OPORTO Y GUIMERAES EN TRES DÍAS

18:19



Callejeamos por las empinadas calles de Oporto, entre edificios que sorprenden por el grado de precariedad en que se encuentran pero que desprenden el encanto de sentirse en una ciudad por la que no han pasado los años. 






- Mayo 2016 -  OPORTO 

Primer día

Oporto es una de las ciudades más antiguas de Europa, con un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad. No es una ciudad monumental como tantas otras a las que estamos acostumbrados a visitar y gran parte de sus edificios sorprenden por el grado de precariedad en que se encuentran, pero esa decadencia que desprende es parte de su encanto, de sentirse en una ciudad por la que no han pasado los años. 

Callejear por sus barrios, entre edificios que soportan el peso de los años, nos hizo sentir como en otro siglo y nos trajo el recuerdo arquitectónico de épocas de nuestra infancia.


La ciudad se puede visitar en un fin de semana puesto que los puntos de interés turístico están muy concentrados. Nosotros, con tres días, abarcamos todo lo más imprescindible e hicimos una pequeña escapada de medio día a Guimaraes. Para quien esté interesado, a continuación, adjunto nuestro programa.


Nuestro vuelo aterrizó a las 11h (1 h menos en España) de una mañana nublada y fresca (14º). Nos desplazamos a la ciudad por medio del metro: en la planta -1 del aeropuerto, sacamos una tarjeta andante de 1 título (1 título=1 viaje=1,85€ )

La Tarjeta Andante (Carteo Andante) sirve para metro, bus y funicular y se puede cargar con títulos sencillos, bonos de 10 o abonos diarios en las máquinas de venta automática de todas las estaciones de metro). 

Existe la tarjeta Porto Card con descuentos en transportes y lugares de visitas pero no la cogimos porque consideramos que no merecía la pena.

Las líneas de metro son:


Línea A (azul): Estádio do Dragão-Senhor de Matosinhos.


Línea B (roja): Estádio do Dragão-Póvoa de Varzim.

Línea C (verde): Estádio do Dragão-ISMAI.


Línea D (amarilla): Hospital São Joã-D. João II.


Línea E (violeta): Estádio do Dragão-Aeroporto.
La estación más importante de la red de metro y donde se puede hacer trasbordo con la línea D (amarilla) es Trinidade.

Para llegar a nuestro hotel, situado en la Plaça Batalha (casco antiguo de la ciudad) tomamos el metro dirección Stadio do Dragão (Línea E) y bajamos en la estación de Bolhao, que tiene salida a la calle Santa Catarina, la zona comercial y más importante de Oporto.

Justo a la salida del metro se encuentra la Capela das Almas, una pequeña y bonita iglesia revestida de azulejos de color azúl tan típicos de Portugal, donde captamos nuestra primera imagen .



En la misma calle Santa Caterina, un poquito más adelante, se encuentra el famoso Café Majestic, donde los turistas hacían cola para entrar y pensamos que mejor volveríamos al día siguiente para desayunar. 



La calle Santa Caterina termina en la Plaça Batalha, donde se ubica el Moov Hotel Porto Centro (un antiguo cine reformado), donde nos alojamos y que resultó muy práctico para conocer la ciudad al estar muy bien situado.

Justo al lado del hotel se encuentra la iglesia de San Idelfonso, donde se estaba celebrando una boda.


Nada más dejar el equipaje, nos pusimos en marcha. Bajamos por la Rua 31 de Janeiro, una arteria comercial con dos establecimientos que conservan unas bonitas fachadas de Art Nouveau y que entran dentro del patrimonio arquitectónico de la ciudad: La Casa Vicent y la Joyería Machado.


La Joyería Machado es un tienda familiar centenaria cuyo interior no vimos por estar cerrada por reformas.


