3.GRECIA: DELFOS/ MONASTERIO OSIOS LOUKÁS/ DIMITSANA/ NAFPAKTOS

22:01


Ese día nos acercamos a Delfos para visitar el antiguo santuario del famoso oráculo, así como su museo y el Templo de Atenea. Luego nos desplazamos hacia Levadia para ver el Monasterio de Osios Loukas, uno de los mejores ejemplos de arte bizantino en Grecia. De allí,  por las carreteras secundarias hacia Desfina,  llegamos al bonito pueblo de Galaxidi. Finalizamos el día en Nafpaktos, donde tuvo lugar la famosa batalla de Lepanto.






Lunes, 11 de junio, 2018

Después de desayunar, salimos a las 8:00h de la mañana hacia Delfos. Teníamos por delante 349 km, con muchos tramos de autopista nuevos, lo que supuso un gran adelanto.

Atravesamos zonas agrícolas y, a menudo, se veían puestos de cerezas y hortalizas en la carretera pero tan sólo hicimos una única parada para tomar un café.


DELFOS en griego Δελφοί  y en latín Delphi


Poco antes de las 11:00h llegamos a Delfos,  emplazado en un hermoso valle con el mar Jónico y frente al Peloponeso. En las laderas del Monte Parnaso, el famoso recinto arqueológico que íbamos a visitar. 


En Delfos hay tres puntos de interés importantes:
  • La zona arqueológica, donde se encontraba ubicado el gran recinto sagrado dedicado al dios Apolo, con el oráculo al que acudían los griegos para preguntar a los dioses.
  • El Museo arqueológico
  • El Templo de Athenea

El horario para visitar la zona arqueológica es de 8:00 a19:30,  la del museo de 10:00 a 16:40. La entrada combinada para las dos cosas vale 12€ (los mayores de 65 años tienen una reducción). La entrada al recinto del Templo de Athenea es gratis y libre de horarios.  Fuera del recinto hay un pequeño aparcamiento. La visita completa puede llevar entre tres y cuatro horas. 





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Según la leyenda, tras soltar Zeus dos águilas en los extremos del universo, ambas cruzan sus vuelos sobre la ladera del monte Parnaso y sobre ese punto Zeus deposita el Ónfalo, el ombligo del mundo. La gran serpiente Pitón, hija de Gea, que protege el lugar, muere a manos de Apolo ( hijo Zeus y Leto), que tras adquirir el don de la profecía, manda construir un templo donde los hombres irían a preguntar por su futuro. Desde ese momento, la Pita (la pitonisa), heredera del don obtenido por Apolo, inhalando los vapores que emanan de un manantial del templo, adivina el futuro de los hombres.

En el siglo VIII a.C. habitantes de la isla de Creta llegan a la zona y en la ladera del monte Parnaso construyen un templo que dedican al dios Apolo. El templo atrae desde el principio a peregrinos de todo el mundo griego que buscan en el oráculo respuestas sobre su futuro y que  tenía la peculiaridad de no fallar con las predicciones. Delegaciones de polis griegas e incluso extranjeras, acuden al templo con cuestiones de estado. 

El inicio de nuevas expediciones es consultada al oráculo y tras el éxito vuelven y dedican templos a Apolo agradecidos por los consejos del oráculo, construyen edificios y dejan sus ofrendas (mayormente labradas en oro, bronce, y piedras preciosas) para conmemorar hechos o batallas ganadas. Todo esto trae riqueza al templo y atrae a nuevos habitantes, de todas partes de Grecia y del mundo Mediterráneo, siendo Alejandro Magno uno de los visitantes más ilustres. Aquí la pitonisa le vaticinó que «conquistaría el mundo». 

Esto permite desarrollar un núcleo urbano, construir murallas, un gran teatro y hasta llega a celebrar sus propios juegos, los llamados Juegos Píticos.

Las enormes riquezas que va atesorando el templo desencadenan una lucha por su control, desencadenando entre los años 590 a.C al 338 a.C. una serie de conflictos llamados “las guerras sagradas”. Durante este periodo el templo es saqueado en diversas ocasiones.

Con la difusión del cristianismo, el santuario perdió su significado religioso y fue clausurado por Teodosio el Grande.


RECINTO ARQUEOLÓGICO

Llegamos a la zona donde estaba situado el ágora romana, que fue construida en tiempos bastante posteriores a la creación del santuario. Era el lugar de encuentros e intercambios comerciales y  había cinco tiendas donde los peregrinos compraban  ofrendas para su dios o recuerdos.


