18/7- AWASSA (MERCADO DEL PESCADO) - ADDIS ABEBA

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Día 18 julio- AWASSA (MERCADO  DEL PESCADO) - ADDIS ABEBA (275 km)

A primera hora de la mañana, y antes de continuar nuestra ruta hacia Addis Abeba, visitamos el Mercado del Pescado del lago AwassaUn mercado colorido y muy animado. 





Los pescadores de la zona llegan con sus capturas, después de trabajar toda la noche en la pesca de peces gato y percas del Nilo.





La gente se arremolina  en torno a las  barcas que van dejando varadas  en la orilla.






Con gran habilidad limpian el pescado que la gente compra, para luego vender en los mercados de los pueblos cercanos. Mientras, un buen número de marabús y pelícanos deambulan la zona en espera de los restos que son desechados.





Aquí también se puede consumir pescado crudo o cocinado, según el gusto, y acompañarlo con una salsa picante y panecillos que venden las mujeres. 
A orillas del lago, los pescadores recogen sus redes.


Un buen ejemplar de pez gato recién capturado.






Marabúes y  pelícanos blancos esperando zampar algo.


Los monos también merodean en busca de comida.


A las 9.20 dejamos atrás el lago Awassa y salimos hacia Addis, a 260 km. Volvemos a pasar por la zona de rastafaris y por la tierra de los oromo (los que llevan la gorra y el bastón).

La carretera está muy buenas condiciones. Dice Johanes que la hizo, hace 12 años, Dragados y Construcciones (entre italianos y españoles) y aún se mantiene bien, mientras que las que hacen los chinos, están ya llenas de baches.




Cerca ya de Addis pasamos  por el lago  Shala, el más profundo de Etiopía, que además es salado. Hacemos una breve parada y nos acercamos hasta sus orillas, donde está pastando el ganado. 


No sabemos cómo, pero enseguida nos encontramos rodeados de niños que quieren acompañarnos.



El pequeño no me suelta de la mano y le dice a Johanes que le gustan las "farengis" (extranjeras) porque todas son millonarias.



 Como en un portal de Belén, unos bueyes de largos cuernos en forma de arco, reposan en la orilla. 




Reanudamos nuestra ruta. El tráfico es cada vez más denso y tardamos varias horas en llegar a Addis Abeba, de trazado caótico y ambiente bullicioso. Ha llovido y el tiempo sigue fresco y nublado.

 Damos un tranquilo paseo por las calles adyacentes al hotel ante las miradas curiosas de la gente. 

Hay varias carnicerías musulmanas abiertas, con los corderos colgados de un gancho.


La máquina de coser en la calle, anuncia el negocio de un sastre.


Un pinzón candela de pico rojo, pasea por la calzada.


Como el hotel está situado en el barrio donde Johanes tiene su casa, nos ha invitado a conocer a su familia. Su vivienda es una vieja construcción de la época de los italianos, que resiste el paso del tiempo. En ella vivió su madre, una enfermera que quedó viuda con tres hijos cuando el padre de Johanes falleció en la guerra de Somalia a finales 77, bajo el régimen comunista de Megistu y él, como tantos otros huérfanos de la guerra,   gracias al hermanamiento de su gobierno con la dictadura castrista, pudo tener una beca y estudiar ingeniería naval en Cuba, regresando a su país una década después con un título bajo el brazo y el apodo de "el cubano" que le sigue acompañando. Pero las cosas se torcieron cuando en 1993, tras una nueva guerra, Eritrea se independiza y deja a Etiopía sin mar. La empresa donde trabajaba quebró y las perspectivas de encontrar un empleo en una país sin puertos dejaron de existir. Desde entonces, Johanes, con mujer y dos hijos, se gana la vida como puede haciendo de guía con el poco turismo que va llegando al país, en la construcción o en lo que puede. 

