2. WADI MUSA, PEQUEÑA PETRA Y PETRA

21:35


Llegamos a Wadi Musa impacientes por conocer Petra, la joya arqueológica reconocida como una de las 7 maravillas de mundo y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad, pero antes, visitamos Pequeña Petra y paseamos por la ciudad.



WADI MUSA 
(Julio del 2005) 

 Wadi Musa,  que en árabe significa Valle de Moisés, se encuentra situada en el sur de Jordania y es el pueblo donde se encuentra la garganta por la que se accede a las ruinas arqueológicas de Petra.


El paisaje continúa en un árido desierto.


Como llegamos a media tarde, desde la reserva de Dana,  Jalid nos propuso una visita a Wadi al-Barid - conocida como la Pequeña Petra-, que se encuentra a 15 km al norte de Wadi Musa. Se trata de otro desfiladero horadado de monumentos rupestres, donde antaño vivía la gente común del pueblo nabateo y era utilizado como caravasar (lugar de hospedaje de caravanas) por los beduinos nómadas que comerciaban por esas remotas regiones.





Es un lugar no muy frecuentado por las rutas turísticas, de hecho estuvimos solos paseando tranquilamente.








Es un lugar que nos gustó mucho, más pequeño y no tan espectacular como Petra pero mucho más tranquilo. Lo que si es aconsejable, visitar antes de ir a la gran Petra, si se dispone de tiempo.

Regresamos a Wadi Musa y terminamos el resto del día, paseando por las calles, entretenidos contemplando los pequeños comercios. Los jordanos son muy hospitalarios y a cada paso nos recibían con el saludo árabe 'Ahlan Wa Sahlan! (Sea bienvenido), que nosotros contestábamos diciendo "salam"
























Moda femenina.



Algunas mujeres de cultura tradicional, llevaban el tchador (gran capa, generalmente negra), otras tan sólo el hijab (pañuelo o velo islámico). Las joyas, los perfumes, la ropa moderna o atrevida, las llevan debajo y son para lucir en la intimidad del hogar.

La reina Rania se sale del prototipo del la mujer musulmana. Vestida con impecable estilo occidental, que en más de una ocasión ha sido motivo de duras críticas por los sectores más tradicionalistas de Jordania, opina que "el uso del velo islámico debe ser cuestión u opción personal para las mujeres musulmanas". De hecho, ella sólo lo utiliza cuando es requerido para alguna de sus actividades oficiales.




El pueblo jordano se caracteriza por su hospitalidad. Es un pueblo amistoso que se desenvuelve en torno a la vida familiar y vecinal, y fácilmente hacen partícipes a los visitantes. En Wadi Musa, después de haber entablado una pequeña conversación con el dueño de una casa,  nos  invitaron a tomar el té y nos enseñaron el huerto, que parecía un pequeño oasis.









PETRA

Al día siguiente nos dirigimos a Petra, la ciudad de piedra, considerada como una de las más bellas de Oriente y que tantas ganas teníamos de conocer. Su conjunto arquitectónico está reconocido como una de las 7 maravillas de mundo y forma parte del Patrimonio de la Humanidad. Sin duda, es uno de los mayores tesoros de Jordania.

Era utilizada como refugio de los árabes nabateos (nómadas beduinos de lengua aramea que procedían del norte de Arabia), que la crearon excavando por completo en las rocas hace más de 2.000 años, convirtiéndola en una importante ciudad de paso, que unía las rutas de la seda, de las especias y otras que conectaban a China, la India y el sur de Arabia con Egipto, Siria, Grecia y Roma. 

Un guardia  custodia la entrada.


A la ciudad se puede acceder caminando, a caballo o en carruaje. Nosotros elegimos el caballo.


Se traspasa por algunos mausoleos.


Después de recorrer unos 500 metros, se llega a la entrada del "Siq" y continuamos andando. Se trata de un imponente desfiladero de 1,2 km de longitud y paredes estratificadas de 100m de altura que, entre curva y curva, se alejan y se acercan, dando, a veces, la sensación de que se van a cerrar sobre ti.




Dentro del siq, Jalid nos explica el sistema de circuitos de agua construidos por los nabateos, con técnicas muy avanzadas de ingeniería. Eran auténticos expertos en almacenar el agua y canalizarla hacia la ciudad o fuera de ella. Se dice que podían encontrar agua en cualquier lugar del desierto, lo que les permitía guarecerse de forma segura en él, si era necesario.


Y cuando parece que el "siq" no se va a acabar nunca, entre la alargada grieta del desfiladero, aparece una de las visiones más famosas y extraordinarias de este lugar: La fachada del Tesoro o Al-Khazueh.


El tesoro o  Al-Khazueh, es uno de los restos arqueológicos más suntuosos de la antigüedad. Con 43m de alto x 28m de ancho, está tallado en una sólida roca, partiendo de un lateral de la montaña. Tiene un color que cambia de rosado a anaranjado en función de la hora del día.