A continuación  vemos una copia de la sagrada piedra de Omphalos, que sitúa el centro del mundo  en el lugar donde cruzaron el vuelo las águilas que soltó el propio Zeus, según la leyenda.  La original la veremos luego en el Museo. 



Seguimos por la Stoa o el Tesoro ateniense, un edificio de estilo jónico que tiene siete columnas estriadas, cada una hecha de una sola piedra. Según una inscripción, fue erigido por los atenienses después de 478 aC, para albergar los trofeos tomados en sus victorias navales sobre los persas.



Seguimos subiendo y llegamos al lugar más importante: El templo de Apolo, fechado en el siglo VI aC; el templo se erigió precisamente sobre los restos de un templo anterior del siglo VI aC. Dentro estaba el centro del oráculo de Delfos y el asiento de Pitia (la pitonisa).



En frente del templo de Apolo está situado el Altar de los Chians, erigido por el pueblo de Chios, en el siglo VI aC , según una inscripción. El monumento fue hecho de mármol negro, además de la base y la cornisa de mármol blanco, lo que resulta un impresionante contraste de color.




Seguimos por el teatro, originalmente construido en el siglo VI a C. En la cávea había 35 filas de bancos de piedra y aforo para 5.000 personas. Se utilizaba sobre todo para las representaciones teatrales durante las grandes fiestas.




Continuamos subiendo hasta llegar al estadio, construido en el siglo VI aC  y remodelado en el siglo II dC, a expensas de Herodes Atticus; en este momento se añadieron los asientos de piedra y la entrada monumental arqueada. Fue en este estadio donde por primera vez tuvieron lugar los Juegos Píticos que se celebraban cada cuatro años. Con una longitud de 200 m de largo, que podía albergar a 7.000 espectadores.

 



La visita al recinto arqueológico nos encantó pero como el sol caía fuerte y hacía calor, agradecimos la entrada al Museo que se encuentra en el mismo lugar.

MUSEO ARQUEOLÓGICO

Es uno de los mejores de Grecia, sólo superado en importancia por el de la Acrópolis de Atenas. Contiene una importante colección de esculturas y restos arquitectónicos. Consta de 13 salas, todas en la planta baja.

La colosal esfinge de Naxos es una excepcional obra de arte arcaico donada al santuario por los habitantes adinerados de la isla de Naxos, en el año 560 aC; mide 560 m y estaba colocada sobre una columna de 10 m de alto


Hay  varias salas dedicadas a esculturas y frisos.




La obra maestra del museo es el Auriga de bronce que conmemora una importante victoria en la carrera de cuádrigas de los Juegos Píticos del año 478 a.C.



Otra pieza importante es la escultura Tres niñas bailando, agrupadas alrededor de una columna, que se cree pudo soportar un trípode de la época en la que se sentaba la pitia durante sus trances.

Delante de la columna, el omphalos en mármol, encontrado en la región norte del templo de Apolo  que marcaba Delfos como centro de la tierra (vimos una copia en la zona arqueológica). En diversas monedas griegas y sirias, aparece el dios Apolo sentado en una de estas piedras y algunas tiene una decoración exactamente igual a la de este omphalo.



Al salir del museo, nos sentamos en el bar del recinto para descansar un poquito y tomar una limonada natural bien fría. Sólo nos quedaba desplazarnos hasta el último punto de interés.


TEMPLO DE ATHENEA 

A unos 300 m del museo, un sendero, al otro lado de la carretera, nos lleva al recinto de Marmaria, donde se encuentran las ruinas de un templo del siglo IV aC, dedicado a Atenea. Allí podemos ver el tholos, un edificio circular, cuya función se desconoce pero debió ser algo importante a juzgar por la decoración de alto nivel. Originariamente estaba rodeada de 20 columnas dóricas. Tres de ellas volvieron a ser erigidas en 1938 para dar una idea de la antigua belleza del edificio.



Delfos no nos decepcionó, la mezcla armoniosa del paisaje con su historia y su significado sagrado hace de este sitio una de las visitas más importantes de Grecia. 


MONASTERIO DE OSIOS LOUKAS

Nos desplazamos a 37 km de Delfos, en dirección a Levadia. A unos 10 km de la localidad de Distomo, entre un valle repleto de almendros y olivos, donde se encuentra el monasterio de Osios Loukás, considerado como una de las creaciones más maravillosas que dejó el Imperio bizantino en Grecia, inscrito en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Estando tan cerca, no queremos dejar la oportunidad de visitarlo.

(Entrada 4€. Horario de verano es de 10:00 -17:00).

