8. ISLANDIA: GODAFOSS, AKUREYRI Y PENÍNSULA DE TROLLASKAGI

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28 de julio 2013
Salimos temprano dirección a Akureyri pero antes nos desviamos para ver  Godafoss, que está anunciada en la Ring Road, muy cerca del hotel Edda.
Goðafoss (islandés: cascada de los dioses) es una de las cascadas más espectaculares dde Islandia.  Las aguas del río Skjálfandafljót caen desde una altura de doce metros y a lo largo de un ancho de treinta metros. 















Según la leyenda, el cacique Þorgeir que era pagano, lanzó las imágenes de madera de sus dioses a la cascada, tras su conversión al Cristianismo en el año 1000.


Pocos kilómetros después llegamos a Akureyri,  la capital regional del norte de Islandia que está ubicada al fondo del fiordo Eyjafjördur. A tan sólo 100 km al sur del Círculo Polar Ártico, está rodeada de montañas con nieves perpétuas, la mayor de ellas Súlur a 1.213 m sobre el nivel del mar, y Hlíðarfjall a 1.116 m.

Akureyri
 Es también puerto de partida para llegar a Groenlandia.


Lo primero que hacemos es dirigirnos a la Oficina de Turismo que está ubicada en el edificio Hof, un moderno centro cultural y de convenciones. Allí nos dan información y  planos de la ciudad  y  de toda esta península, denominada Trollaskagi. 

Hof Cultural and Conference Center
Con el plano llegamos fácilmente a la guesthouse, que a pesar de estar muy bien situada es un poco lío encontrar porque casi todas las calles terminan en "gata". La casa es antigua pero limpia y bien conservada , con salas comunes amplias y la habitación con baño propio.



Nos acercamos a la calle principal Hafnarstraeti, la más bonita , franqueada por terrazas de café, restaurantes y tiendas para turistas .




Junto a un comercio turístico nos encontramos con dos grandes trolls.
Como curiosidad, entre los trolls hay docenas de razas distintas; como rasgo común tienen unos ojos pequeños y unas grandes narizotas, comen grandes cantidades de pescado y son partidarios de la ley del mínimo esfuerzo. Y, como son muy limpitos, se bañan en las aguas termales subterráneas al menos una vez cada siglo, incluso si no les hace falta. Tardan cuatro años en nacer, diez en andar y otros diez más en hablar.

  
"Once upon a time..."
 El troll más conocido en Islandia es Gryla una duende maligna que se ha casado tres veces, su esposo se llama Leppaludi y se describe como un pelele. La leyenda dice que antes de Navidad cogió a los niños traviesos, los puso en su bolso y se los llevó a su cueva oscura y fría. Allí les hirvió en una olla grande y se los comió. 
Sus hijos son los muchachos Yule que, a pesar de que son hijos de esa horrible duendeaman a los niños.  Antes de Navidad, es tradición que los niños pongan sus zapatos en  la ventana y por la  noche los que se han portado bien consiguen golosinas y algún juguete. Si han sido traviesos consiguen un recuerdo de los muchachos Yule, por ejemplo, una patata cruda. Durante 13 noches van pasando hasta que llega el último en la víspera de Navidad.




Molestar a las místicas criaturas de elfos, trolls, hadas y duendes que viven por toda Islandia se cree que trae muy mala suerte, por lo que los habitantes humanos hacen casi cualquier cosa por evitar perturbar su tranquilidad y darles la bienvenida en sus casas.




A los trolls se les considera unas víctimas de la invasión de los vikingos, que llegaron, se asentaron en sus tierras y hasta les expulsaron de ellas. Y alardearon de haber descubierto una isla que ya estaba habitada por ellos desde miles (o millones) de años antes. Por este motivo, los trolls salen poco de sus guaridas subterráneas y siempre envueltos en la oscuridad. Las viejas leyendas les atribuye su nocturnidad a que la naturaleza les ha hecho vulnerables a los rayos del sol, por lo que a muchos de ellos se les supone petrificados en lo alto de algunas montañas o cerca de alguna costa, a la que no consiguieron llegar a tiempo; hay muchos cuentos populares en los que los humanos se salvan de los trolls en el instante decisivo justo por este motivo. 
Y aquí abajo, un descendiente actual vikingo.