Su exterior nos es muy familiar gracias a la película de "Indiana Jones y la última Cruzada". 


Paradójicamente, no esconde ningún tesoro como se creía, sino que cumplía funciones de mausoleo. 




La historia más surrealista del Tesoro, es la de su propio nombre y la urna que le corona. Durante décadas, las tribus de Petra supusieron que albergaba "el tesoro del faraón del Éxodo", y se dedicaron a disparar contra la urna con la esperanza de derribarla y apropiarse de sus riquezas. Los agujeros de las balas siguen allí pero, el único y gran tesoro que hay en Petra, es Petra en sí misma.


Nos sorprende la fachada del Templo con manifestaciones helénicas, lo cual no es de sorprender si entendemos que el pueblo nabateo, aún siendo de origen árabe, se dejó influir de forma plena por el estilo arquitectónico y escultórico griego. 




Su interior es simplemente una sala vacía, que se cree pudo ser un templo o una tumba real.









En la plaza donde se encuentra situado hay un trasiego de conductores de camellos y carros de caballos intentando captar turistas.




En el año 106 a. C. la ciudad fue conquistada por el imperio romano e impusieron en Petra su plan urbanístico habitual: calles con columnas, un Teatro Romano con capacidad para más de 3.000 espectadores con asientos y escenario esculpidos en la roca. Tras la invasión musulmana, en el siglo VII, pasaron 500 años sin nada remarcable hasta que, en el siglo XII, los Cruzados se trasladan a Petra y construyen un fuerte. Desde aquí hasta el año 1812, se pierde el rastro de la ciudad, cuya situación era un secreto celosamente guardado y custodiado por tribus beduinas, ya que se la consideraba un lugar sagrado, además de creer que el lugar escondía múltiples tesoros. En ese año, el explorador suizo Burkhardt, profundo conocedor de la lengua árabe  y de la religión islámica, haciéndose pasar por un mercader árabe, descubrió Petra y divulgó su existencia al mundo, rompiendo su aislamiento.









Sorprendente el anfiteatro tallado completamente en la roca, a diferencia de los teatros romanos convencionales hechos de ladrillo.












A escasos metros del teatro, en la ladera de Jebel Al-Khubtha accedemos a la llamada zona de las tumbas reales con bellas decoraciones, puertas de entrada a las distintas estancias y columnas esculpidas en la piedra. 












Una de las cosas más fascinantes de Petra son las coloridas y jaspeadas vetas de las rocas de las que se extraen polvos de arenisca de nueve tonalidades. A veces, tienen forma de huella dactilar, otras veces de olas multicolores o telas de varios tonos.






Rojo, ocre, gris azulado, blanco, amarillo,... En algunas fachadas e interiores de templos y viviendas, la combinación de colores en círculos concéntricos crea formas tornasoladas. Los chiquillos ofrecen piedras vetadas a los turistas, otros convierten las arenas de colores en dibujos encerrados en botellas. 










Al segundo monumento en importancia de Petra, el Monasterio, se llega a través del cañón Wadi ad-Deir. 


La ascensión al Monasterio puede hacerse alquilando un camello o un burro pero nosotros lo hicimos a pie y, como hacía mucho calor, resultó más dura de lo esperado. Tardamos una hora, tras superar 800 escalones, en los que tuvimos que detenernos a descansar varias veces. 






Durante la subida, en los lugares de descanso se sitúan estratégicamente vendedores de recuerdos beduinos.




Quedamos fascinados con la primera e imponente visión del Monasterio (también llamado Al-Deir). La subida vale la pena, no sólo por la observación de este magnífico edificio, sino también por las vistas sobre las zonas circundantes.








Proviene del siglo III a.C. y fue utilizado de iglesia en época bizantina, como atestiguan las cruces talladas en los muros.








En una de las rocas había un lagarto azúl del Sinaí, muy común en Petra.


De un azúl intenso, como estaba inmóvil, creímos que era el juguete de algún niño que había perdido.


Por la tarde, tras la visita del Monasterio, hicimos el retorno a pie de los casi 5km que tiene Petra en extensión lineal. El guía se había despedido y nosotros aprovechamos para disfrutar el recinto plenamente, a nuestro aire, volviéndonos a detener en todos los lugares, pasando de nuevo por la ciudad antigua, las tumbas reales  y el Tesoro cuya fachada se había vuelto más rosada con el cambio de luz, de hecho,  Petra también es denominada "la ciudad rosa".






Al pasar por el siq, llenamos una botellita con arena de colores desprendida de la piedra en el suelo y la guardamos de recuerdo.


Regresamos a la ciudad al atardecer y, a pesar del cansancio acumulado en todo el día, nos sentíamos felices de haber conocido lo que tantas veces habíamos oido decir : Uno de los lugares del mundo en el que, al menos, hay que ir una vez en la vida. Y así lo creemos.


- Continuará por el Desierto de Wadi Rum, Aqaba y Mar Rojo.











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