9. ISLANDIA: GLAUMBAER, BLÖNDUÓS, PENÍNSULA VATNSNES.

20:40

29 de julio 2013

El día se levanta fresquito y, cuando volvemos a pasar por Oxnadalur, la espesa niebla cubre de nuevo los picos de Faafjall, con gran desilusión nuestra. Dicen, que son unos de los más espectaculares de Islandia y nos hubiera gustado inspeccionar el lugar pero apenas se ve nada. Decidimos pues,  tirar  hacia la península Vatnsnes y por el camino  hacemos alguna parada.







Al llegar a Varmahlió, tomamos la carretera 75 en dirección a Sauðárkrókur. A pocos kilómetros está  la granja Glaumbær o Museo Etnográfico de Skagafjörður, centrado en las viejas granjas de turba y la forma de vida rural de los granjeros de los siglos XVIII y XIX.


El tejado de césped fue habitual en toda Escandinavia y en Islandia hasta época no muy lejana.  Nunca utilizaron la paja de centeno ni la escoba de las  antiguas construcciones rurales del centro y sur de Europa porque en Islandia no existe esa materia prima.
Las excelentes  propiedades aislantes de este tipo de tejado retienen el  calor creando un ambiente adecuado.



Para el armazón y el revestimiento de la casa, como en Islandia no había más madera que la que llegaba a la deriva sobre las olas, se utilizaron piezas de césped seco colocados de formas variadas y la falta de piedra obligó al uso de turba como alternativa y de lava, en otras.



Las casas son de  muy pequeña planta y adosadas unas a otras, para poder soportar el peso del tejado, cuando hay sobre él una gruesa capa de nieve  

La serie de seis casitas adosadas que mira al sur está unida por un corredor central que evita salir al exterior cuando la nieve alcanza una gran altura. A su vez, desde estas dependencias se accede a las cuatro largas naves construidas detrás. Cada edificio tiene su dedicación específica.

La entrada vale 1000 coronas (6 €) y la visita me pareció tan interesante, que paso a relatar algunos detalles.


La entrada principal de la casa tiene un pasillo que da acceso a las habitaciones. La más antigua es la cocina, construida en el año 1750. Se pueden ver herramientas y utensilios originales de la época. Sustituyendo a la leña se usaba turba y estiércol de cordero, secado.


La más nueva es la sala común, construída entre los años 1876 y el 1879. Contenía 11 camas y siendo corriente que dos personas durmieran en una misma cama, la sala podía albergar hasta 22 personas. Durante las largas noches de invierno se dedicaban a sus labores a la luz de pequeñas lámparas de aceite, mientras que un miembro de la familia amenizaba el ambiente leyendo historias o recitando poemas épicos. En ocasiones algún narrador de leyendas o recitador de poemas realizaba una gira por las granjas, llevando además noticias de otros lugares.
En cada cama había una tabla de madera, artísticamente tallada con una oración o verso religioso. Por el día ésta se apoyaba a la pared o se utilizaba como mesa a la hora de comer y por la noche servía como protección lateral para ajustar la ropa de la cama.
En espacio tan reducido, existía el derecho a la privacidad y era de ley que, lo que se  guardaba bajo la almohada, quedaba fuera del alcance de cualquiera y se consideraba bajo llave.
La sala azúl (1841) era el cuarto de los invitados, uno de ellos fue Jonas Hallgrímsson, uno de los poetas islandeses más apreciados. 
Otras dependencias interesantes son el desván, la bodega, la despensa,las cuadras, ...
  
Según la tradición oral del siglo XI, se cuenta que Snorri Þorfinnsson, que hizo construir la primera iglesia de Glaumbaer, fue el primer europeo nacido en el Nuevo Mundo, del que se tiene constancia, alrededor del año 1000. Hijo de la vikinga Guðríður Þorbjarnardóttir, famosa ésta no sólo por haber viajado a América sino también a Roma.



Finalizada la visita, volvemos a retomar la ruta . El cielo se va despejando pero hace frío.


Cuando llegamos a Blonduos lo primero que divisamos es su extraña iglesia, de culto luterano,  paramos a visitarla.
Habíamos leído que Blonduos es un lugar excelente de gambas y mariscos pero, como ya nos pasó otro vez, por más vueltas que damos, no localizamos ningún lugar donde degustarlas  y nos vamos decepcionados.

De aquí pasamos a la Península de Vatnsnes, un hermoso emplazamiento con un conjunto de escarpadas colinas en la línea de la costa.




Nuestro principal punto de interés es Hvitserkur, una curiosa formación rocosa en el mar,  que parece un rinoceronte. Se accede por un sendero desde el aparcamiento próximo a la carretera. 



Hvitserkur significa "camisa blanca", consecuencia de la gran cantidad de deposiciones, que las aves, que habitan en la zona, le han ido depositando y coloreando. El viento y las olas han esculpido tres agujeros en esta gran formación geológica, dando como resultado  una figura que recuerda a la de un rinoceronte o a un dinosaurio, aunque la leyenda cuenta que se trata de un troll que quedó petrificado por el sol del amanecer cuando intentaba destruir el monasterio de Thingeyrar.


 Esta península es también conocida como la ruta de la focas y parece ser, que una de las zonas donde más se concentran, es en la punta de la península, en Hindisvik, pero se trata de una propiedad privada y su entrada está prohibida. Un gran cartel así lo indica al principio del camino.

Más adelante, siguiendo por la península de Vatnsnes, vemos el signo de interés turístico de Illugastadir y acertamos al tomar el pequeño sendero que nos lleva a los miradores, desde donde podemos observar grandes colonias de focas y aves.
 


Hace mucho frío, las temperaturas han bajado y estamos a 10º. La lente del zoom se me ha roto y no puedo acercar las tomas con mi objetivo pero a pesar de todo, este lugar solitario nos encanta y dejamos pasar el tiempo entretenidos con los prismáticos que hay instalados en los miradores.






Tenemos que marchar y seguir la ruta que no deja de entusiasmarnos con sus bellos paisajes.



Llegamos a  la pequeña población de Hvammstangi y  paramos en la cafetería, junto la que hay instalados unos tradicionales secaderos de pescado.  Secar alimentos al sol y el viento es un antiguo método de preservación. El pescado fresco tiene aproximadamente un 80% de agua; por debajo del 25% las bacterias tienen problemas para crecer, y por debajo del 15% también los mohos. 

 Los secaderos están construidos con enormes palos de madera, de los que cuelgan los pescados para que se sequen al sol y al viento.  El olor es un poco desagradable. 
El pescado seco se utiliza para dar sabor a diversos platos y hacer sopas. Posiblemente el  más conocido en Occidente es el  bacalao, abadejo u otros parientes, secado en frío durante varias semanas en las playas rocosas de las frías y ventosas costas de Noruega, Islandia y Suecia.



Siguiendo la ruta, pasamos por pueblos cuyos  barrios están en fiesta y los decoran por colores (también lo vimos  en Husavik), algunos están en tonos  rojo, otros en amarillo, otros en verde, ... Participa toda  problación y es divertido ver la imaginación de los vecinos.


Llegando a Laugarbakki, nos hospedamos nuevamente en un Hotel Edda, sencillo y  muy correcto.

Cenamos en el hotel y nos vamos a dormir.

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