10. TAKAYAMA/TOKYO

15:00



Recorremos el pintoresco barrio antiguo de Takayama, con sus casas de madera bien conservadas, templos, santuarios, mercados, tabernas, tiendas y destilerías de sake.

Finalmente nos desplazamos con el JRPass a Tokyo y nos ubicamos en un bonito apartamento donde pasaremos el resto de nuestra estancia en Japón.





TAKAYAMA

Es una preciosa ciudad tradicional situada en la zona conocida como los Alpes Japoneses. Debido a su emplazamiento entre montañas, es pobre en agricultura pero muy rica en madera. En el siglo VIII fue requerida para el pago de impuestos, que en esa época se medían en enormes cantidades de arroz y como la región era incapaz de producirlo, recurrió a la madera a través de sus mejores artesanos, ebanistas y carpinteros que hicieron magníficas obras, templos y palacios, reconocidos durante varios siglos.  Declarada con todos los honores como fuente oficial de madera, entre 1692 y 1868, la zona permaneció bajo el control directo de los shogunes y muchas de sus casas han permanecido intactas hasta nuestro días. 


Empezamos el día desayunando en el comedor del ryokan con los yukatas puestos. Nos dieron  a elegir entre desayuno japonés o continental y  pedimos uno de cada. Los dos eran abundantes y aunque el tradicional japonés no nos gustó mucho, la experiencia estuvo bien.




A continuación  nos  acercarmos al mercado de Asaichi que se celebra, todos las mañanas,  de las siete hasta mediodía, a orillas del rio Miyazawa, entre los puentes Kaiji y Yayo. En estos puestos se venden verduras, hortalizas, frutas, setas de la temporada, ropa,  artesanía,...

A pesar de que seguía lloviendo y la incomodidad de los paraguas, fue interesante observar todos los productos expuestos. Algunos tenderetes ofrecían pequeñas catas.











Avanzando unos metros por la calle principal, llegamos al templo Hida Kokubun-ji, el más antiguo y venerado de la ciudad. Fue construido en el siglo VIII y dedicado a la paz de la nación. En el patio hay una impresionante pagoda de tres pisos y un árbol gingko de más de 1200 años de antigüedad.


Junto al  templo  hay unas estatuas de Jizo con gorritos y baberos rojos y un pequeño santuario con ofrendas de saru-bobo, una muñeca de color rojo, con extremidades puntiagudas y ropa azul o negra. 








Las saru-bobo son un auténtico símbolo de la ciudad, que podemos encontrar en todos los tamaños y artículos posibles. Se asemejan a las muñecas que las abuelas de la zona hacían para sus nietos con materiales de costura en el pasado.  Son también una especie de amuletos y no nos pudimos resistir a comprar algunas de recuerdo.








La calle principal, Kokubun-ji-dori,  divide a la ciudad en dos mitades y  atraviesa el río Miya-gawa  por el puente Kaji-bashi, reconocible por una extraña figura de bronce con larguísimos brazos apuntando al cielo.




Desde este puente tenemos una bonita vista de las antiguas casas de madera, del barrio de Sannomachi, que asoman al río Miya.



Pasado el río se encuentra la ciudad vieja, sobresaliendo tres calles que le dan nombre a la zona: la calle Ichinomachi, la calle Ninomachi y la calle Sannomachi. Este antiguo barrio es uno de los mejores preservados del país del período Edo, momento en que la ciudad era un rico pueblo de comerciantes. Hoy sus casas funcionan como museos, galerías de arte, tiendas de artesanía, restaurante, cafeterías, destilerías de sake, ... 




Más que una ciudad parece un pueblo y resulta agradable pasear entre las pintorescas calles y casas de madera bien conservadas, templos, santuarios, mercados, tabernas, tiendas. 




Las calles evocan al Japón tradicional y hasta se puede recorrer en rickshaw. 









Como es una zona con mucho encanto se ha vuelto muy comercial y turística.


La mayoría de los establecimientos tienen un gusto exquisito, tanto en la exposición como por los artículos que venden.


En algunas  zonas hay bonitas plantas a la entrada de las casas .









Takayama está rodeada de aguas puras que resultan idóneas para la destilación del sake. Tiene  ocho destilerías antiguas, que se pueden  visitar durante la época de destilación, en enero o febrero. La mayoría lo venden  todo el año ofrecen visitas guiadas y catas. Se distinguen por las bolas de hojas de cedro que cuelgan sobre sus puertas de entrada. 



En algunas entradas se exponen espectaculares barriles de sake, cada fábrica los diseña con su logo. Los  venden más pequeños,  perfectos para traer de recuerdo.




