5. GRECIA: MICENAS / NAFPLIO

12:07


En Micenas visitamos la acrópolis y el Tesoro de Atreo, la tumba micénica más importante que se conserva en Grecia. A continuación, nos desplazamos a Nafplio, la ciudad considerada la más elegante de la Grecia peninsular y que cuenta con el honor de haber sido la primera capital de la Grecia libre, tras independizarse del Imperio Otomano en el siglo XIX. 







Miércoles, 13 de junio

Alrededor de las 9:00h, después de un estupendo desayuno, seguimos la ruta por el Peloponeso rumbo a Micenas, la ciudad prehistórica más importante de Grecia y capital de la civilización micénica (final de la Edad de Bronce, una cultura que abarca del 1700 al 1100 a.C. )

La carretera atraviesa un bonito valle lleno de viñedos, olivos y zonas rurales. Continúa por un tramo de autopista hasta la salida de Argós y desde allí, a 8km, una ruta asfaltada nos lleva hasta la acrópolis de Micenas, pasando antes por el pueblo que lleva el mismo nombre.

ACRÓPOLIS DE MICENAS

A las 10:30 llegamos a la antigua ciudadela y nos disponemos a visitarla. El horario de entrada es de 8-19h (sábados y domingos 8,30-15). El precio de la entrada: 8 €.

Un poquito de historia

De nuevo, la historia se mezcla tanto con el mito que cuesta distinguir el uno del otro.

Según la mitología, la ciudad fue fundada por Perseo, hijo del dios Zeus y Danae, que con ayuda de los cíclopes, construyó las murallas de la ciudad con enormes bloques de piedra, y por eso se denominan ciclópeas. 

Los micénicos fueron el primer pueblo propiamente griego que se estableció en Grecia, alrededor del año 1600 a. C. Adoraban a Zeus, Hera, Poseidon, Hermes, Atenea y Dioniso y sus gestas fueron contadas por Homero en la Iliada y la Odisea. 

Era un pueblo guerrero, aunque amante de las artes, que vivía en recintos fortificados construidos, generalmente, en una elevación del terreno para facilitar su defensa. Las murallas de estas ciudades estaban formadas por grandes bloques de piedra de forma poligonal, de varias toneladas de peso y superpuestas sin argamasa.

Construida sobre una colina que domina el valle de Argos, hace más de 3000 años, la acrópolis de Micenas ocupaba una superficie triangular, de aproximadamente 25.000 m2. Estaba reservada para el rey, su familia, los nobles y su guardia personal. Los artesanos, mercaderes y aldeanos vivían fuera de las murallas, pero podían entrar a resguardarse en caso de ataque.​

La riqueza de la ciudad era proverbial en la antigüedad. Homero la describe como «rica en oro» y como el reino del héroe Agamenón, héroe de la Guerra de Troya. Algo que seduciría al arqueólogo alemán Schliemann, que se propuso encontrar las huellas.


A través de una rampa, por la que vamos apreciando  la magnitud de las murallas, alcanzamos la entrada a la antigua ciudadela de Micenas .


Las famosas "murallas ciclópeas de Micenas" que la rodeaban, protegían la capital del mundo micénico con impresionantes bloques de piedra, de hasta 13 metros de altura y de 7 a 14m de ancho. El grosor de las paredes, además de la seguridad que proporcionaba a los habitantes de Micenas, en ese entonces, permitió la construcción de túneles y pasillos que mejoraban la funcionalidad de la ciudad.

Un panel a pie de la ciudadela, explica como transportaban los enormes bloques de piedra hasta la colina, utilizando  el método de "planchas" o de "rodillos", es decir, ponían en el suelo una serie de troncos de madera enganchados, y sobre ellos situaban los bloques de piedra que hacían rodar con la fuerza de decenas de esclavos.


Los bloques de piedra no llevan argamasa y son tan enormes, que sus habitantes creían que habían sido construidas por cíclopes y no por humanos.


