CACHI Y CATA DE VINO EN SALTA.

22:33


Excursión a Cachi. Iniciando el recorrido por el Valle de Lerma, ascendemos por la Cuesta del Obispo, visitamos el Parque Nacional de los Cardones y llegamos hasta Cachi, una pequeña localidad ubicada dentro de los Valles Calchaquíes.

Por la noche, en Salta,  asistimos a una cata de vinos de la región.




28 de octubre. Cachi


Recorrido: 320 Km. - Duración: 12 horas - Salida: 7:00 a.m. - Regreso: 18 hs


Después de desayunar,  María Laura, la  que será nuestra guía durante la excursión, pasa a recogernos puntualmente por el hotel y, junto con varios personas más, partimos hacia Cachi, a 170 km al suroeste de Salta. La excursión tiene una duración de unas 12 horas y puesto que vamos a alcanzar los 3.348 m de altitud, nos sugiere que, además de agua,  compremos coca para superar el mal de altura:. Lo venden en hojas, caramelos, chicles. Nos para en una tiendecita y optamos por caramelos.

Iniciamos el trayecto por la Ruta Provincial 68, atravesando el fértil Valle de Lerma y las pequeñas localidades de Cerrillos, La Merced y El Carril, cuyo clima seco y frío es particularmente propicio para cultivos de verduras, frutas, ají, pimiento, tabaco, especies, alfalfa y la cría de ganado bovino.

Valle de Lerma
Más adelante,  nos desviamos por la Ruta Provincial 33 para pasar por la Quebrada de Escoipe y Los Laureles y después de un tramo de unos seis kilómetros, en los cuales el camino corre estrecho y tallado en la roca, alcanzamos Mal Paso, donde un puente de hierro y madera permite cruzar el río Escoipe. Algunas décadas atrás el puente no existía y cruzarlo era una verdadera odisea. 

La quebrada se encaja en rocas pizarrosas grises depositadas en lo que hace 550 millones de años fuera fondo oceánico.


Unos kilómetros más arriba está la hermosa quebrada del Maray y enseguida la hostería turística del mismo nombre, donde hacemos la primera parada para tomar un te de coca.




En esta zona no hay electricidad ni agua y en las casitas, aisladas, vemos muchas placas solares.


La Quebrada de Escoipe se abre paso a orillas de precipicios y barrancos para llegar a la Cuesta del Obispo, una carretera de casi 20 km, famosa por su tortuosidad, desde donde se aprecian las magníficas formaciones rocosas y muros naturales de camino.






Corona la Cuesta del Obispo con Piedra del Molino, el punto más alto del recorrido (3.348 m). Aquí hacemos una parada para la contemplación de las excelente vistas de El Valle Encantado.



Grupos de artesanos aprovechan este punto turístico para vender sus mercancías.  



Excelente embutidos de llama y quesos de cabra

Vendedora de especies: ají, chimichurri, pimentón, ....etc.

En Piedra del Molino se encuentra una piedra tallada en granito que da nombre al lugar y la capillita de San Rafael, en cuyo interior se ven las ofrendas al santo: cigarrillos, hojas de coca, velas, entre otras cosas.



Comienza el descenso y la vegetación va cambiando hasta llegar al Parque Nacional Los Cardones, un desierto de miles de cardones, que fue declarado área protegida para promover su preservación. Esta especie vegetal corrió peligro de extinción y hoy su tala está terminantemente prohibida. También están protegidos algunos animales autóctonos, como son la vicuña y el huemul .


La reserva tiene una extensión de 65.620 hectáreas y los cardones se multiplican por decenas de miles hasta donde llegan nuestros ojos, más allá del horizonte. Sólo tenemos que acercarnos a ellos para notar las diferencias: formas, tamaños, cantidad de brazos y colores, ... no hay uno igual que otro.


Para iniciar la visita hay una pequeña ruta marcada, de la que está prohibido salir ya que es fácil pisar los pequeños brotes, algunos enmarcados con piedras. Por año los cardones pueden crecer entre 1cm a 5cm y cuando alcanzan medio siglo de vida generan sus características flores blancas, las cuales, a los pocos días de nacer mueren, dando paso así a la formación del fruto: la pascana, fruto comestible del cual desprende alrededor de 80 mil semillas y sorprendentemente sólo una germinará al amparo de la jarilla.