En una de las destilerías hicimos una cata y nos dieron a probar cinco clases de sake.  Es una bebida alcohólica de entre 14 a 16 grados, que se obtiene a partir del arroz, de la cebada o incluso de los boniatos . Estaba muy bueno. Nos dieron un vasitos pequeños y el sake estaba frío, aunque también se puede tomar caliente. 



En otros comercios vendían especies y productos típicos de la zona.


Compramos una botellita de aceite de soja.



Había artesanías, objetos de regalo y recuerdos muy bonitos, aunque no baratos. Aprovechamos para comprar unas muñecas japonesas de papel, preciosas.



Probamos las típicas las tortas de arroz, recubiertas con salsa de soja, que hacían al momento en unas parrillas.











Visitamos algunas casas antiguas cuya arquitectura apenas ha cambiado, desde el periodo de Edo, como la inmensa Oficina Gubernamental que, además de la recolección de impuestos enviados al shogun ( de ahí sus graneros y almacenes de arroz al lado del edificio principal),  sirvió de prisión. Se puede ver una exposición de aparatos de tortura y representaciones gráficas de cómo se utilizaban. 








Otras de las construcciones de madera que visitamos fue la casa Kusakabe, que era la vivienda de un acaudalado mercader. Está construida con madera de ciprés japonés y se caracteriza por su funcionalidad, por la disposición de los espacios y por unos altísimos techos donde nacen las espigadas y anchas vigas. 










Se pueden visitar las dependencias descalzos, el suelo de tatami está muy bien conservado,  e incluso sentarse a tomar un té .



Un clásico en Takayama es cruzar el río Miyagawa por el puente rojizo Nakabashi, que une la zona más moderna de la ciudad con su barrio histórico. Su color rojo contrasta con la madera oscura de las casas de alrededor.





Pasear por el casco antiguo de Takayama es muy agradable. La lluvia sirvió de excusa para pasear tranquilos y  entrar en varios establecimientos con detalles de un gusto exquisito, hacer catas de productos típicos de allí (además del sake), visitar edificios-museos muy bien conservados y a comprar algunos recuerdos. 

Pero, como el tiempo empeoraba, decidimos volver al ryokan, recuperar nuestras maletas y dejar Takayama. Sacrificamos la visita al santuario Sakurayama Hachimangu y la aldea típica de Hida pero adelantamos nuestra llegada a Tokio, que tampoco nos fue mal.

A las 12.33 salíamos en un tren local hacia Nagoye y allí hicimos cambio al Shinkansen Hikari, llegando a Tokyo a las 17:10.

TOKYO

De la tranquila y acogedora Takayama  al contraste con la ciudad de Tokyo.

El tren nos dejó en la enorme estación de Ueno,  uno de los centros de transporte por excelencia de la ciudad. De allí teníamos que enlazar con la línea de metro a Asakusa para llegar  al apartamento que habíamos reservado a través de airbnb.

Durante unos momentos estuvimos desorientados por completo, no sabíamos por dónde tirar, todo era muy caótico, con gente y pasillos en todas las direcciones. Una mujer nos ayudó y nos acompañó hasta el punto donde teníamos que tomar la otra línea y, no sólo eso, nos compró los billete que no quiso cobrar. Una vez más quedamos sorprendidos y admirados de la amabilidad nipona.

Cuando llegamos a la estación de Asakusa, no fue tan complicado, los anfitriones del apartamento nos habían enviado una guía y las instrucciones de forma muy clara y concisa de cómo llegar, a pocos minutos de la estación.

La llave la habían dejado en un armario de contadores de la escalera con un candado, cuya clave nos habían enviado.



El apartamento nos gustó mucho, era tal cual lo habíamos visto por internet. Acogedor, tranquilo, decorado con gusto y con una vista espectacular de la torre de Tokyo, que por las noches se iluminaba de diferentes colores. 

Nos enviaron un pdf muy detallado para utilizar los electrodomésticos sin problemas y también un gráfico que incluía el tratamiento de basuras del sistema japonés. Las separan en tres categorías generales: combustible (moeru), incombustible (moenai) y reciclable (risaikuru) y cada una tiene unos días determinados de la semana para depositarla en la calle y que la recojan.








Tenía microondas, lavadora y hasta un pocket wifi con acceso ilimitado a Internet para dentro y fuera de casa.









Asakusa es un barrio tranquilo y bien comunicado. Nuestra amiga Carolina, que había estado viviendo en la ciudad, durante algunos años, nos lo recomendó y nos ayudó a buscarlo. Fue un acierto y quedamos encantados.

Fue como estar en casa.!

Por si a alguien le interesa, aquí dejo el enlace.

CONTINUA : 11. NIKKO Y EL FESTIVAL DE LOS 1000 SAMURAIS.

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