Desde la calle 31 de Janeiro, hay una magnífica panorámica con la Iglesia y la Torre Dos Clérigos al fondo. Vimos subir el tranvía 22 que hace conexión entre la zona de la la Plaza de Batalha y la iglesia del Carmen, a donde nos dirigíamos, y pensamos que sería una buena idea regresar en él para ahorrarnos las cuestas tan pronunciadas.


Seguimos bajando por la de la Rua 31 de Janeiro y llegamos a la Plaza Almeida Garret donde, a la derecha, nos encontramos la iglesia Dos Congregados y, a la izquierda, la magnífica Estación de Sao Bento, La Sé y la Rúa das Flores.

La Iglesia Dos Congregados es una pequeña iglesia con la fachada típica de azulejos blancos y azúles. Fue construida en 1694 sobre los restos de una capilla anterior en honor a San Antonio y reconstruida en el s.XIX. Su interior llama la atención por la gran escalinata sobre la que se encuentra el Sagrario.



Grandes ventanales dan luminosidad al interior de la iglesia.



Junto a la Iglesia dos Congregados se encuentra la Estación de Trenes de San Bento, que fue construida a principios del Siglo XX sobre los restos del antiguo convento. Su fachada es señorial, pero lo que lo que tiene más valor es su interior decorado con más de 20.000 azulejos en los que se retrata la historia de Portugal y por los que parece no haber pasado los años.





Desde San Bento se puede tomar un tren para visitar la zona de los viñedos o hacia alguno de los bonitos pueblos de la región, entre los que destacan Guimaraes que decidimos visitar el último día.


Siguiendo por la la Rua 31 de Janeiro, llegamos a la Praça da Liberdade donde se encuentra el Hotel Intercontinental Porto (Palacio das Cardosas), un reformado palacio del siglo XVIII, con vistas a la gran Avenida de los Aliados. 


En uno de los extremos de la plaza vemos el famoso edificio de Mc Donalds, antiguo café imperial, que mantiene su estilo modernista incluso en el interior. Aprovechamos para hacer un paro en el camino y comer una hamburguesa.


Y con la excusa de un cafecito, entramos en el Hotel Intercontinental que es realmente bonito.



En frente del hotel Intercontinental se encuentra la Estatua de D. Pedro IV y al fondo de la llamada Avenida de los Aliados, el Ayuntamiento. Casi todos los edificios de piedra blanca que rodean esta avenida, fueron construidos a finales del siglo XIX, en un majestuoso estilo modernista.


El Ayuntamiento consta de una una esbelta torre del reloj que se abre a la Avenida de la Libertad. 


Seguimos por la Rúa Dos Clérigos que tiene una magnífica panorámica de la Iglesia, a la que entramos, y de la Torre Dos Clérigos que, al estar nublado, decidimos subir al día siguiente para disfrutar más de la panorámica.



Desde la iglesia dos Clerigos se divisa el inicio de la rúa 31 de Janeiro, de donde veníamos.


A la derecha, la Torre dos Clérigos, que aconsejan ascender por sus magníficas panorámicas.


Al lado de la Torre se encuentra la Casa Portuguesa do Pastel do Bacalhau, donde hacen demostraciones y catas. Por supuesto, no dudamos en probarlo. Lo sirven con acompañamiento de vinito verde. ¡Delicioso!


Sorprendente con qué rapidez y facilidad, hacía las bolas de bacalao con dos cucharas.



Justo al lado de la Casa Portuguesa se encuentra la Casa Oriental, fundada en 1910, historia de los productos alimenticios de la ciudad.



En las inmediaciones de la Torre dos Clérigos, se encuentra el jardín de la Cordoaria que tiene unos singulares árboles y unas esculturas de Juan Muñoz de hombres riéndose a carcajadas. 



Por la Rúa Das Carmelitas y llegamos a la Librería Lello, considerada como una de las más bellas de Europa y que se ha vuelto muy famosa a raíz de que la autora de Harry Potter se inspirara en ella.

