RUSIA: SAN PETERSBURGO (2007)

18:47

RUSIA: SAN PETERSBURGO

De la estación de Leningrado,  en Moscú,  partimos  en un cómodo tren nocturno, amaneciendo en San Petersburgo, la capital querida por Pedro I el Grande como ventana hacia el mundo occidental. Bella e impresionante, la antigua Leningrado de los tiempos soviéticos, es el punto de referencia principal en la ruta de los zares, que tuvieron su Palacio de Invierno en el actual Museo del Ermitage. Su centro histórico fue designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 




Para el desarrollo de esta ciudad, el zar Pedro I se inspiró en Venecia y en Amsterdam, promoviendo la construcción de canales sobre el río Neva. En la labor participaron los mejores arquitectos e ingenieros rusos y  representantes de otros países europeos: Suiza, Francia, Italia,... y  bajo la influencia de la arquitectura que se desarrollaba en esos países, en el siglo XVIII, se construyó un gran número de monumentos y conjuntos de arquitectura barroca y neoclásica.


Nuestro hotel, situado al sur de la avenida Nevsky Prospektla calle principal y más popular,  nos permite descubrir, mientras callejeamos, muchos de los encantos de esta ciudad: palacios, museos, iglesias, catedrales, edificios de arquitectura  notable,... Con sus 4 km de largo, es una de las calles con más historia del mundo y  muchos los escritores la mencionan en sus obras: Dostoievski, Tolstoi, Godol, Puskhin, ...


Avenida Nevsky Prospekt
Entre los numerosos monumentos arquitectónicos ubicados en la avenida Nevsky, uno de los más notables es el palacio de los príncipes Beloselsky-Belozersky, construído en 1848, con una magnífica fachada decorada con pilastras corintias.

Palacio Beloselskiy
El edificio Singer  nos llama enseguida la atención. Construido entre los años 1902-1904  para la empresa alemana de máquinas de coser, pretendía ser el edificio más alto de la ciudad pero al no poder superar la altura del Palacio de Invierno, su arquitecto Pavel Suzor añadió una cúpula acristalada, que actualmente acoge una librería enorme, una tienda de recuerdos y un café.  


Edificio Singer
Edificio Singer

Grandes almacenes de los hermanos Eliseev (Eliséevsky Magazín)
Desde la calles más antiguas vemos sobresalir la torre del Almirantazgo, el primer edificio que se construyó en San Petersburgo para dar apoyo a las ambiciones marítimas de Pedro I y que fue la sede de la Escuela de Almirantes Imperiales Rusos.

Almirantazgo
Siguiendo la avenida Nevsky, atravesamos el Puente Anichkov, el primero construido y el más famoso de la ciudad. En cada extremo vemos las célebres célebres  estatuas, que representan las cuatro etapas del amansamiento de un caballo.

Puente Anichkov
En un lateral de la Nevsky vemos un gran edificio semicircular con  96 columnas, se trata de la Catedral de Nuestra Señora de Kazán (1801), otro delirio del zar pero esta vez de Pablo I, que ordenó su construcción a semejanza de la Basílica de San Pedro en Roma, para albergar el icono de Nuestra Señora de Kazán, símbolo de la fe rusa. 


La catedral se convirtió además en un monumento conmemorativo de la Guerra contra Napoleón y delante de ella se erigen dos monumentos a los mariscales Kutuzov y Barclay de Tolli.


Nuestra Señora de Kazán
Siguiendo por la calle Nevsky, a la derecha, junto al canal Gribaedova, surge una de las imágenes más emblemáticas de la ciudad,  la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada o Iglesia de la Resurrección de Cristo, construida en el lugar donde el zar Alejandro II de Rusia fue mortalmente herido por el atentando de un anarquista.



Es una iglesia vistosa, siguiendo el más puro estilo ortodoxo ruso, con una ornamentación de vivos colores que se reflejan en el canal y coronada por cinco cúpulas bañadas en cobre y esmalte, a semejanza de la catedral de San Basilio en Moscú. La construcción se inició en 1883 durante el reinado de Alejandro III, en recuerdo de su padre y se finalizó 24 años después.