La gente de Akureyri es también muy aficionada a las flores. Su bello  jardín botánico, Lystigarour Akureyrar, así lo demuestra. Hay plantas tropicales y especies de todos los países, lo que tiene un gran mérito al ser el jardín más septentrional del planeta. Un paseo muy agradable, la entrada gratuita.


Entre los principales monumentos de la ciudad destaca la Akureyrarkirkja, una prominente iglesia luterana de hormigón, muy poco estética, que sobresale de lo alto de una colina y a la que no podemos acceder porque se está realizando una ceremonia.

 

Eso sí, tiene unas fantásticas vistas del fiordo Eyjafjörðuy y del barrio antiguo de la ciudad .


Y en el barrio antiguo, se concentran las casas con más historia, como la Casa Laxdal que fue construída en 1795,  y que nos sorprende conocer,  que actualmente es un restaurante español (Tascas Rincón Canario). Lástima que a esa hora está cerrado.



 En esta calle hay un pequeño comercio llamada Brynja que dicen que es donde hacen los mejores helados de toda Islandia, los cubren con golosinas variadas. Por supuesto decido probarlo (400 coronas) y es delicioso pero se deshace demasiado pronto y tengo que comerlo deprisa.


Son las 15h cuando decidimos  recorrer el fiordo y nos vamos hacia el norte. Cogemos la carretera 82 pero nos vamos desviando por carreteras secundarias y rurales. Es un zona bella y tranquila, salpicada de casas y tierras de pasto y con un paisaje diferente al resto de lo que hemos visto. Hace una tarde preciosa y el tiempo más cálido que en el sur de la isla.





La primera población que llegamos es Dalvik, un núcleo pequeño y punto de partida de los ferries a la isla de Grimsey, la única zona de Islandia que se encuentra dentro del Círculo Polar Ártico y donde dicen que la cifra de las aves supera a las personas en una proporción de 1000 a uno . No tenemos tiempo para acceder a ella pero si para dar un paseo por su agradable y relajante puerto, entre el fiordo de Eyjafjördur y las colinas de Svarfadardalur.

Dalvik

Dalvik

Dalvik

Dalvik


Ponemos gasolina y siguiendo más hacia el norte, atravesamos un tunel de 3km para llegar a Olasfsljordur, un pueblo pesquero que, como toda la zona, trasmite una agradable sensación de aislamiento.


 
Olasfsljordur

Seguimos más al norte y atravesamos largos tuneles de un solo carril, con pequeñas zonas de aparcamiento cada 200m que permiten desplazarse cuando, por las luces, vemos que  se acerca otro vehículo en dirección contraria. Todos son gratuitos.
Y llegamos a Siglufjördur, una aislada aldea a los pies de una empinada ladera que se alza ante un fiordo de gran belleza. 



Un emplazamiento tranquilo en un marco espectacular.

 






Siglufjördur fue la capital islandesa de la pesca del arengue y, al desaparecer esta especie, de la costa norte, sufrió un inmediato declive del que nunca se ha recuperado. 
Nos entretenemos en una zona del puerto contemplando a las voraces gaviotas dándose un festín con la pesca recién llegada.



Al lado del puerto hay algunos edificios históricos, algunos de ellos se han convertido en museos, otros en excelentes restaurantes y cafeterías, en una de ellas entramos para tomar un tentempie antes de seguir nuestra ruta.



  De nuevo en ruta, seguimos pasando por paisajes privilegiados.







Pasamos por otro tunel de 830m, que al igual que los anteriores es de un solo carril, y llegamos a Hofsos, otro pueblecito pesquero. En el puerto destaca el histórico almacén de madera, de color azabache, construído en 1777, uno de los edificios de madera más antiguos de Islandia.



 En esta localidad,   la Lonely Planet recomienda un restaurante de pescado pero, por más vueltas que damos, no vemos nada anunciado ni nada que se le parezca y nos quedamos con las ganas.


Son 20.35 cuando, volvemos a Akureyri. Decidimos hacerlo siguiendo la ruta por el sur, que son más kilómetros que si retrocedemos por el norte pero nos ahorramos muchas curvas.
 Antes de llegar a Akureyri pasamos  por  Oxnadalur, un estrecho valle de 30km, con elevadas cimas  que franquean un estrecho puerto de montaña,  pero hay tanta niebla que apenas se divisa nada.



Cenamos en la guesthouse y nos vamos a dormir.


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