La entrada vale 3 € que descuentan al comprar algún libro y permiten hacer cuantas fotos se deseen. No pudimos ver la fachada porque la estaban reformando pero por dentro es realmente mágica. Sus enormes estanterías de madera llenas de libros llegan hasta el techo, una preciosa escalera de madera labrada reina en el centro del local y sube al piso superior donde una magnífica vidriera proyecta luz natural, creando un escenario sin igual.





Seguimos por la calle Carmelitas hasta llegar a la Praça de Gomes Teixeira, popularmente conocida como la Plaza de los Leones, debido a la fuente que hay en el centro. Alberga dos iglesias barrocas construidas una junto a la otra: a la izda. la Iglesia Dos Carmelitas y a la derecha la Iglesia do Carmo. Al estar pegadas, muchos piensan que son un mismo templo, pero se diferencian claramente los distintos estilos de construcción que hay entre ambas.



La Iglesia das Carmelitas data de principios del siglo XVII. Su fachada de hormigón es más sobria que la de la Iglesia do Carmo. El interior fue enriquecido con retablos y púlpitos de talla dorada.




La Iglesia do Carmo, también posee la fachada principal de granito, pero con una rica y nutrida decoración rococó. El lateral está totalmente forrado con un gran mural de azulejos, elaborado en 1912, que representa la Imposición del Escapulario en el Monte Carmelo. En el interior destaca un retablo de talla dorada.






Cerca de estas iglesias se encuentra el Museo de Historia Natural, la Rectoría de la Universidad de Oporto y la Plaza de Carlos Alberto, cuyo centro está presidido por un monumento dedicado a los Caídos en la I Guerra Mundial.


Como delante de la iglesia Dos Carmelitas sale el tranvía 22, subimos y nos bajamos en la Plaza Almeida Garret. 


Cerca de la estación de San Bento, está uno de los restaurante que llevábamos en nuestra lista de recomendaciones "Cantinho de Avillez" ( rua Mouzinho de Silveira, 166 ) y nos quedamos a cenar. Comida innovadora, varias estrellas michelín, buen servicio y todo muy bueno. Como negativo el ambiente poco íntimo y ruidoso. 

Pedimos unas vieras marinadas, lascas (virutas) de bacalao confitado, toucinho-do-cel, 


Segundo día

Nos levantamos a las 8h. Nuestra intención era desayunar en el Café Majestic pero, ¡castigo de madrugadores, no habrían hasta 9:30h.!



Fuimos andando hasta llegar a la Plaza Libertade donde por fin vimos una cafetería abierta, al lado del Hotel Intercontinental y probamos las famosas natas, unos pastelitos de hojaldre con crema, muy ricos.



De allí nos fuimos hacia la Torre dos Clérigos, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Pertenece a la iglesia del mismo nombre (que visitamos el día anterior) y el conjunto, de estilo barroco, fue construido entre 1735 y 1748, por la hermandad de los Clérigos Pobres, en el lugar que se conoce como "el cerro de los ahorcados", ya que es el lugar donde se enterraba a los ajusticiados.

La Torre de los Clérigos es la torre más alta de Portugal; sus 76 metros de altura y los más de 200 escalones dan acceso a una privilegiada vista panorámica de Oporto. 

Subir por la angosta escalera fue un esfuerzo que vimos recompensado con las magníficas vistas de la ciudad. Está abierta todos los días de 9:00 a 19:00 horas.









Después de la torre bajamos por la calle São Bento da Vitória, a través de un laberinto de callejuelas medievales, para visitar el antiguo barrio judio, el monasterio de Sao Bento y la Iglesia de Nossa Senhora da Vitória. 



El barrio judío de Olival fue próspero en el siglo XIV. En aquel tiempo la tercera parte de la población de Oporto era judía, pero la proporción se redujo hasta el 1% tras la Inquisición.


En este barrio se encuentra el Miradouro da Vitoria, desde donde se aprecian unas bonitas vistas. 