En el interior de la Iglesia del Salvador se utilizaron mármoles italianos, piedras preciosas. Las maravillosas  pinturas, que representan escenas de la Sagrada Familia, no dejan un espacio libre entre muros y bóvedas. 



En la cúpula hay un bello mosaico con la imagen de Cristo Pantocrátor.


Después de la Revolución Comunista de 1917, la iglesia sufrió severos saqueos, fue un almacén de patatas y un depósito de decorados teatrales (los comunistas afirmaban que la religión era el opio del pueblo). Tras 27 años de trabajos de restauración,  abrió sus puertas pero no ha vuelto a ser consagrado como templo.



Más tarde nos acercamos a la Catedral de San Isaac, iniciada por Pedro el Grande el día de su cumpleaños. Modesta y de madera en su origen, sufrió diversas transformaciones hasta adoptar su aspecto actual. En 1842 fue reconstruida y revestida de mármol gris italiano. Carece de un estilo arquitectónico en particular, puesto que el mayor deseo del zar era que fuera una iglesia imponente, y lo es. 

Catedral de San Isaac y monumento del zar  Nicolás I a caballo.

La decoración del interior Catedral de San Isaac duró 16 años. Las paredes y suelos se realizaron con mármoles italianos, franceses y rusos, las columnas del retablo revestidas de malaquita y lapislázuli y cuenta con casi 400 obras entre esculturas, pinturas y mosaicos. La cúpula dorada alcanza los 102 m. y para conseguir su tono se necesitaron cerca de 100 kilos de oro; debajo de ella y a su alrededor, se pueden ver altorrelieves de bronce dorado.


Durante el periodo soviético la catedral fue transformada en Museo del Ateísmo, conservando su interior. Tiene capacidad para 14.ooo personas, sin embargo, desde 1931 la catedral sigue siendo  un museo. 

Ascendiendo al balcón de la cúpula, pudimos disfrutar de magníficas vistas de la ciudad.




Cerca del edificio de la Bolsa, a orilla del río Neva, vemos una columna rostral,  erigida para conmemorar una victoria militar naval. La antorcha de gas en la cima actuaba como faro para el puerto.


Las tumbas de los emperadores, desde Pedro el Grande hasta Nicolás II y su familia, no están muy lejos, en la Fortaleza de Pedro y Pablo, levantada sobre lo que fue el núcleo inicial de la ciudad a orillas del Neva. Dentro del recinto se encuentra la catedral de San Pedro y San Pablo, un templo ortodoxo ruso.


Nos dirigimos a la Plaza del Palacio, el centro neurálgico de la ciudad. Aquí acontecieron grandes sucesos en la historia rusa y en ella tuvo inicio la revolución bolchevique. Ocupa un gran espacio semicircular orientado hacia el Palacio de Invierno, que es parte del museo del Ermitage. En el centro hay una columna triunfal con la figura de Alejandro I que conmemora la victoria sobre Napoleón.

Pza. Palacio
Pza. Palacio
Entre  la Plaza del  Palacio y el malecón del río Neva, Pedro el Grande situó el Palacio de Invierno, la residencia principal de los zares rusos, en torno al cual, más tarde, bajo el reinado de Catalina II, se fue formando el futuro conjunto del museo del Ermitage, con sus innumerables tesoros. 




De esta manera el actual Museo del Ermitage, uno de los más grandes del mundo, nació sobre lo que fue la colección privada de los zares. Actualmente ocupa cinco edificios de épocas diferentes unidos por galerías. El principal es el Palacio de Invierno, el más fastuoso por ser la residencia imperial.  Pegado a su flanco este, se halla el Pequeño Ermitage,  construido para la vida privada de Catalina II. La emperatriz quería descansar de la vida oficial en un lugar más acogedor, por ese motivo el palacio fue denominado “Ermitage”, palabra francesa que significa “ermita”, y a él solamente podrían acceder sus invitados personales. Después viene el Antiguo Ermitage y sigue el Nuevo Ermitage. A estos cuatro edificios se añade el teatro que no se visita.

La Plaza del Palacio con el  Palacio de Invierno y el Museo del Ermitage. 


