2. KYOTO: ARASHIYAMA, NINNAJI, KINKAKUJI, RYONJI Y GYON.

15:39


En nuestro segundo día, éstas fueron las visitas que realizamos:
. Arashiyama (bosque de bambú, Tenryuji Temple y Iwatayama Monkey Park),
Ninnaji Temple
Ryoanji Temple
Kinkakuji Temple (templo de oro)
 Barrio de Gion.








ARASHIYAMA (8 octubre, 2017)


Salimos temprano de nuestro alojamiento y, aprovechando que hacía un día precioso,  nos dirigimos hacia la cercana población de Arashiyama, situada en la zona oeste de Kyoto. Especialmente, teníamos muchas ganas de conocer el bosque de bambú, una de las imágenes más típicas de Kyoto.

Para ello, tomamos el bus 11 y activamos un bono bus diario, que el día anterior habíamos adquirido en el Estación Central, y que nos permitiría enlazar todos los autobuses para las diferentes visitas que queríamos realizar. Otra forma de llegar allí es en tren, con línea JR, desde la estación de Kiotohasta la estación Saga-Arashiyama pero todavía no nos interesaba activar el JR Pass.

Tras media hora de trayecto llegamos a Arashiyama y, bajando del bus, dejamos a la izquierda el río Hozugawa, atravesado por el puente Togetsukyo "o puente que cruza la luna" y nos adentramos en la zona urbana por Arashiyama Shoten-gai, la calle principal, muy turística y animada.



Bosque de Bambú

Eran alrededor de las 9 de la mañana cuando nos introducimos por el sendero al Bosque de Bambú, que ya empezaba a tener visitantes.

Se trata de un pequeño recorrido con altísimos y flexibles troncos de bambú que, con el movimiento de la brisa,  emiten un suave sonido  que ha sido declarado por el gobierno "como uno de los 100 sonidos a preservar en Japón". Cuenta con más de 50 variedades de bambú,  algunos de ellos con más de 20 metros de altura. 

Antiguamente este bosque era reservado para la alta aristocracia japonesa y se convirtió en un destino muy popular desde el siglo IX al siglo XII. Afortunadamente, hoy en día, cualquiera puede visitarlo. 

Nos gustó conocerlo, es una visión muy diferente a los bosques habituales pero puede llegar a decepcionar en momentos de gran afluencia turística porque lo bonito no es sólo la imagen, sino el remanso de paz y tranquilidad que desprende.





Pero aunque el Bosque de Bambú es una atracción que por sí sola, lleva a muchos turistas hasta la zona, Arashiyama es una agradable población rodeada de bosques con magníficos templos y santuarios escondidos. Se pueden hacer rutas a través del río y otras actividades que llenarían todo un día pero que nosotros simplificamos por falta de tiempo.


Tenryu-ji

Del bosque de bambú entramos por una de las entradas al templo Tenryu ji (entrada: 500 yenes).

Considerado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, es uno de  los cinco templos budistas con jardín Zen mas famosos de Kyoto y es el más importante de la zona.  Su nombre significa "Templo Celestial del Dragón" .  

Fue creado en 1339 en memoria del emperador Go-daigo, después de que un shogun (sacerdote) soñara con un dragón que salía de un río cercano, hecho que se interpretó como que el recientemente fallecido Emperador Go-Daigo no estaba descansado pacíficamente.

Sus diferente edificios han sido reconstruidos en varias ocasiones como consecuencia de las guerras e incendios que sufrió pero lo más destacado es su jardín Zen, proyectado por el famoso jardinero Muso Soseki, que ha perdurado en su estado original a los largo de los siglos. Consta de  un gran estanque que capta el reflejo de las colinas cercanas, los árboles de arce y  grandes rocas colocadas formando un conjunto de gran belleza y armonía y que fueron los prototipos para los jardines japoneses, posteriormente construidos en diversos lugares.






Tejados  decorados con dragones, peces y otros símbolos.






Jardín japonés seco de arena rastrillada


Tori rojo o entrada al templo sintoista 



Después de la visita al templo, volvemos a la calle principal que estaba muy animada, ocupada en ambos lados por tiendas de recuerdos, artesanías, puestos de comida que ofrecen degustación gratis de los productos que venden,  restaurantes y varios grupos de jóvenes transportistas de rickshaw  que ofrecen sus servicios a los turistas.