Cerca del Miradouro, en la rua San Miguel n.4, hay un antiguo edificio que conserva unos azulejos que representan a la arquitectura portuguesa entre los siglos XVII y XIX.





Por la Rúa do Ferranz salimos a la peatonal y animada Rúa das Flores, que finaliza en la iglesia da Misericordia.




De aquí nos acercamos a la Sé (catedral) que está situada en lo alto de una colina, junto a las murallas que tiempo atrás protegieron la ciudad. Su construcción se inició en el siglo XII, por lo que presenta diferentes estilos. (Catedral: Entrada gratuita. Claustro: 3€ ).



El interior de la catedral es muy sobrio, las paredes están desnudas exceptuando el altar mayor y algunas capillas de estilo barroco. Las grandes columnas aumentan la sensación de estrechez y altura de la nave central. 


En los extremos de la entrada, hay dos preciosas piletas de agua bendita.


Merece mucho la pena visitar el claustro de la catedral, al que se accede desde el interior de la misma por una puerta situada en el lado derecho. Pertenece al siglo XIV y está decorado con azulejos que reflejan escenas religiosas. Desde él se accede a la Casa do Cabildo, donde se expone el "tesoro de la catedral", una colección de objetos de orfebrería religiosa.





En el centro de la plaza de la Catedral vemos el Pelourinho, una columna que era utilizada para colgar a los criminales, se les exponía públicamente y allí recibían los insultos e incluso algunos golpes de los ciudadanos. Ésta, en concreto, no llegó a utilizarse nunca y fue esculpida en 1940 para decorar la plaza.

Desde este punto hay unas vistas privilegiadas de la ciudad, del río Duero y de las bodegas que se encuentran a su vera.


Por uno de los balcones de la plaza vemos las características viviendas antiguas, con ropa tendida.



Tomamos el acceso que se prolonga desde la entrada de la catedral y empezamos a descender, entre viejas y estrechas callejuelas, por el corazón del barrio más antiguo: el barrio de Barredo. 



En el descenso, muy cerca de la catedral, vemos la Iglesia de San Lorenzo dos Grilos (siglo XVI-XVIII) que destaca por sus paredes prácticamente desnudas, a diferencia de la mayoría de las iglesias de Oporto siempre decoradas de forma excesiva. 






Salimos a la Rúa de Ferrereira Borges y llegamos a una plaza donde está el mercado que lleva su nombre (de color rojo) y el Palacio de la Bolsa .



El Palacio de la Bolsa fue construido sobre las ruinas del convento de los franciscanos que se destruyó en un incendio. Su construcción comenzó en 1842 y pasó casi medio siglo hasta su inauguración en el año 1891. Es un edificio neoclásico, calificado como Monumento Nacional. Las visitas son guiadas y dan horas dependiendo del idioma, por lo que vale la pena informarse antes de los horarios.

En el interior encontramos, en primer lugar, el patio central o Patio de las Naciones con los escudos de diferentes países, entre ellos España. El techo está cubierto por una impresionante estructura de vidrio. 


Subiendo por una preciosa escalera de granito y mármol se accede a las habitaciones, como la Sala Dorada cubierta con pan de oro, la Sala de las Asambleas Generales que parece cubierta con madera y, especialmente nos llaman la atención, el encaje de piezas de los suelos que son una maravilla.




Y así hasta llegar a la sala más importante: la Sala Árabe, con 300 m2, de estilo morisco, en la que se llevan a cabo las recepciones oficiales. Es preciosa, está inspirada en la Alhambra pero, eso sí, no supera para nada a la joya de Al-Ándalús.



