CABO ESPARTEL, GRUTA DE HÉRCULES, ASSILAH

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En ruta hacia Assilah, visitamos el Cabo Espartel y el Parque Perdicaris, la Gruta de Hércules. Una bonita ruta que puso punto final a nuestra visita a Marruecos.










De Tánger a Assilah

Después de un buen desayuno en el hotel, Issam pasó a recogernos con su coche y a las 9:30h emprendimos la marcha hacia Assilah, visitando varios puntos interesantes por el camino.

A unos 10 km de Tánger, nos introducimos por el parque Perdicaris, conocido también como el parque de Rmilat, que se extiende en una superficie de 70 ha, entre el mar y la montaña. Un espacio que durante cierto tiempo fue propiedad privada de un millonario diplomático americano, de origen griego, Mr Perdicaris, que edificó un palacete en este entorno natural, para que se recupera su esposa de una enfermedad e introdujo varias especies de eucaliptos, además de numerosas especies de flora autóctona como pinos, nogales, acacias, palmeras, laureles de Portugal, helechos o robles del Rif, que lo convierten en un jardín botánico de excepción. Es curiosa la historia del secuestro de Perdicaris y el conflicto diplomático que aquí se produjo.

Actualmente el parque pertenece al Estado marroquí, que se ocupa de su mantenimiento y preservación y está abierto al público gratuitamente. En la entrada hay mapas con una variedad de rutas marcadas en diferentes colores e incluso se puede llegar hasta el palacete, aunque parece que está muy deteriorado. Nosotros nos conformamos con verlo a lo lejos.

Es un espacio natural muy cuidado y limpio. Hay mesas de picnic por todos lados y  es un lugar muy seguro para pasear porque está muy controlado. Cuenta con unas vistas fantástica al estrecho y  con España al horizonte y muchas veces hay cobertura española.


Continuamos la ruta pasando por el palacio Real, hasta el Cabo Espartel, donde se juntan las aguas del mar Mediterráneo y las del océano Atlántico.

El emblemático faro emplazado en el cabo fue el primero que se instaló en Marruecos. Inaugurado el 15 de octubre de 1864, daba respuesta al problema de los naufragios de la zona. De gran belleza, es uno de los iconos de la ciudad y la región y cuenta con  unas vistas magníficas. 

Se ubica en un peñón de 110 metros de altura y su luz es aprecia a 23 millas náuticas.  Este punto es uno de los límites en tierra del Estrecho de Gibraltar.






Seguimos hacia las cuevas de Hércules, situadas A 5km del cabo Espartel y a 14 km de Tánger.

La gruta es producto de la erosión del viento y del mar, aunque también ha sido utilizado por la extracción de piedras de las paredes, para molinos. La peculiaridad es que la cueva mayor posee dos aberturas: una hacia tierra y otra hacia el mar, con la forma invertida del mapa de África.

Cuenta la leyenda que Hércules, tras un largo viaje en el que encontró las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, quiso darse una baño en el océano Atlántico, cuando llegó Anteo (dios del mar) y le dijo que allí no podía estar, que ese era su territorio. Después de una lucha, Hércules salió victorioso y metió a Anteo en una gruta, encerrando. la entrada con una gran roca.

 Tinga, la esposa de Anteo, era una mujer de gran belleza. Hércules se enamoró de ella y  le ofreció el saco de manzanas de oro, pero ella lo rechazó y le dijo que el regalo que deseaba era que trajera hasta el Atlántico, el agua cálida del Mediterráneo. Hércules, puso un pie en cada extremo, y haciendo un gran esfuerzo, separó los continentes de África y Europa, dando lugar al estrecho de Gibraltar, donde se abrazan fundiéndose las aguas cálidas del Mar Mediterráneo con las frías del Océano Atlántico.
De esta leyenda deriva el nombre de la ciudad de Tánger, por Tinga.


Se pueden visitar varias grutas pero la principal es gratuita. Hay otra que cobran entrada pero no la recomiendan.




Saliendo del parque atravesamos un zona lujosa, con mansiones y palacetes, algunos pertenecientes a grandes magnates.



La villa que más nos impresionó es la del rey de Arabia Saudí, por la gran extensión de terreno. Está vallada en blanco, no se puede visitar por dentro y hay un control exhaustivo de seguridad. 


Salimos del parque y continuamos la ruta por la costa norte marroquí, con magníficas playas de arena fina y pequeñas calas resguardadas, a menudo desérticas. En algunas se han construido, complejos hoteleros, hay chiringuitos donde comer y hasta pasear en camello por la orilla.



Y siguiendo la costa, llegamos a Assilah, conocida como la perla del Atlántico. Esta ciudad a tan sólo 50 km de Tánger, goza de un pequeño y activo puerto y una estupenda playa cerca de su casco histórico. 

Es famosa por sus largas playas de fina arena y por los festivales internacionales que se desarrollan en verano, animando sus calles, atrayendo a numerosos artistas, periodistas, pensadores y políticos de todo el mundo pero el resto del año disfruta de una lánguida tranquilidad y así es como nosotros nos la encontramos.

Desde el puerto, hay una panorámica muy bonita de su medina y la playa.








Seguimos el paseo donde las barcas desarrollan toda su actividad.





A continuación, entramos a la medina por Bab Al Kasbah (Puerta de la Alcazaba) situada a la entrada del puerto, atravesando las antiguas murallas construidas por Alfonso V de Portugal en el siglo XV que albergan el patrimonio histórico y monumental de la dominación portuguesa y española, ya que Assilah también formó parte del protectorado español en Marruecos, hasta la independencia de este país en 1956.


La arquitectura de la medina es similar a una isla griega, de casas encaladas y  ventanales 
azul cielo, nada que ver con el resto de medinas de Marruecos. La mayor parte de este casco histórico ha sido restaurado en los últimos años y la mayoría de las viviendas son de uso residencial, y se ha puesto de moda entre muchos marroquíes y occidentales que van a veranear.




Muchas casas están adornadas por pinturas murales que se realizan en el Festival de la Artes de Asilah, un evento que se celebra en verano, al que acuden artistas internacionales que trabajan junto a jóvenes locales voluntarios, en la realización de estas pinturas, en el interior de la medina.
  


En una zona de la muralla, se encuentras el famoso mirador de Caraquia, desde cuya cornisa se divisa gran parte del perfil de Assilah y el mar. Actualmente está cerrado por reformas y apenas pudimos hacer una foto, encaramados a la muralla.


Entre las callejuelas  nos encontramos al pescador que conocimos en nuestro paseo por el puerto, orgulloso con su pescado a la sal, recién salido del horno. Casi aceptamos su invitación.



En la plaza Ibn Khaldoun, está la torre defensiva más representativas del lugar, Borj Al Kamra, blanca y majestuosa.


En contraste con Tánger u otras medinas de Marrakech, aquí no hay vendedores que te persiguen y puedes pasear tranquilamente y ver los puestos de mercaderes que comercian artesanías, alfombras, pieles y cuadros en la plaza.


De aquí salimos de la medina. A pocos metros, estaba un restaurante que Issam nos recomendó y disfrutamos de un surtido de pescado super fresco y el mejor té a la menta de toda nuestra estancia. 




Alrededor de las cuatro nos recogió el taxi. Tardamos unos cuarenta minutos en llegar a Tánger y continuamos el paseo siguiendo la línea del magnífico paseo marítimo de la ciudad. 

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