipa. Desde aquí hay una espectacular panorámica de los volcanes y la ciudad.


Misti
Volcanes Chachani  y Pichu Pichu
Con el Misti, al fondo.
Arequipa
Junto al mirador de Yanahuara se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, con una fachada barroca, de sillar .
Después fuimos a visitar  una fábrica de tejidos de camélidos: llamas, alpacas y vicuñas y nos enseñaron a diferenciar a los animales, así como la lana procedente de cada uno. 
De aquí vamos al Museo Santuarios Andinos, situado al lado de la plaza de Armas, para ver a la "Momia Juanita", una niña de 500 años de antigüedad que fue descubierta en 1995 durante una expedición al nevado crater del Ampato, en Arequipa. La momia Juanita fue divisada por los expedicionarios en el cráter y se sorprendieron al ver que se trataba del cuerpo de una joven excelentemente conservada. 

Arequipa: suspenden exhibición de momia Juanita hasta abrilArequipa: suspenden exhibición de momia Juanita hasta abril
Juanita tenía unos 13 años de edad, cuando fue la protagonista de una ceremonia del capac cocha (uno de los rituales más importantes del calendario inca) para aplacar la ira de  los “Apus”. 

El cadáver causó sensación en el mundo científico por lo bien conservado que estaba. En los alrededores del cuerpo de la momia Juanita se encontraron diversos tipos de plantas y granos andinos, varias estatuillas de oro y de spondyllus, una concha muy valiosa para los incas, porque cuando proliferaba en  las playas, era una señal de la llegada de las lluvias, por el fenómeno del Niño.

Impresiona ver a la niña exhibida en una urna, especialmente climatizada. Y triste imaginar como, que elegida por su belleza, fue conducida en procesión hasta las faldas del Ampato, donde los incas habían construido una plataforma de 14m2  a modo de altar. Allí sólo ingirió alimentos vegetales, fue vestida con finas ropas y calzado de cuero bordados, y en su cabeza se puso un adorno de plumas de guacamayo. Colocada en el altar, recibió un golpe en el cráneo por el que murió instantáneamente.

Como acompañantes de Juanita, fueron también sacrificados un niño y dos niñas más jóvenes que ella. Pero no fueron los únicos sacrificios ya que se han encontrados otros tres en el Pichu Pichu. A consecuencia de estos descubrimiento, sabemos que los incas hacían sacrificios humanos.

Como no permitían fotografiar, he bajado las fotos de internet. 



Salimos del museo tan impresionados que nos apetecía dar un paseo diferente y como cerca de allí, se encuentra el Mercado de San Camilo, nos acercamos para visitarlo aunque ya era casi la hora del cierre. Siempre nos gusta visitar los mercados locales, son  ideales para conocer la variedades autóctonas: frutas, vegetales, carnes, pescados, legumbres, ...., así como,  el ambiente natural de la población  fuera de los puntos turísticos.

En los mercados peruanos también hay "picanterías", pequeños espacios de comida típica a precios populares y puestos de zumos tropicales.



Nos llama la atención los puestos de papas por la gran variedad, dicen que en Perú se producen más de 300 variedades de papas nativas.  Este producto fue, sin duda, uno de los grandes hallazcos de los conquistadores españoles. Los conquistadores españoles las trajeron de allí a Europa pero su introducción como alimento se produjo en la hambruna que siguió a  la Guerra de los Siete Años (1756-1763).






En la cocina criolla es muy usual la utilización de despojos y, por tradición, saben elaborar suculentos platos.







Son las 6:30 p.m. y ya es de noche. Damos un paseo por la plaza de Armas y entramos a visitar la catedral (estilo neoclásica), que cubre todo el lado norte de la plaza. La fachada está de reformas, de hecho ha sufrido varias debido a los terremotos que ha padecido la ciudad, el último del 2001, duró más de dos minutos y destruyó una de las torres y la otra quedó totalmente inclinada. 



En la plaza de Armas la gente se reúne para participar en discusiones políticas.


Finalmente cenamos en el restaurante Tenampa, situado en el Pasaje de la Catedral,108. Esta vez nos decidimos por unos menús de crema de champiñones, papas a la Huacaina, ají de gallina, rocoto relleno y jugo de papaya, con unas cervezas Cusqueñas. Todo muy bueno, en unas mesitas en la calle y ambientados con las flautas y guitarras de unos jóvenes músicos peruanos. Total 44 soles (14 euros).

A las 8.30 p.m., estamos en el hotel.

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