Una vez que se recorre la rampa de acceso, nos encontramos la magnífica puerta principal de la ciudad denominada "Puerta de los Leones", que toma su nombre de las dos leonas esculpidas en el triángulo superior de piedra y que representaban el poder micénico. Se trata de una verdadera obra de arte, hecha con cuatro grandes bloques. El  dintel de 20 toneladas, sirve de sostén a la pieza triangular con las leonas. Corresponde al siglo XIII a.C.




Nada más cruzar la puerta, a la derecha, hay una zona circular que contenía seis tumbas reales (s.XVI a.C.). Allí se encontraron 19 cuerpos y 14 kilos de objetos funerarios de oro, entre ellos, la máscara funeraria que el arqueólogo alemán Schliemann atribuyó, erróneamente, al rey Agamenón y cuyo original veremos expuesto en el Museo Arqueológico de Atenas.

Más tarde, los micénicos, sustituyeron estas tumbas por grandes sepulturas subterráneas abovedadas llamadas "tholos", que construyeron fuera de la ciudad. La más importante, El Tesoro del atreo, está situada a unos 300m  y la visitamos al final.

Cículo de tumbas reales

Tumbas reales

Tumbas reales
En la cima de la colina se encontraba el Palacio de Agamenón, del que sólo se conservan los suelos. En su centro ardía siempre un fuego sagrado y la estructura de la habitación principal se considera el antecedente del templo griego.

Palacio real de Agamenón
Desde allí, la vista de la llanura del golfo argólico se extendía a los pies de la acrópolis, fortaleciendo la sensación de poder y seguridad.

     
En uno de los extremos del recinto, construyeron una cisterna que aseguraba el suministro de agua, en caso de asedio. El agua de lluvia y el agua corriente de los manantiales y ríos subterráneos, se acumulaba de forma natural, en un embalse artificial que hay al final del túnel. 

Entrada a la cisterna
Es admirable la capacidad de ingeniería de la época, en la creación de una estructuras tan complejas. 


Entrada a la cisterna
Se puede acceder a la cisterna a través de unas escaleras de piedra. 



La acrópolis de Mycenas tenía dos grandes puertas, una al oeste (Puerta de los Leones) que era la más importante, y otra al Norte, mucho menos imponente, que se utilizaba para el suministro de la ciudadela.  Ambas tenían la misma forma.



MUSEO DE MICENAS

Al finalizar el recorrido por el área que encierra las murallas, nos dirigimos al Museo de Micenas, que alberga hallazgos, maquetas y textos explicativos de la historia de las excavaciones y de los logros y la forma de vida de los micénicos. Los objetos más valiosos, hallados en los ajuares funerarios, se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y algunos en el  Museo de Nafplio.

Nos llamó la atención unos muñecos de cerámica articulados y un abecedario, que muestra como los micénicos habían desarrollado su propia escritura .


También se pueden ver unos frescos recuperados del Palacio Real de la ciudadela y hacerse una idea de su  decoración.


Entre algunas joyas funerarias, hay expuesta una copia de la máscaras de oro de Agamanon, cuyo original está en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. 




EL TESORO DEL ATREO

Después de visitar la acrópolis y el museo, nuestro recorrido hubiera quedado incompleto sin visitar la tumba o "tholo" más importante de la época micénica, que es la muestra más hermosa de la arquitrectura micénica. Se encuentra a unos 300 m carretera abajo de la acrópolis, antes de llegar al pueblo de Micenas y merece mucho la pena detenerse para verla. Es magnífica.

Como anteriormente he comentado, se denominan "tholos" los templos y tumbas que se construyeron fuera de la acrópolis, con planta circular y abovedada.

El "Tesoro de Atreo" es unos de los monumentos funerarios más notables de la época del cobre. Está fechado aproximadamente en el 1.330 a.C y se cree que pertenece al Rey de Micenas, Agamenón, conocido internacionalmente como el más poderoso y rico de la antigua Grecia.