Al Ermitage se entra por el Palacio de Invierno. La majestuosa escalera principal es  un raro ejemplo del llamado barroco ruso del siglo XVIII, sin embargo, las salas del palacio son del siglo XIX, pues tras incendio de 1837 se reconstruyeron según la moda de la época pero, a pesar de que se convirtieron en salas de exposiciones, no han perdido todo su esplendor.


A continuación realizamos una visita guiada por diferentes salas del museo, que dicen que posee la mayor colección de arte del mundo (3millones de objetos catalogados, 60.000 de ellos expuestos). Una agradable guía nos iba orientando, al tiempo que nos narraba muchos acontecimientos históricos del lugar, incluyendo secretos de alcoba de Catalina que nos hicieron reir. 
Tan sólo una mañana en el museo que dicen que para ver todas las obras expuestas se necesitarían cinco días completos, concediendo sólo 15 segundos a cada obra. 


En las afueras de San Petersburgo hay otras impresionantes residencias que fueron testigos de los dramas, amores y pasiones de los zares.

Decidimos ir visitar por nuestra cuenta el Palacio de Perterhof (Palacio de Pedro), denominado "el Versalles ruso" y que es en realidad, donde Pedro I se inspiró tras su visita por Francia.

Peterhof es en toda su extensión una maravilla. Ocupa  una superficie de casi 1000 hectáreas y comprende 7 parques y más de 20 palacios y pabellones. Durante la guerra fue ocupado por las huestes hitlerianas que lo saquearon y destruyeron pero décadas más tarde fue magníficamente reconstruido.

Llegar al palacio es muy fácil, justo detrás del Ermitage, salen los barcos que  llevan hasta allí directamente (también  se puede ir con  microbus) y nada más desembarcar vemos al final del canal el magnífico edificio del Palacio Grande.


El Palacio Grande está situado en la parte superior de una pendiente abrupta, desde donde cae la Gran Cascada formada por 64 fuentes, que lanzan sus chorros de agua, simultáneamente, desde el nivel del palacio hasta el canal que lleva el agua hacia el mar. A ambos lados, se alzan majestuosas 255 esculturas de bronce doradas.





Quedamos maravillados de los  palacios y pabellones de Peterhof,  magníficas obras de la arquitectura de su época.  Actualmente son museos abiertos al público, con excelentes colecciones de pinturas y obras de arte.






Desde la muralla de los jardines de Peterhof,  una magnífica la vista del mar  Báltico.


En torno al palacio se crearon dos majestuosos parques, el conocido como Parque Superior, que cuenta con cinco fuentes y el Parque Inferior, abarcando una superficie de más de cien hectáreas, donde se encuentra el complejo de fuentes más grande construido por el hombre, con un grado inusual de belleza  y creatividad, que se alimentan de manantiales naturales, en una espectacular obra de canalización de más de veinte km de longitud, construida entre los años 1721 y 1724 por el ingeniero ruso Tuvolkov.


Peterhof fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1990.


Fuera del recinto de Peterhof, nos encontramos con la bonita Iglesia ortodoxa de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, un magnífico edificio de arquitectura rusa. 





Otro magnífico lugar, situado a uno 25 km al sur de  San Petersburgo,  que no hay que dejar de visitar, es el  grandioso Palacio de Tsarkoie Selo, hoy llamado Palacio de Catalina o Palacio de Verano regalo de Pedro el Grande a su esposa Catalina I , un monumento absolutamente fascinador de arquitectura y de jardinería del siglo XVIII . 


La  fachada, construida a lo largo demás de 300m,  está decorada con gran profusión de columnas y grandes ventanales, con el contraste de colores de barroco ruso: azúl, blanco, dorado. Un conjunto quizás demasiado recargado pero espectacular en todos los sentidos.







Escalera principal
La decoración de los interiores no deja de ser menos sublime.  Abunda el dorado y  las estancias, ocupadas por estufas de loza gigantes, guardan mucha historia.