La corteza de los cardones está completamente cubierta de espinas de tono dorado, que pueden llegar a medir hasta 30cm y que, hoy en día, son usadas por algunos artesanos como aguja para tejer lana de llama. 


Los cardones sirvieron durante años como alimento y fuente de agua tanto para los animales como para los hombres y mujeres que habitan desde tiempos inmemoriales esta región. Quizá por ello, todavía son venerados y respetados como si se tratase de un símbolo sagrado.



A pocos minutos de Cachi, se encuentra la  Recta del TinTin, una carretera muy recta que atraviesa el Parque Nacional Los Cardones y que, según estudios antropológicos e historiográficos, fue construida de manera artesanal por los pueblos originarios que habitaron la zona.


El paisaje es fantástico. Cerros pelados, con miles de colores, dependiendo del mineral que los componen,  iluminan el árido paisaje del desierto y los cardones.



Pasamos por el pueblo de Payogasta y, a pocos kilómetros de Cachi, hacemos una nueva parada en el Mirador Nevado (6.380 metros), la montaña más alta de la región de los valles Calchaquíes, donde también encontramos paradas con productos de la tierra.






Dulce de leche, mermeladas, 


Especies: ají, chimichurri, pimentón, .....

En la etapa final de nuestro destino, llegamos a Cachi, un bonito pueblo reposado sobre la ladera del Nevado de Cachi, y bordeado por río Calchaquí, donde el tiempo parece detenido en la época colonial. Todo blanco, con calles estrechas, veredas altas, esquinas sin ochavas, construcciones de adobe y plaza cerrada con una sencilla y bonita iglesia.

Comemos en un restaurante de platos regionales una ensalada, empanadillas y cabrito a la parrilla. Como el servicio es ligero, nos da tiempo a recorrer tranquilamente la localidad.



La iglesia de San José de Cachi, de mediados del siglo XVII, fue declarada Monumento Histórico Nacional. La fachada fue construida de adoble y en su interior algunas piezas son de madera de cardón.



Confesionario hecho con madera de cardón
Regresamos a  ciudad de Salta y Olga nos invita a la cata de vinos en una bodega,  una buena manera de completar el día. Conocemos a Fátima que nos acompaña con su coche y  a Lorena, una agradable sommelier de Bodegas Amalaya. Lo pasamos muy bien, en el evento han organizado unos juegos y Rafael gana una botella con la que obsequia a Olga. Pedimos a Lorena, que nos aconseje y compramos un Torrontés de Etchart Privado y un blanco de Bodegas Amaya. 



Olga y Fátima quieren enseñarnos algo más de Salta y nos llevan al barrio de San Lorenzo, a 10 km de Salta. Una urbanización con bellas casas señoriales del siglo XIX, enclavadas en las laderas de la montaña, entre la que destaca el Castillo de San Lorenzo, actualmente hotel y restaurante. Hacemos un pequeño recorrido hasta llegar a la Quebrada de San Lorenzo, un lugar trágico donde en el año 2011 fueron  encontradas asesinadas dos turistas francesas. El caso aún no está esclarecido, aunque parece que el poder político esta involucrado, porque Salta es una de las regiones con más corrupción de todo el estado. 

El barrio de San Lorenzo es un barrio privilegiado, nuestras amigas quieren enseñárnoslo todo, lástima que es muy tarde y apenas podemos apreciar nada.

Entramos en el Restaurante El Duende del El Barrio San Lorenzo enclavado en un bello lugar (de día con bonitas vistas a la Quebrada). Un local bonito,  con una curiosa decoración y entre empanadas de carne y  humitas, que estaban deliciosas, entablamos una agradable conversación.



Fátima propone subir al Cerro de San Bernardo con coche, para ver la panorámica de la ciudad iluminada, nos hubiera gustado pero estamos cansados y, al día siguiente, tenemos que madrugar de nuevo, para el tour de Humahuaca. Quedamos en avisarlas si regresamos pronto.

Ha sido un día muy completo y la tarde lo ha mejorado con la compañía de nuestras amigas. Lástima no tener más tiempo para seguir conversando y conocer más.

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