En uno de los establecimientos entramos a comprar un delicioso helado de té verde Matcha (un tipo de té que se cultiva en Japón con plantaciones a la sombra), de sabor fresco con notas a hierba seca.




Muchos japoneses usan mascarilla para prevenir alergias, infecciones o simplemente por cuestiones de higiene o estéticas.


En el río Hozugawa hay barcas de pesca y otras que ofrecen servicios turísticos para pasear por  el río Hozugawa.




Iwatayama Monkey Park


Justo cruzar el puente Togetsukyo, a la derecha, un camino en ascenso lleva a la reserva de Iwatayama Monkey Park (entrada 550 yenes), un parque natural con macacos japoneses de rostro colorado. La subida es bastante dura y como además hacía calor se nos hizo muy pesada. Una vez arriba, nos encontramos con una pequeña explanada con unos 10-15 monos controlados por vigilantes y un pequeño recinto acondicionado para que los visitantes, desde dentro, den de comer a los macacos y así, al contrario que en un zoo, los que están encerrados son los humanos y los monos acuden a la reja para coger el alimento que les ofrecen y que se puede comprar allí por unos 100 yenes.







Conviene saber que si los miras fijamente a los ojos se lo tomarán como un desafío y te amenazarán con gritos y saltos mientras enseñan la dentadura,  algo que yo experimenté al agacharme para hacer la foto a uno de ellos. 


Desde Iwatayama Monkey Park hay una espléndida panorámica de la población de Kioto. 



Bajando del parque de los macacos se traspasa un pequeño santuario sintoísta. No obstante, consideramos que esta excursión es perfectamente prescindible, el camino es largo y muy pesado, especialmente si hace calor y mejor utilizar el tiempo en otra actividad, visitando algún otro templo o alquilando una barca por el río.



De Arashiyama tomamos, de nuevo, el Bus 11 y seguimos hasta la parada final donde enlazamos con el Bus 59 para visitar algunos templos situados más al norte, que también fueron catalogados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en el año 1994, aunque la mayor parte de ellos, a consecuencia de muchas guerras e incendios que sufrieron  a lo largo de su historia, han sido reconstruidos. El primero que visitamos fue el Ninnaji Temple, que nos encantó.



NINNAJI TEMPLE


Es el templo principal de la escuela Omuro de la secta Shingon del budismo, fundado en 888 por el emperador reinante y que fue casa de veraneo de la Familia Imperial, hasta que en 1869 se trasladó a Tokio. Los edificios más antiguos datan del comienzo del Período Edo, a principios del siglo XVII.

Se accede al templo a través de la enorme puerta principal de Nio-mon custodiada, en ambos extremos, por grandes estatuas del periodo Heian .





Se trata de un gran complejo con un bello palacio, magníficos salones  y encantadores jardines Zen, casas de té, salas de oración y hasta una pagoda de cinco pisos. 


Kon-do (edificio principal)


Entrada al Goten

El Goten, lo que fuera la residencia del sacerdote, es el edificio más importante. Cuenta en su interior con bellos murales, suelos de tatami y con un precioso jardín Zen.











Jardín de grava rastrillada que invita a la relajación y a la meditación. 


Para dejarse llevar, observar en silencio, meditar.



Y jardines de exquisita belleza con estanques, piedras antiguas, puente y una armonía natural que caracteriza a muchos de los templos budistas japoneses.










                            Ante la Pagoda de cinco pisos


Ninnaji Temple es uno de los templos que más nos gustaron de Japón. No suele haber tanta afluencia turística como en otros de la zona, por lo que es muy tranquilo Nos hubiéramos quedado horas allí relajándonos y explorando la belleza sus jardines y rincones que bien lo merecían pero teníamos que continuar  la ruta para conocer dos templos más. 