El camino que conduce a la tumba es impresionante, consta de una vía rectilínea de acceso a cielo abierto, llamada «dromos»,  bordeada por altos muros de enormes piedras lisas. Una gran puerta nos introduce a una sala circular con cúpula, que alberga las sepulturas.


Algunos fragmentos de la puerta de entrada, que estaba decorada, se encuentran expuestos en el Museo Británico.


Impresionante su interior, en el que podemos apreciamos el espesor de los sillares de piedra y la altura de la bóveda. Se trata de una sala circular que tiene treinta y tres filas sucesivas de piedras montadas con una precisión asombrosa, de manera que cada piedra sobresale ligeramente de la de abajo. Esta técnica crea una forma increíble de cúpula que hoy envidiarían los actuales arquitectos. El imponente tamaño de las piedras que se usaron en orden horizontal, con el número simbólico de 33 filas, son la prueba de la importante personalidad del muerto que encerraba el monumento.




Con el fin de soportar el peso de la cúpula y evitar la caída de todo el edificio, se utilizó la técnica de los triángulos, unas aberturas que hoy dejan entrar la luz solar a la entrada principal de la tumba y que estaban dispuestas para que la luz entrara a la cúpula sólo unos pocos días al año, antes o después de lo que nosotros conocemos como equinoccios. Una importante demostración del conocimiento detallado de la antigua astronomía griega y las leyes que rigen la naturaleza y el universo.



Lamentablemente durante muchos años la tumba permaneció sin protección y fue saqueada en repetidas ocasiones, careciendo de enormes tesoros y descubrimientos que los especialistas creen que la rodeaba.

La visita a la acrópolis, el museo y la tumba del rey nos ocupó cerca de tres horas. Todo en conjunto es un testimonio de la gloria y el poder de un brillante pueblo que abrió el camino para los años gloriosos de la historia griega antigua y cuya cultura se difundió en toda la cuenca mediterránea.


NAFPLIO

De Micenas tomamos dirección a la Nafplio (22 km), la ciudad considerada la más elegante de la Grecia peninsular. Está situada en una pequeña península al fondo del golfo de Argos y tiene el honor de haber sido la primera capital de la Grecia libre, tras independizarse del Imperio Otomano en el siglo XIX .

Según la mitología, la ciudad fue fundada por Nafplios, el hijo de dios Poseidón y la hija de Danaus (Danaida) Anymone. La historia de la ciudad se remonta a la época prehistórica cuando sus soldados participaron en la expedición Argonautic y la Guerra de Troya pero su edad de oro se sitúa en la Edad Media, especialmente en tiempos de la dominación de los francos, que construyeron los primeros centros de operaciones militares fortificados. Más tarde, sufrió varios asedios durante las luchas que mantuvieron Venecia y Turquía por el Peloponeso. Todos estos pueblos dejaron su huella en la ciudad y influyeron fuertemente en su cultura, arquitectura y tradiciones a lo largo de los siglos. 




Habíamos reservado alojamiento en el Hotel Agamenon, situado en el casco antiguo y con vistas al mar. Un hotel muy agradable y con un emplazamiento ideal. 

La ciudad cuenta con varias fortalezas y, después de un breve descanso, decidimos iniciar nuestra visita por  Palamidi,  que es lo primero que se ve al llegar a la ciudad. 

Palamidi (Visita de 8:00 a 20:00h en horario de verano y festivos cerrado. Entrada: 8€)

Es una enorme ciudadela que se alza a 216m sobre el nivel del mar, dominando toda la ciudad. Se puede acceder por carretera o ascendiendo alrededor de unos 999 escalones que  hay tallados en la roca y que fueron construidos por los prisioneros detenidos allí, bajo la supervisión del ejército bávaro.

A pesar del calor que hacía esa tarde, vimos un reducido grupo de gente que ascendía los escalones a través de la montaña, pero nosotros no tuvimos duda en ahorrarnos el sacrificio y llegar por carretera bordeando la colina.





Por su elevada situación, Palamidi ofrece unas vistas únicas del golfo de Argos, de Nafplio y de los alrededores y, aunque sólo por eso, sería una buena excusa para llegar hasta allí, la visita a la ciudadela es muy recomendable por la historia que encierra y por su buena conservación .


