CERRO TRONADOR Y CASCADA DE LOS ALERCES

12:58




Recorremos una de las zonas más bellas del Parque Nacional Nahuel Huapi y el cerro más alto del área: el Tronador, de 3.478 metros, ubicado en el lí­mite entre Argentina y Chile. En el camino a la cumbre pasamos por  bosques, lagos, playas, montañas y cascadas, además del enorme glaciar Ventisquero Negro y, finalmente, la Cascada de los Alerces.




2/11/2016

Para este día teníamos programado ir al Cerro Tronador y, como el horario de acceso al Parque es hasta las 13h,  nos convenía no salir muy tarde.

Preguntamos en el hotel por el estado del camino, ya que habiendo llovido, al ser una ruta de ripio, las condiciones podían no ser muy buenas para llegar.

Desde Bariloche,  transitamos por la RN 258,  35 km hacia Villa Mascardi, bordeando los lagos Gutierrez y Mascardi .


El lago Gutiérrez, con el cerro Catedral de fondo


Después de Villa Mascardi, enseguida aparece la entrada al Parque Nacional de Nahuel Huapi, con el indicador Cascada Alerces y Cerro Tronador, y los respectivos horarios de entrada y salida. Cobran por el ingreso al parque, 150 pesos, por persona y 12 por el coche. Nos entregan un mapa y empezamos a transita sobre ripio por los restantes kilómetros. 






Custodian el sendero,  abundantes árboles de radales, mosquetas, maitenes, coihues y cipreses, entre otros, hasta llegar a la primera parada, Playa Negra.






A poco más de 10 kilómetros el camino se bifurca en dos alternativas: cascada de los Alerces (por donde no se puede ascender entre las 10.30 y las 14) y cerro Tronador (por el que se puede subir hasta las 14, para descender sólo después de las 16). Teniendo en cuenta nuestra horario, accedemos hacia el cerro.


Es una zona privilegiada. Atravesamos paisajes donde sólo se escuchan los sonidos de la naturaleza.



Cruzamos por el viejo puente "Los Rápido". Las aguas del río Manso bajan cristalinas y repletas de truchas .



Lago Hess

Llegamos al Mirador del lago Mascardi, donde puede apreciarse la Isla Piuqué Huapi, que en mapuche significa corazón.

 
Según la leyenda, un hombre del pueblo se enamoró de la hija de un cacique mapuche con la que inició un romance; pero enterado el padre de la joven decidió cortar esa relación. Ante la negativa, ató al hombre en la punta del árbol de una isla, y a la joven, en la isla contraria. Los dos amantes podían verse, pero no entrar en contacto. Al día siguiente el pueblo se admiró al ver una sola isla, producto del amor de los jóvenes.





 












Seguimos por un camino de curvas hasta llegar a Pampa Linda y el Valle de los Vuriloches desde donde se distingue el cerro Tronador y sus glaciales de fondo.




Al final de este sorprendente paisaje llegamos ante el enorme glaciar Ventisquero Negro, una masa de hielo en franco retroceso, que desciende desde el cerro Tronador y, normalmente, se destaca por su color pardo oscuro, debido a la sedimentación de tierra, areniscas y piedras que arrastra, y contrasta con el naciente río Manso que desciende zigzagueando desde el Tronador hacia el Pací­fico, superando las diferencias de altura a través de la formación de rápidos y cascadas. 











El paseo culmina un poco más adelante, al pie del cerro Tronador, donde a través de una senda puede llegarse a un gran anfiteatro rocoso llamado Garganta del Diablo.




El cerro Tronador es un volcán geológicamente activo; se encuentra en la zona sur de la Cordillera de los Andes, en la frontera entre Argentina y Chile. Su última erupción se cree que fue hace más de 10.000 años, por lo cual estaría en proceso de erosión, aunque con muy bajas probabilidades de entrar en actividad.


El Tronador posee un total de siete glaciares, los cuales se encuentran, actualmente, en remisión a causa de los fenómenos de calentamiento. 

El nombre del cerro se debe al ruido similar al de truenos producido por los frecuentes desprendimientos y a las caídas de sus glaciares. Un sonido que realmente impresiona. Su altura de 3554m destaca entre el resto de macizos montañosos del Parque Nacional Huapi.


Un espectacular hilo de agua, cae desde gran altura producto del deshielo.


En esta zona hay muchos liquen "barba de viejo" que cuelgan de los árboles, un indicador de la pureza del aire.








Retrocedimos el camino hacia la Cascada de los Alerces, volviendo a pasar por el Balcón de Suegra y el viejo puente de Los Rápidos.





A 18 km del desvío, se encuentra la Cascada de Los Alerces, llamada así porque está dentro del bosque de esos árboles milenarios que están en período de extinción.



A través de unas pasarelas que siguen el cauce del río Manso, penetramos el bosque. El alerce es una conífera nativa del bosque andino patagónico que puede vivir hasta 4.500 años, pudiendo superar los cincuenta metros de altura, sin embargo sólo crece un centímetro cada quince años . Durante el siglo pasado, la intensa explotación de sus bosques para la obtención de madera, disminuyó drásticamente su presencia.


Se dice popularmente del alerce que es un árbol que siempre está verde. Su corteza es de color castaño, su madera rojiza, blanda, liviana e impermeable, por lo que nunca se pudre.


Para el pueblo mapuche tener amistad con el alerce, saludarlo y conversar con él, es adquirir poder frente a la muerte. Lahuán o lawali es el nombre mapuche para el alerce que significa sobrepasar o superar la muerte.



Desde su nacimiento, en la cima del Tronador, el río Manso cambia de tonalidad de acuerdo con los reflejos y los sedimentos que arrastra. Cerca de la cumbre se lo conoce como ice milk, por su aspecto amarronado. Luego, se ensancha, forma el lago Mascardi, y sigue corriendo, deslumbrando con sus colores turquesa, azul, verde, siempre transparentes, como el que en esta zona apreciamos.








 La entrada del bosque de alerces estaba en una explanada con casas de labranza. Allí conocimos A Martine y Gérard, un matrimonio francés de jubilados que estaban dando la vuelta al mundo, con su perro, en una autocaravana que se habían montado ellos mismos, en un camión. Nos la enseñaron por dentro y era admirable lo bien que lo tenían todo organizado. Martin explica en su blog todas sus hazañas: http://martine.tatangelo.com/




Martine y Gérard con su vehículo caravana.
Perro de Martine et Gérard


Caía la tarde y llegó el momento de emprender el regreso hacia Bariloche. A la salida del parque no había nadie.

Era el último día de nuestra estancia en Bariloche y, al día siguiente, continuaríamos el viaje sin nuestra familia con la que tan buenos momentos habíamos pasado, disfrutando de hermosos lugares. Les encontraríamos a faltar.





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