Tomamos de nuevo el bus 59 y bajamos en la parada de Ryoanji Temple

RYOANJI 

Construido en el siglo XV, pertenece a la escuela de budismo Rinzai y su atracción principal es el jardín de rocas de estilo Zen que fue diseñado en la época que se construyó el templo y es de una fascinante simpleza. Es rectangular, mide 25m de largo, 10 m de ancho y está compuesto por tan sólo 15 rocas situadas sobre pequeños círculos de musgo y grava cuidadosamente rastrillada con un rastrillo de bambú, que representa el flujo de agua, mientras que las rocas representan aves en el "agua" del jardín.

Uno de los juegos que se pueden hacer mientras se admira el jardín es tratar de contar las 15 rocas al mismo tiempo o desde un mismo lugar. Desde la mayoría de las posiciones, el número de piedras visibles es uno o dos menos que el complemento completo de 15, por lo que a menudo se toma para representar la imperfección


El jardín se observa desde la antigua residencia del monje superior a la que se entra descalzo, como en todos los templos.



Al lado y detrás de la residencia hay también pequeños jardines, uno de los cuales destaca por una pequeña cuenca de agua o "Tsukubai", que se dice que fue regalo al templo por una figura histórica. En los laterales tiene unas inscripciones que se pueden leer como: "Ware tada taru wo shiru" y que se han interpretado de varias maneras, una de ellas como "el deseo no conoce fronteras, así que déjate contentar con la situación actual", una conocida frase Zen. 

Los Tsukubai (蹲踞) son pequeños estanques dentro de algunos templos, que normalmente se utilizan para lavarse antes de la oración. En éste el agua fluye a través de una cañería de bambú


En el templo también se encuentra el gran estanque Kyoyochi, original de la época Heian, con un pequeño santuario entre grandes extensiones de loto. En el pasado, este estanque era famoso como un lugar para ver patos mandarines e incluso más popular que el jardín de rocas. Hoy en día, es un bonito lugar para pasear y tomar un relax.




Jóvenes parejas paseaban por el recinto vestidos de manera tradicional.


Después de esta visita seguimos el trayecto del bus 59 que nos lleva al templo dorado, uno de los más famosos de Kyoto.


KINKAKU-JI (PABELLÓN DORADO)


Este pabellón fue construido en 1397 como una villa de retiro para Yoshimitsu, el tercer shogun Ashikaga. Después de su muerte, y siguiendo sus deseos, la villa fue convertida en un templo budista Zen. 

 Entrada al recinto del templo


El pabellón tiene tres pisos, las dos plantas superiores están recubiertas con hojas de oro puro y funciona como un shariden, guardando las reliquias del Buda. Desgraciadamente, la estructura original sucumbió en 1950 por culpa de un incendio y, lo que vemos hoy en día es una reconstrucción de 1955.

El estanque donde se ubica es llamado Kyōko-chi (espejo de agua). En él, los  reflejos dorados del pabellón,  son  una escena inolvidable.








Cuando lo visitamos había muchísima gente agolpada hasta llegar a las proximidades del pabellón pero, una vez traspasado, pudimos disfrutar de un paseo tranquilo por el adyacente jardín japonés.

Eran ya las 16:30, hora de cierre a las visitas de los templos y, como ya no podíamos visitar ninguno, nos desplazamos con el mismo bus 59 hasta el barrio de Gion, 


BARRIO DE GION

Las calles donde el día anterior habíamos paseado de noche, estaban muy animadas, con un ambiente muy festivo y jóvenes con vistosos yukatas.






Los japoneses son un pueblo muy amable y simpático que se presta fácilmente a las fotografías.











Alrededor de las 17:30, cuando ya empezaba a anochecer, continuando por el centro de Gion vimos la colorida puerta del Santuario de Yasaka Jinja que ya estaba iluminada. También conocido como el Santuario de Gion es un lugar muy popular, con entrada libre y  abierto las 24 horas del día. Pasada la gran puerta, antes de llegar al templo, habían varios puestos de comida callejera y un ambiente festivo.


Centenares de farolillos de papel, denominados chouchin, cuelgan iluminados en la entrada del templo.





Estuvimos paseando por las calles posteriores al templo y finalmente nos fuimos a cenar.



Esta vez utilizamos el bono bus para regresar al alojamiento, situado a dos paradas. Aunque no era muy tarde, estábamos cansados y teníamos que reservar energías para el día siguiente porque, como en esta época del año anochece muy pronto,  debíamos madrugar.

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