La familia de Johanes es encantadora. Su mujer nos ha preparado una injera, acompañada con diferentes salsas e ingredientes, que resulta la mejor de todo el circuito. Como debe comerse con la mano, previamente, los hijos nos ofrecen una palangana con agua y una toalla.



En una hogar etíope no puede faltar la ceremonia del café,  que los etíopes practican hasta tres veces al día y que constituye una parte esencial de la tradicional hospitalidad etíope. La mujer es la encargada de preparar todo el rito que lo acompaña: previamente ha decorado la casa y alfombrado el suelo con hierbas. Ella misma tuesta el café , lo muele y lo deja hervir lentamente al carbón, en un vasija de cerámica negra o "jabena" mientras va quemando incienso.  Se toma dulce y se sirve en unas pequeñas tazas de porcelana, tres veces seguidas y,  en la última, la anfitriona bendice a los invitados.
La mujer de Johanes trabaja en una pequeña cafetería y además está preparándose para formar una cooperativa de pollos con otras mujeres,  una iniciativa del actual gobierno para reducir la pobreza y fomentar la igualdad. El principal reto es la erradicación de la mutilación genital femenina y otros tipos de violencia contra la mujer.

Ambos hijos están estudiando. La hermana de Johanes tuvo la suerte de poder establecerse en  Estados Unidos y les ayuda en los malas épocas.


Abajo, Johanes con su mujer, sus dos hijos (el pequeño no se separa de su padre)  y unos sobrinos.


Por la noche,  la agencia  nos invita a una cena de despedida con espectáculo de danzas tradicionales de Etiopía.  El menú es una vez más el típico plato nacional, la enyera,  y para acompañar un bufet con diferentes platos. Los camareros pasan con unas jarras de agua caliente y jabón para proceder al lavado de las manos. 

Johanes es buen conocedor de los bailes de su país y no duda en demostrarlo cuando una de las bailarinas le invitar a salir.


Regresamos al hotel para descansar unas horas y de madrugada nos recogen para acompañarnos al aeropuerto.  Con la tristeza de las despedidas, dejamos a  Johanes y Vendeta, después de haber compartido juntos tantos días y experiencias y pensando en la improbabilidad  de volvernos a encontrar, también en la dificultad de nuestros amigos para salir adelante en su país.

El avión se eleva mientras llegan a nuestra memoria imágenes y vivencias de estos días. Interesante el viaje por el norte, con sus paisajes, sus iglesias y su gente humilde y profundamente creyente. Excitante el viaje por el sur,  visitando poblados de costumbres ancestrales y enfrentando nuestros sentimientos a una gran contradicción: el deseo de respetar la cultura  y la vida libre de todos estos pueblos y la congoja ante la visión de la miseria y muchos aspectos de la vida de esta gente, especialmente de sus mujeres y de sus niños. 

Sin intención de idealizar Etiopía, porque la realidad del país es muy distinta a nuestras vivencias de turistas, y sin obviar que es uno de los países más pobres del mundo,  el viaje nos ha dado mucho, hemos descubierto formas de vida tan diferentes a la nuestra, en un continente tan cercano a Europa, que casi nos parece de ciencia ficción. 

Etiopía quedará por siempre prendida en nuestro corazón y en nuestro recuerdo. Conocer otras culturas y gentes diferentes enriquece mucho, nos enseña a valorar lo que tenemos y a disfrutar de cada momento presente. Parece  imposible  que tan pocos días den para tanto.

11 de octubre 2014



CONTACTO de  Johanes, nuestro guía y que recomendamos:   yohanistour@gmail.com



LECTURAS

Sentir EtiopíaEditado por Rba Serres

Los caminos perdidos de África. JAVIER REVERTE

El Sueño de África. En busca de los mitos blancos del continente negro. JAVIER REVERTE

Rumbo a Etiopía. DENBERU MEKONNEN SIYOUM

Una mirada etíope. TOMAS MARTÍ HUGUET

Una experiència a Etiópia. CONXITA TARRUELL LLONCH

África. Pueblos y culturas ancestrales. Edición especial National Geographic.



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