Construido hacia 1011, es una ampliación de una iglesia anterior que data del año 944 dC. Está dedicado a Osios Lukás (santo Lucas) un ermitaño y sanador local, que murió en 953, cuando ya se habían construido las celdas y la primera iglesia del lugar. 

El exterior es una mezcla de piedra labrada y ladrillo rojo. Una vez en el interior es posible visitar un edificio imponente, la iglesia conocida como Katholikon, que se conecta desde el interior con otra de menor tamaño conocida como Theotokos, construida entre los años 997 y 1011 para honrar a la Virgen María.







A la entrada del monasterio resulta especialmente llamativo el mosaico dorado con la imagen del santo que hay sobre la entrada. 



En el interior de los templos destacan los frescos y algunos mosaicos que presentan un perfecto estado de conservación y son reflejo del gran periodo final del arte bizantino.




La cúpula central está decorada con mural de Cristo rodeado de santos y ángeles. Se pintó en el s.XVI para reemplazar los mosaicos perdidos.


Bajo el Katholikon (iglesia principal) es posible visitar la cripta (siglo X) en la que descansa el cuerpo de San Lucas y algunos frescos como el Descenso de la Cruz.




Durante el Imperio Otomano, el monasterio fue escenario de gran número de batallas, como atestiguan los cañones del patio. Fue aquí donde el obispo Isaias declaró en 1821 su apoyo a los independentistas griegos.

Resulta interesante saber que, desde su creación, hace ya más de un milenio, nunca se interrumpió la actividad monástica en él. La liturgia greco-ortodoxa y los mágicos cantos bizantinos conforman la esencia de este auténtico patrimonio religioso. Una genuina joya de la cultura bizantina con reconocimiento a nivel mundial. 

Y como si la magnificencia de su interior fuera poco, el exterior regala un paisaje muy bello del mayor olivar de Grecia. De hecho, el aceite de oliva ecológico que produce la comunidad monástica está calificado entre los mejores del Mediterráneo.



GALAXIDI

Del monasterio, tomamos la carretera secundaria que lleva hacia Desfina disfrutando de magníficas vistas hasta llegar a Galaxidi.


Galaxidi, una histórica villa de pescadores, considerado uno de los pueblos más pintorescos de la zona. Su puerto natural sirvió durante siglos como resguardo para millones de barcos. Una serie de mansiones y casas palaciegas, del siglo XIX, frente al puerto, propiedad de los capitanes más adinerados del momento, recuerdan la gran riqueza que trajo la industria astillera. 




Su iglesia de San Nicolás tiene unos magníficos iconos de madera tallados.





Pasear por esta villa fue muy agradable, ambiente tranquilo y nada masificado. Las tabernas de pescadores situadas a lo largo del muelle invitan a hacer una parada. Es ideal para situar el alojamiento y por la noche cenar pescadito en una de las terracitas delante del mar pero habíamos hecho la reserva en una ciudad más adelante y, aunque al cabo de un rato nos tuvimos que marchar, mereció la pena una visita.





NAFPAKTOS

Continuamos por la carretera que va bordeando la costa hasta Nafpaktos, donde habíamos reservado nuestro alojamiento.

Una ciudad, que aunque mucho menos atractiva que Galaxidi, tiene un núcleo histórico con gran encanto. Está dominada por una fortaleza veneciana, cuyas murallas llegan hasta la playa, casi rodeando el puerto. En este lugar se luchó la famosa batalla de Lepanto, donde los españoles y los genoveses derrotaron a los otomanos. Una batalla célebre en la que Miguel de Cervantes perdió su mano. 

Subimos hasta la parte superior de las murallas para obtener una panorámica general, aunque nos decepcionó la mala conservación de los restos de la fortaleza.


Desde allí se divisaba el moderno puente por el que, al día siguiente, atravesaríamos el golfo de Corinto para entrar en el Peloponeso.


Luego descendimos hasta el pequeño puerto que, dicen, es el más bonito de Grecia y se conserva igual que en el pasado, con sus muros y bastiones, los pequeños barcos y un entorno impecable de bares y terrazas. Un rincón de postal y con muy buen ambiente.







Cenamos allí, en medio de la plaza arbolada, frente al muelle, entre un ambiente lugareño, auténtico y atractivo. Y para colmo, el precio nos sorprendió por lo económico que resultó. De postre nos regalaron un bizcocho y unos botellines de ouzo, la típica bebida griega.




Alojamiento en el Hotel Niki, a pocos metros del muelle. Habitación amplia y agradable. Recomendable. 




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