8.HIMEJI

20:40


A primera hora de la mañana, de la estación de Shin-Osaka, tomamos un tren Hikari con destino a Himeji para visitar su castillo, uno de los más importantes de Japón. Luego nos desplazamos a Shirahamanomiya para asistir al Festival Nada no Kenya de la lucha de Shirahama. Por último, cambiamos de destino y terminamos el día cenando ramen en Kanazawa.






CASTILLO DE HIMEJI (14 de octubre, 2017)

Nos levantamos muy temprano, desayunamos y en la estación Shin-Osaka, utilizando nuestro JR Pass, tomamos el tren directo Hikari hasta la cercana población de Himeji,  un trayecto de 29 minutos de duración.


Al llegar a Himeji dejamos las maletas en una taquilla de la misma estación (al final del día nos desplazaríamos a otro destino) y nos dirigimos a la salida de la puerta principal. Allí parten autobuses y taxis en dirección al castillo pero, como habíamos llegado más temprano de lo previsto, decidimos ir dando un paseo a lo largo de la calle Otemae-dori, que se encuentra justo al salir de la estación. Llegamos en unos 20 minutos. 

A medida que nos íbamos acercando, veíamos la imagen majestuosa del castillo, situada en lo alto de un promontorio, que domina toda la ciudad. Su arquitectura militar está suavizada por elegantes líneas estéticas y los japoneses lo llaman "el castillo de la garza blanca" por el parecido que guardan los muros encalados que se estrechan, a ambos lados de la torre, con un ave emprendiendo el vuelo. 



El castillo de Himeji, está considerado como uno de los doce castillos originales que hay en Japón porque jamás ha sido destruido (ni reconstruido), ni se ha visto seriamente dañado a causa de guerras ni desastres naturales como, por desgracia, les ha ocurrido a otros y fue el primer Patrimonio de la Humanidad Cultural registrado de Japón.

Su construcción comenzó por el año 1.400 y, con el paso del tiempo, en su interior, se fueron levantando las 80 estructuras diferentes que forman parte de él. En 1609 Ikeda Terurnasa (samurái y daimyō japonés) edificó la torre de cinco plantas, transformando el modesto fuerte militar en un símbolo de autoridad y poder feudal.



 Todo el edificio es de madera pero está encalado para protegerlo de los incendios.




Abren a las 9 de la mañana, aunque aconsejan llegar con mucha antelación por la gran afluencia de visitantes. Como era  pronto y no había casi nadie, nos entretuvimos por la zona exterior conocida como Sannomaru.



Divertidos con unos carteles en la zona Sannomaru.

Ese día había una exposición de bonsais y crisantemos. Es curiosa la forma en que orientan el crecimiento de las plantas con estructuras de hierro.



Para visitar el interior del castillo, la entrada cuesta 1.000 yenes y ofrecen combinarla con la de los jardines que están justo al lado.












Es típico de los castillos japoneses el entramado de puertas, muros y murallas en el interior de su estructura, a modo casi de laberinto, con la idea de dificultar la llegada a la torre principal de los posibles ejércitos invasores. Este castillo nunca fue conquistado y además, cuando la ciudad de Himeji fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial,  se salvó milagrosamente.


Los tejados del castillo están formados por una técnica que combina alternativamente tejas planas y redondas y en las juntas entre teja y teja se ha colocado estuco. Algunas están marcadas con blasones.






El castillo es impresionante y vale la pena visitarlo por dentro. Consta de 6 plantas y un sótano que están en un estado impecable.


Se alcanzan los niveles superiores, del interior del castillo, ascendiendo por estrechas escaleras y aunque no se conserva nada del mobiliario original, nos encantó visitarlo por dentro y ver la estructura, que está realizada completamente de madera, y la complejidad de su construcción. 




En cada piso hay carteles informativos, en varios idiomas, que explican los principales rasgos arquitectónicos y los esfuerzos de conservación y restauración que se han realizado.

Maqueta de la estructura interna.


Desde la planta superior se obtienen unas vistas espectaculares de la ciudad, del castillo y de sus alrededores.




Los tejados japoneses de templos y casas antiguas, suelen llevarlas adheridas figuras o gárgolas para alejar a los espíritus malignos y la constante amenaza de fuego para los edificios de madera.





Gárgolas del tejado.


El castillo se ha utilizado como escenario de un buen número de películas, entre ellas "Sólo se vive dos veces" del agente 007 y  otras como la de James Bond descendiendo en helicóptero en el patio San-no-maru.

Patio San-no-maru.

El castillo de Himeji fue el más hermoso de todos los que visitamos en Japón. Sólo por verlo vale la pena desplazarse a esa ciudad. 