El Palacio de La Bolsa de Oporto fue una de las mejores visitas de Oporto. Nos hubiera gustado quedarnos a comer en su restaurante “O Comercial" que tiene muy buenas críticas (tiene un menú de 13 euros) pero los domingos está cerrado, por lo que decidimos hacer un tentempié en uno de los bares de la plaza y probar la típica Francesinha de Oporto, un sandwich relleno de salchicha, jamón, bistecs de carne, queso, huevo, ..... muy rico pero una verdadera bomba calórica.


Después de descansar un poquito y con la energía renovada, nos dispusimos a visitar la iglesia de San Francisco, que se encuentra en la prolongación del edificio de la Bolsa. 


Aunque los orígenes de esta iglesia son románicos, posteriormente fue transformada al estilo gótico y más tarde adquirió decoración barroca. Los frailes franciscanos comenzaron a construir la Iglesia de San Francisco en el año 1245. Más tarde tuvo que ser reformada tras el incendio que destruyó el antiguo claustro y parte de la iglesia. El interior tiene tres naves revestidas con tallas doradas, en las que se cree que se emplearon más de 300 kilos de polvo de oro. Tanto es el oro que reviste la iglesia que, años atrás, fue cerrada al culto por ser demasiado ostentosa para la pobreza que la rodeaba.


En la nave lateral izquierda se encuentra uno de los mayores atractivos de la iglesia, el Árbol de Jesé, una escultura de madera policromada considerada una de las mejores del mundo en su género.

La Iglesia de San Francisco nos impresionó por su antigüedad y su ostentoso interior. Quedamos maravillados con todos los elementos arquitectónicos cubiertos por tallas de maderas doradas. Es una visita que no se debe perder.


Bajo el suelo de la Iglesia de San Francisco se encuentran las catacumbas, un lugar donde están enterrados muchos de los hermanos de la orden de los franciscanos así como algunas de las familias nobles de la ciudad.


Saliendo de la iglesia, tomamos a la derecha la Rúa de S. Joao que desciende hasta el río Duero, en la zona de la Ribeira.

El barrio de la Ribeira es el barrio más pintoresco de la ciudad y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Está situado en la ribera del río Duero, de ahí su nombre.


Desembocamos en la plaza el Cubo da Ribeira, una agradable plaza rodeada de viejas casas con coloridas fachadas, atestada de turistas. Junto a la escultura, obra de José Rodrigues, erigida sobre una antigua fuente, una pareja cantaba espontáneamente un fado. El barrio está rodeado de restaurantes de pescado y comidas típicas, y aprovechamos para reservar mesa, para cenar, en uno de los restaurantes de nuestra lista de recomendaciones.


En esta zona se unen los viejos barrios de Ribeira, Barredo y Miragaia, que descienden de las partes más modernas de la ciudad, cercados por las antiguas murallas Fernandinas.


El paseo junto al muelle es muy agradable, en algunos puestecitos se venden excursiones en barco por el Duero y visitas a las famosas bodegas que están situadas en la otra orilla. 


El puente de Don Luis I atraviesa el río y une la zona de la Ribeira con la orilla de Vila Nova de Gaia, donde se encuentran las bodegas. Fue construido en 1877 por el socio del autor de la torre Eiffel y su estilo lo recuerda. Es una construcción imponente, todo de hierro y con dos niveles, una inferior que se puede atravesar a pie o en coche y otra superior por donde circula el metro y también a pie. 




Desde esta zona accedemos por la parte baja del puente para pasar a Vila Nova de Gaia, disfrutando de las magníficas vistas de las dos orillas. 



A la derecha teníamos la orilla de la Ribeira:


A la izquierda la de Vila Nova de Gaia y las bodegas:


Más allá del cauce del río, se ve el Puente Infante D. Henrique, de tráfico rodado y el de más reciente construcción entre Oporto y Vila Nova de Gaia. 


Desde la orilla de Vila Nova de la Gaia tenemos una bonita imagen frontal de la colorida Ribeira.




Junto a la orilla están anclados algunos "ravelos" que son los barcos tradicionales que eran utilizados tradicionalmente para llevar las barricas de vino de Oporto desde los viñedos hasta Vila Nova de la Gaia. 