Se trata de una enorme ciudadela veneciana, construida entre 1711 y 1714, que debe su nombre al héroe homérico de Palamedes y que comprende una muralla con ocho fortalezas, cada una diferente.



Fue diseñada para soportar la artillería de su tiempo, pero cayó ante los otomanos en 1715, después de tan sólo una semana de su asedio. 



Dentro de sus murallas, la fortaleza mejor conservada y la más importante es la de Agios Andreas, que era la vivienda del comandante de la guarnición y su nombre se debe a la pequeña iglesia que se encuentra en el patio interior. Sobre su puerta de entrada, hay un relieve con el león veneciano de San Marcos. 

 

Vistas desde la fortaleza de Agios Andreas
Otro bastión importante es el de Miltiades, el más grande y que se utilizó como prisión entre 1840 y 1920. En él estuvieron presos varios héroes de la guerra de la Independencia de Grecia, entre ellos el famoso Theodore Kolokotronis.

Fortaleza de Miltiades
Fortaleza de Miltiades, con las celdas de prisiones

En la Fortaleza de Miltiades se puede visitar la mazmorra donde estuvo encarcelado Theodore Kolokotronis, acusado de falsa traición. Impresiona ver la celda tan diminuta, sin ningún orificio al exterior y en una especie de agujero en la roca, sin revocar.



En la cima de la ciudadela hay un octavo fuerte, construido por los otomanos, que da al sur, a la playa de Karathona pero, como hacía calor,  sólo ascendimos un tramo.




Akronafplia (acceso libre)

De la fortaleza de Palamidi nos dirigimos a Akronafplia, que es donde se encontraba la población de Nafplio rodeada por una muralla desde la antigüedad hasta finales del siglo XV.



Desde Akronafplia disfrutamos de unas vistas más cercanas del casco antiguo de Nafplio y de la muralla  de Palamidi.




Sobre un pequeño islote en medio del mar, sobrersale la pequeña fortaleza de Bourtzi donde, hasta 1930, solían vivir los verdugos de los prisioneros de Palamidi. Durante la dominación veneciana, protegía el único paso navegable de la bahía con una enorme cadena de metal que  conectaban desde la fortaleza de  Akronafplia.



Después de estas visitas, regresamos a Nafplio y nos sentamos en una agradable taberna del paseo marítimo. Un poco más tarde paseamos por el núcleo antiguo, que es peatonal y tiene edificios de influencia veneciana, muy bien conservados, con árboles y  buganvillas que adornan sus patios y balcones.




Desde el puerto, en el verano, se puede llegar a la fortaleza de Bourtzi en barco.




Nafplio tiene varias iglesias. Visitamos en la de Ayios Georgios, que está en una de las plazas. De culto ortodoxo, cuenta con unos bonitos iconos y pinturas en las paredes. Se cree que la construyeron los venecianos y, a mediados del siglo XIV, los turcos, después de conquistar esta zona la convirtieron en mezquita. Finalmente en el 1822 y después de liberar la ciudad, se convirtió en iglesia ortodoxa.



La mayor parte de calles del casco antiguo están ocupadas por tiendas de recuerdos y restaurantes.  Es una ciudad muy turística. 



Después de vagar por las calles y hacer algunas compras, decidimos cenar en la Taberna Aiolos, (recomendada en el blog de David y Neus). Nos decidimos por unas ensaladas mixtas, pulpo al vino blanco y gambas. Nos ofrecieron gratis unos entrantes de hummus (puré de garbanzos), el postre (sandía y cerezas) y un botellín de ouzo. Vino blanco y cafés. Total:  34,60€. Lo encontramos todo muy bueno y barato. Recomendable.




Finalizamos el día con  un agradable paseo nocturno, siguiendo el paseo marítimo desde el puerto y con fortaleza Bourtzi de telón de fondo iluminada.


Llegamos al hotel y a dormir.



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