FESTIVAL NADA NO KENYA 

Después de visitar el castillo de Himeji nos dirigimos a la estación Sanyo Himeji, situada en frente de JR Station Himeji. Un tren local nos llevó a la cercana localidad de Shirahamanomiya, donde los días 14 y 15 se celebraba el  Festival Nada no Kenka Matsuri o "festival de la lucha".

El nombre de Festival Nada no Kenka Matsuri  proviene de un ritual, que consiste en una curiosa lucha de altares portátiles o “mikoshi” que son golpeados, los unos contra otros, por los hombres que los cargan a hombros.

Bajamos en la segunda estación, tras diez minutos de trayecto. La pequeña localidad estaba muy animada y en el templo Matsubara Hachiman, situado en la plaza principal, unos templos portátiles estaban expuestos mientras la población se encontraba reunida alrededor de un espectáculo.



















Por la puerta principal del templo, un grupo de hombres, con largas varas de bambú decoradas con cintas de papel de colores, llegaron escoltando las carrozas que entraban, a hombros,  de un grupo de jóvenes vestidos con tan sólo un taparrabos y una cinta en la cabeza, dependiendo el color del equipo al que pertenecían.

Las carrozas estaban adornadas con preciosas tallas de madera y detalles dorados. Los hombres empezaban a empujar unas contra otras, en la zona que rodea el santuario, mientras entonaban un estribillo y un sonido de tambores. Quedamos anonadados mirando el espectáculo.

Se trata de una pelea sin reglas específicas pero sólo entre carrozas, no entre personas. Los diferentes equipos golpean unos a otros sin orden ni sentido y cuando una se alza por encima de otra, se considera que ha ganado la batalla. 













Quieres ver un pequeño vídeo? PULSA AQUÍ.




Dentro de la carroza un joven anima a la lucha dando órdenes para que su equipo realice diferentes movimientos y cánticos. Es muy curioso de ver.







El festival es muy popular y ha sido clasificado como Bien Cultural de la Prefectura de Hyogo. Nos llamó la atención no coincidir con ningún turista occidental.


A medida que pasaban las horas la alegría iba en aumento, posiblemente con la ayuda del sake.


Asistimos a una parte del festival entusiasmados, nos hubiéramos quedado hasta el final pero teníamos que regresar a Himeji y tomar el tren hacie un nuevo destino.

Por una de las calles nos cruzamos con otro equipo que llevaban cintas verdes y se dirigía al templo.








Shirahama es una aldea tranquila, de casas bajas con bonitos jardines japoneses.


Cerca de la estación nos hizo gracia ver a un vendedor que entregaba sus helados con juegos de malabarismo, tal  y como habíamos visto en uno de nuestros viajes a Estambul.



En la estación JR de Himeji, recogimos las maletas y tomamos un tren hacia Kyoto, donde enlazamos con otro shinkansen hacia la nueva localidad de Kanazawa. Durante el trayecto atravesamos unas zonas con espesos bosques, se trataba de los denominados Alpes Japoneses.



KANAZAWA


Nada más llegar a Kanazawa dejamos las maletas en el hotel, situado en frente de la estación y, antes de ir a cenar, decidimos ir a Higashiyana Higashi, conocido como el barrio de las geishas. Cuando llegamos, era un poco tarde (a las seis anochecía) y casi todo estaba cerrado. Nos llevamos una decepción pero, a pesar de todo, nos introducimos por sus callejuelas.



Entramos en uno de los pocos locales abiertos a tomar un té y probamos unos dulces artesanos que estaban deliciosos, una especie de mazapán muy suave con frutas naturales en su interior. Elegimos uno relleno de higo y otro de naranja.



Regresamos al hotel andando mientras intentábamos localizar un restaurante para cenar,  aún no eran las 8 de la tarde y no encontrábamos ninguno abierto. En un callejón vimos un grupo de jóvenes que hacían cola delante de un local y nos paramos a preguntar. Se trataba de un restaurante especializado en ramen y, como nos lo aconsejaron mucho, decidimos quedarnos. Mientras esperábamos nuestro turno, la empleada nos trajo una carta con la lista de platos y nos preguntó que deseábamos. No lo apuntó pero cuando entramos ya lo habían preparado. Elegimos uno de carne y otro de sepia. 




Habíamos oído que una de las normas para comer ramen es sorber los fideos del cuenco, sin miedo a hacer ruido pero  resultaba curioso escuchar el sonido de los comensales. La comida nos gustó, resultó sencilla pero muy sabrosa y la acompañamos con unas cervezas de la región. Los precios bastante moderados.




Como hacía frío, de allí nos fuimos al Hotel Dormy Inn, que estaba situado en frente de la estación, muy cómodo para el poco tiempo que estaríamos en la ciudad.


Esa noche nos hizo gracia ponernos los pijamas del hotel que encontramos preparados encima de la cama.

¡Hasta mañana!.

SEGUIR LEYENDO:   KANAZAWA/TAKAYAMA

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