Hay muchas bodegas para para visitar y es importante saber que casi todas cierran a las cinco de la tarde. Casi todas tienen nombres o apellidos ingleses debido a que fueron éstos quienes, en el siglo XVII, y a causa de una guerra contra Francia, quedaron sin importaciones de vinos. Conocieron los vinos de la zona de Alto Douro e inventaron mezclarlo con aguardiente o incluso con brandy, para poder mantenerlo mejor durante la travesía hasta Inglaterra. De esta forma “inventaron” el vino de oporto. No es hasta la creación de la casa Real Companhia Velha, a 1781, cuando los portugueses comenzaron a entrar también en el negocio de este vino.

Nos decidimos por las de Sandeman. Las visitas son guiadas, por horas, según el idioma y cuando llegamos se iniciaba en portugués. Para no perder tiempo en esperas nos apuntamos.


El guía introduce en las bodegas caracterizado como el logo de la marca y durante el recorrido va explicando el proceso de la uva hasta convertirse en este preciado vino. Finalizado el tour por la bodega ofrecen una cata de dos vinos de oporto y si a alguien le interesa puede también adquirir los productos.


Finalizada la visita a la bodega paseamos por la orilla del río y subimos al teleférico que, en 5 min, lleva a la parte superior del puente de Luis I. 



Desde el teleférico las vistas de las dos orillas son impresionantes. 



Por la parte elevada del puente también circula el metro. Atravesándolo llegamos a la parte superior de la ciudad, junto a la Se´.


Por el lateral vimos subir el funicular dos Guindais, que comunica desde la orilla del río de la Ribeira el barrio de Batalha (donde se encuentra nuestro hotel) y una buena opción para volver después de nuestra cena en la Ribeira.


Como el día es largo, decidimos acercarnos a la Casa da Música. Tomamos el metro en la estación de San Bento, que es la línea D, amarilla, dirección Hospital Sao Joao. En la estación de Trinidade hicimos transbordo a la línea E, dirección aeropuerto y nos apeamos en Casa da Música.

A pocos metros, en la plaza Boavista, se encuentra esta futurista sala de conciertos, diseñada por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, que inició su construcción en 1999 para incluirla en el proyecto "Oporto 2001; Capital Europea de la Cultura". Su construcción se retrasó y no fue terminada hasta el año 2005. Hoy en día este edificio de peculiar forma exterior se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad. Con una magnífica acústica y un aspecto rompedor, alberga tres orquestas. 


Después de esta visita, regresamos con el metro al centro. Para ir a cenar a la Ribeira descendemos, una vez más, por el confuso laberinto de estrechas y tortuosas callejuelas del medieval barrio de Barredo. Las viejas viviendas, de varias plantas y aspecto lóbrego, se amontonan unas junto a otras en pendientes pronunciadas. El barrio desprende cierta sensación de soledad y abandono, que contrasta con el blanco de la ropa tendida y el verdor de las plantas que adornan las fachadas pintadas en ocre y blanco, añadiendo una nota de color y tipismo que hace que, en algunos momentos, nos olvidemos de las miserias que este barrio esconde.










Nuestro cansancio se ve recompensado con una buena cena en el restaurante Postigo do Corvao, donde disfrutamos de un buen pulpo al horno, bacalhaua y un delicioso vinho verde. Salimos tan satisfechos que reservamos mesa para el día siguiente, en el que nos encontraremos con nuestros amigos de Barcelona, Joan y Dolors.

Regresamos al hotel con el funicular que sube desde esta la orilla a la Praça Batalha, dando por finalizado el largo y completo día.

Al día siguiente, aprovechamos nuestra estancia en Oporto, para acercarnos a la bonita ciudad de Guimeraes y,  a la vuelta, aún nos dará tiempo de conocer algo más de esta ciudad.

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