Pero si hay una estancia que sobresale por encima de todas, es la  sala de ámbar.
En 1717, el Rey de Prusia, Federico Guillermo I, conocedor de que a Pedro I era un gran amante de las artes, le regaló un conjunto de magníficos paneles de puro ámbar que fueron utilizados para el revestimiento de una de las salas del palacio.  Una verdadera obra maestra ejecutada por el famoso arquitecto Rastrelli, en 1755. Considerada la Octava Maravilla del Mundo, se conservó hasta 1941, cuando Hitler invadió Rusia.

Pero los palacios cercanos a San Petersburgo fueron los primeros en ser bombardeados y, aunque los rusos fueron transportando sus valiosos tesoros a lugares distantes y seguros, no dio tiempo a evacuar la sala de ámbar y los alemanes la instalaron en el Palacio de Kónigsberg (Kaliningrado).

A su vez, cuando Alemania fue bombardeada y el palacio incendiado, la sala de ámbar desapareció y, a pesar de las minuciosa búsqueda que se realizó después de la guerra, nunca fue encontrada. Algunos dicen que había sido desmontada antes de los bombardeos, otros que fue quemada y otros que se hundió en los buques en cuyas cajas se transportaba. Un misterio por resolver.

En 1979, ante el fracaso de la búsqueda, el gobierno soviético decidió hacer una réplica basándose en fotografías de archivo. Después de grandes esfuerzos, 6 toneladas de ámbar puro, los mejores maestros y cerca de 8 millones de dólares, la nueva sala se inauguró en el año 2003, con todo su esplendor.

La sala de ámbar
La visita de la sala no deja a nadie indiferente, enteramente en ámbar de diferentes matices, con bellos espejos de Venecia, magníficos ornatos en oro,  lujosos candelabros en las paredes. Una visión fantástica que no permitían fotografiar pero, a pesar de la estricta vigilancia, con gran satisfacción, logré las dos imágenes.

La sala de ámbar
El palacio tiene un parque de 300 ha,  que se divide en dos partes: un jardín de estilo francés y un parque inglés, más salvaje y con numerosos pabellones.





De vuelta  a San Petersburgo, también visitamos fue el de Palacio de  Pavlovsk, más sencillo en comparación a los anteriores, situado en un entorno boscoso muy agradable. Fue regalo de la emperatriz Catalina II de Rusia a su hijo y heredero Pablo I y su esposa María Feodorovna para celebrar el nacimiento de su primer hijo, el futuro Alejandro I de Rusia.  



El interior del palacio de Pavlovsk es magnífico, vale la pena visitarlo. Pablo y María bajo la incógnita de "El conde y la condesa del Norte" viajaron por Austria, Italia, Francia y Alemania,  vieron los palacios y jardines de estilo francés de Versalles y de Chantilly que influyeron en el proyecto.

El salón del trono
Figuras del gabinete de  Maria Feodorovna

Las ventanas del palacio, con vistas al jardín.
Con la tarde libre, aprovechamos para dar un paseo por la ciudad y visitar un mercado, un lugar al que siempre nos gusta  acudir en todos los lugares que visitamos, cuando tenemos oportunidad. Nos gusta observar la diferencia de productos, el colorido, los precios. El mercado de San Pertersburgo era muy austero, los precios bajos y había poca gente.




En la calle, con frecuencia, la gente mayor instalaba paraditas para vender sus pobres pertenencias: platos, cucharas, tenedores viejos, revistas, zapatillas, flores, .... una manera de conseguir unos ingresos de apoyo a su insuficiente pensión. 


Y no podíamos marchar sin realizar un recorrido en barco por los canales, los puentes y el río Neva. Algunos rincones nos recuerdan a los canales venecianos.



Canal de Invierno








Llega el día en que tenemos que despedirnos de este país. Conservaremos con agrado los magníficos recuerdos. Nos encantó conocer la plaza Roja de Moscú, la Fortaleza del Kremlin, los monasterios medievales  del Anillo de oro, la ciudad de  San Petersburgo y su espléndido entorno,  reflejo de la Rusia imperial, que nos permitió trasladarnos a la opulencia de la época de los zares, considerada por muchos la más lujosa de la historia.
Un destino imprescindible para los amantes del arte, la cultura y la historia.











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