5. ISLANDIA: FIORDOS DEL ESTE

23:32

25 de julio 2013
De Arnanes vamos a Hofn, la ciudad más al este de la isla,  una localidad pequeña y tranquila pero sin gran interés. Hay un par de cortos senderos donde se puede pasear, uno pasa junto al señalizado hotel Hofn, el otro alrededor de las marismas y lagunas, al  final del promontorio Osland (a 1km del puerto), un lugar magnífico para observar pájaros.























































Cuando nos acercamos al monumento a los marinos, los pájaros de Hitchcok vuelven a atacarnos.

































En realidad se trata de charranes árticos o gaviotín ártico, de nombre científico Sterna paradisaea,  una ave marina de la familia de los estérnidos.































 El puerto es pequeño y colorido.







 Durante el viaje, a menudo vemos bolas de paja decoradas.


Caballos por todos los rincones. En muchos lugares se pueden realizar rutas ecuestres, de hecho es  uno de los negocios más rentables de Islandia. Nosotros no tuvimos ocasión por falta de tiempo pero nos hubiera gustado.
Los caballos islandeses son una raza especial que se mantiene pura desde tiempo de los vikingos, aunque sea difícil imaginar por su perfil pequeño y suave pero, la rigidez de la normativa ecuestre de este país ártico, es que caballo que sale de la isla, caballo que no puede volver a entrar. 
Su alzada varía entre los 125 y los 145 centímetros. Aunque vive en estado semisalvaje, es un animal muy dócil e inteligente y una de las razas más duras que existen.
 

Poco después llegamos a la laguna de Lon, donde hay una enorme colonia de nidos de cisne y muchas plumas en la orilla. 

En Djúpavogshreppur, a 57 km de Hofn, paramos para hacer unas fotos a la costa y, como tenemos tiempo, continuamos hacia los fiordos del Este: Djupivogur, Berufjordur, Breiddalsvik, Reydarfjordur




El paisaje no deja de sorprendernos. Magníficos prados de algodón ártico (eriophorum scheuchzeri) de extremada belleza.


La mayoría de los islandeses creen, o al menos no niegan, la existencia de los duendes o elfos y  es frecuente ver en sus jardines o en la puerta, pequeñas casitas que construyen para ellos. Y de hecho, las construcciones de carreteras o edificios, siempre se hacen teniendo en cuenta de que no se destruya ninguna posible vivienda de ellos.

 Djupivogur

En Djupivogur (fiordo de Beruufjordur),  una pequeña población con cuatro casas y  una iglesia, había un comercio con colecciones de vestidos y complementos realizados con cuero de pescado. Parece ser que es un material que se utiliza desde tiempos lejanos y  hasta se confeccionaban los zapatos de lobo marino. Se utilizan especies como el salmón,  la ánguila, el bacalao, el tiburón, la raya  y otros peces más exóticos. Los diseñadores y las casas de moda están entusiasmados con este material, y hasta marcas exclusivas como Dior, Delage, etc.,  lo utilizan.


Un cartel señaliza una zona de interés turístico llamada Eggin i Gleoivik, que llega a un puerto con unas esculturas de huevos, que no fotografiamos porque no entendemos el significado. Cerca un pescador tiene una pequeña tienda-museo, no excesivamente turística, con esqueletos de peces, aves y minerales, en la entrada tiene un esqueleto de ballena. Entramos y hacemos alguna adquisición.















Al llegar Reyoarfjordur, tomamos la carretera 92 y, a los pocos kilómetros, nos desviamos por la 953 que es de tierra pero en buen estado y transitable para cualquier vehículo, hacia el fiordo de Mjoifjordur. La carretera enseguida empieza a subir un precioso puerto de montaña, con nieve y lagos medio helados. 



La carretera de bajada al fiordo es preciosa y va siguiendo el curso de un río que baja en sucesivas cascadas.  






Y saltos de agua azúl proveniente del glaciar.

 
El paisaje es magnífico y las vistas una vez llegados a la cima sencillamente espectaculares. Mjóifjördur es un fiordo no muy profundo pero hay quien dice que es uno de los más hermosos de Islandia.






Volvemos a la carretera 92 y llegamos a Eglisstadir, alli tenemos nuestro próximo alojamiento, en una agradable guesthouse regentada por un grupo de jóvenes.

 Y como aún no es tarde, decidimos aprovechar las últimas horas del día para visitar el fiordo de Seydisfjordur enlazando con la carretera 93.
Aquí , al igual que en el fiordo anterior,  la carretera sube por un puerto de montaña con lagos semihelados y paisajes de una belleza que nos fascina.






Y al final del fiordo, el pueblo es el más bonito de todos los que veremos por la isla. Situado en un entorno privilegiado, con  pintorescas casas de colores y edificios históricos. La iglesia de color azúl y un pequeño puerto ofrecen una estampa incomparable.


 En las mayoría de las casas de Islandia, como en muchos países nórdicos, es  costumbre sacarse los zapatos antes de entrar (en todas las guesthouse que estuvimos tenían un zapatero a la entrada) es una forma de proteger de la lluvia y la nieve el suelo de parquet .

Ya de vuelta, repetimos el paisaje pero los colores van cambiado con la caída del sol. Un lugar entre los más fantásicos.


 









 Son las 21h cuando nos vamos a dormir y, a pesar de la puesta de sol, aún no es noche cerrada.











































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